Lejos de dar muestras de benevolencia, la República Islámica de Irán ha dejado claro en las últimas semanas que la guerra -desde hace un mes en una tregua indefinida, aunque la situación de bloqueo actual augura una vuelta a las andadas- es el momento de exhibir toda la contundencia y dureza posibles ante la sociedad iraní. La contienda ha debilitado en todos los ámbitos a un sistema político, el nacido de la revolución de 1979, que venía sufriendo desde hace meses una profunda erosión, pero ello no ha impedido a las autoridades iraníes continuar practicando detenciones y ejecuciones entre quienes participaron en las masivas movilizaciones antigubernamentales de enero pasado, sólo sofocadas después de una dura represión.
No en vano, a finales del mes pasado, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Turk, denunciaba que más de 4.000 personas habían sido detenidas en el país por cargos relacionados con la seguridad nacional y que al menos 21 habían sido ejecutadas desde el comienzo de la contienda iniciada por Israel y EE UU. De acuerdo con el informe presentado por Naciones Unidas, nueve de los ejecutados eran personas vinculadas con las protestas de enero, otras diez supuestamente pertenecían a grupos de oposición y dos fueron condenados por espionaje.
Las mujeres de la diáspora, en el punto de mira de Irán
Así las cosas, en el punto de mira de las autoridades iraníes están no sólo los jóvenes -y no tan jóvenes- que lideraron, participaron o simplemente apoyaron en las redes las protestas dentro del país, sino también miles de representantes de la diáspora iraní diseminados a través del mundo, principalmente en Europa y las Américas, que las respaldaron y que pidieron el cambio de régimen, y además que lo hicieron públicamente en redes y medios de comunicación.
Es el caso de la psicoterapeuta iraní residente en España Mediss Tavakkoli. La joven, muy implicada en la defensa de los derechos de las mujeres en su país y en la lucha por el cambio de régimen, relata a Artículo14 cómo viene siendo desde hace varios años, pero con más intensidad desde enero, objeto de amenazas tanto desde Irán como procedentes de compatriotas en la diáspora, algunos de ellos residentes en España.

En su relato a este medio Tavakkoli revela además una práctica habitual en las autoridades del régimen de los ayatolás con los opositores -o simples ciudadanos que las autoridades consideran una amenaza por diversas razones: la de incautarse de los teléfonos móviles de los detenidos -o ejecutados- a fin de hacerse con información del individuo en cuestión o de sus contactos en las distintas redes sociales.
Así, la joven residente en Madrid, relata la historia de una joven residente en la ciudad de Ahwaz, en la suroccidental provincia de Juzestán, y detenida -su familia no tiene contacto con ella desde enero- en plenas protestas. “Aunque yo sabía que estaba detenida, recibí hace unos días un mensaje desde el perfil de Whatsapp de una amiga a la que conocí en X hace cinco años y con la que nos intercambiamos mensajes desde entonces, madre de un niño aún pequeño, y que no me consta que haya liderado ni participado físicamente en ninguna protesta”, evoca la activista a Artículo14. “Nadie se dirige a mí como señorita Mediss, y eso ya me hizo ponerme alerta. Era alguien perteneciente al aparato de seguridad del Gobierno desde su celular”, asegura la psicoterapeuta.
“¿Cuál es tu problema con la República Islámica?”
Según el relato de la activista residente en España, el citado desconocido le inquirió desde el perfil de Whatsapp de su amiga cuál era su problema con la República Islámica de Irán. “Le respondí directamente que ‘mi problema con la República Islámica es que gente como tú no entiende lo que significa la privacidad y encima nos amenaza’”. “Después esta persona se enfadó conmigo y me amenazó con que tanto yo como todos mis conocidos pagarían lo que estoy haciendo, y además me avisó de que, aun estando lejos de Irán, no podré nunca estar segura”, traduce la conversación para Artículo14 la joven iraní. “He dejado de responder a sus mensajes, pero no los he bloqueado”, relata.

Afincada en España, está convencida de que el régimen la tiene en el punto de mira por su activismo público en favor del cambio político y comparte con Artículo14 capturas de pantalla con algunos de los mensajes recibidos. “A través del teléfono de mi amiga ha sido la primera vez que las amenazas me han llegado con mensajes escritos y no con llamadas telefónicas, y ello lo que quiere decir es que no tienen ningún temor a que podamos guardar las capturas y enterarnos de su origen. Actúan como un gang”, asevera.
Además, Tavakkoli recuerda cómo, al margen de la historia de su amiga residente en Ahwaz, “desde hace tiempo, recibe mensajes en sus redes sociales desde cuentas de antiguos clientes míos o llamadas telefónicas “en los que se me pide dinero o se me trata de sacar información”. “Otros, una vez que han detectado cuál es mi desempeño profesional después de observar mis redes, se dirigen a mí para solicitarme ayuda diciendo que han pensado en quitarse la vida”, prosigue la joven. “También me han pedido información sobre médicos a los que supuestamente dirigirse más tarde, médicos que en algunos casos acaban siendo detenidos”, relata. “El Gobierno quiere saber con quién trabajamos, con quién nos relacionamos”, concluye.

Por otra parte, la activista lamenta cómo el régimen “utiliza a muchas mujeres iraníes que hasta hace tres meses estaban con la lucha de los derechos humanos, se han declarado como feministas” y residen en distintos países occidentales, “donde trabajan o cursan sus estudios de posgrado”. Ahora, asevera Tavakkoli, “no tienen ningún tipo de pudor en admitir que trabajan para el régimen”. “Son centenares de cuentas”, asegura.
Así, explica a este medio Tavakkoli, “al margen de las que me han llegado desde mi país, estoy recibiendo amenazas diariamente de mujeres iraníes que me advierten de que no estaré segura en un país como España. “Empiezo a creer que su actitud durante las protestas de enero fue pura pose para disimular y que en el fondo adoran al régimen””, relata. “Mi familia no está en peligro por culpa de la guerra ni de los americanos o los israelíes, sino por este régimen. Mi lucha es que la sociedad española sepa con qué tipo de monstruo nos estamos enfrentando”, concluye Tavakkoli.
La guerra castiga la lucha de las mujeres
“Con el inicio de la guerra, el régimen no solo abrió fuego contra los agresores extranjeros, sino que intensificó su política represiva contra su propio pueblo con el temor de que este ultimo pudiera aprovechar de la situación para emprender una lucha dentro del país para derrocar al régimen”, denuncia, por su parte, a Artículo14 la presidenta de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España, Fariba Ehsan.

Según la activista residente en España, “el régimen islámico utiliza la guerra como un pretexto para ejercer más represión en las cárceles y eliminar a los presos políticos, basándose en acusaciones falsas como espionaje para el enemigo. El 7 de abril, Mohseni Ejeii, el máximo responsable del Poder Judicial del país, dio instrucciones claras a los jueces y fiscales de que aceleren las sentencias de muerte y de expropiación de los ‘agentes del enemigo’”.
Finalmente, Ehsan denuncia cómo la guerra ha tenido también sus efectos negativos en la lucha de las mujeres por sus derechos en el país. “De hecho, uno de los objetivos principales de las patrullas armadas y agresivas del régimen en las calles de las ciudades iraníes, creadas desde el inicio de la guerra, es la imposición de un escenario de terror a fin de evitar la desobediencia civil entre las mujeres”, concluye la presidenta de la la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España.
