Desde que con el cambio del año los iraníes volvieran a protagonizar una revuelta contra el régimen de los ayatolás, un régimen ahora envuelto en una guerra total por su supervivencia que afecta a todo Oriente Medio desde hace una semana, Fariba Ehsan vive desbordada por los compromisos con los medios de comunicación, el activismo en favor de las mujeres y la democracia en su país, Irán, y los vinculados con la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España, entidad que fundara en Madrid junto a otras compatriotas en 2009, y todo ello con un fondo de tristeza y sufrimiento por la tragedia de su pueblo.
Con todo, la activista nacida en Teherán y residente desde hace más de 30 años en la capital de España nunca ha dejado de atender con la amabilidad que le caracteriza a Artículo14 y lo vuelve a hacer en el día en que la entidad que preside ha recibido del Ayuntamiento de Madrid la mención honorífica del Premio Clara Campoamor -enmarcado en las celebraciones por el Día Internacional de la Mujer- en reconocimiento “por su defensa de la igualdad y la lucha de las mujeres”.
“Mujer, Vida, Libertad”
La suya ha sido una doble y a menudo silenciosa e incomprendida lucha. En un momento en que copan titulares decenas de iraníes residentes en España y especialistas en geopolítica y avatares políticos regionales, justo es dejar constancia de que la batalla por las libertades individuales protagonizada por Ehsan data de su llegada a nuestro país en un ya lejano 1995. Durante décadas, con más ahínco desde la creación en 2009 -y en el contexto de las protestas masivas de aquel año- de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España, también desde 2022 al unirse al movimiento Mujer, Vida, Libertad, su batalla ha sido a menudo invisible, en un país que poco sabía de la lucha de un país lejano en lo geográfico y sentimental. Un país, Irán, al que los acontecimientos de las últimas semanas -una salvaje represión gubernamental contra los manifestantes que costó la vida en enero a miles de personas en las calles de todo el país y una guerra incierta que ya ha provocado centenares de muertos y decenas de miles de desplazados- lo sitúan hoy en la apertura de los telediarios y los papeles por las razones más dolorosas.

Lejos de haberse adherido a discursos y entusiasmos de última hora de otros compatriotas, Fariba Ehsan defiende una visión del futuro democrático de Irán propia e insobornable que ha dejado de manifiesto, por otra parte, la diversidad de posicionamientos de la diáspora persa sobre cuál ha de ser el porvenir inmediato de su país de origen. En una comunicación de esta semana, la entidad que preside ha dejado claro su rechazo tanto a la guerra iniciada el sábado pasado por Estados Unidos e Israel, que consideran “ilegal e ilegítima”, como al régimen de los mulás, al que tildan de “criminal” y al que acusan de “haber creado el terreno adecuado para la guerra”.
Contra figuras como Reza Pahlavi
Además, la activista iraní se ha manifestado abiertamente en contra de la figura del hijo del último sha de Irán, Reza Pahlavi -quien viene reclamando en los últimos años un papel político protagonista en el país donde nació desde su exilio estadounidense- para pilotar una eventual transición política hacia la ansiada democracia, en contraste con las preferencias de otros sectores de la oposición y la diáspora de su país. Sus campañas en favor de los derechos de las mujeres o destinadas a pedir la anulación de penas de muerte para presos de conciencia o activistas en Irán no siempre obtuvieron el eco necesario en los medios, lo que no impidió que Ehsan continuara durante años su labor y compromiso con los derechos humanos de mujeres, niños y minorías étnicas en un país que dejó hace casi 31 años y en favor de la disolución de un régimen que impera desde hace 47 en Teherán.
Si audaz e infatigable ha sido su trabajo durante más de tres décadas, especialmente intenso en los últimos 17 al frente de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos, no menos valiente ha sido su vida personal. Su rechazo a un régimen, el de los mulás, que desde sus comienzos dejó clara su incompatibilidad con los derechos individuales, “un país que pisoteaba los míos”, la empujó a marcharse en 1995 de su patria para recalar en España. Ehsan acababa de divorciarse después de un proceso de un año, en un acto poco habitual en su país. Era una mujer muy joven y era madre de una niña menor de edad. Las discriminatorias leyes de la República Islámica concedían la custodia de su hija a su padre. Decidió venirse sola para tratar de forjar un futuro en libertad para ambas, “una vida mejor para mi hija”.

“En Irán la vida de una mujer equivale a la de dos hombres”
“Las leyes iraníes dictaban que para cualquier decisión fundamental las mujeres menores de siete años necesitan del permiso del padre, y en ausencia de este, de un hermano o de otros familiares varones directos. Ante la justicia el testimonio de un hombre equivale al de dos hombres y los castigos de los tribunales son dobles. Tampoco pueden las mujeres estudiar dos carreras universitarias por ejemplo, pero todas las mujeres son más que conscientes de la importancia de contar con estudios superiores para tratar de labrarse un futuro, y el 60% las estudiantes son mujeres. En resumen: las mujeres no pintan nada en Irán”, explica la activista a Artículo 14. Recuerda Ehsan lo difícil que le resultó dejar Irán en aquellas circunstancias. “Tuve que elegir entre quedarme en un país con leyes discriminatorias siendo una mujer joven y divorciada o irme. Recibí muchas críticas en Irán y también de mis compañeras de trabajo en España de aquel entonces”, evoca.

“En la guerra en mi país las mujeres y los niños vuelven a ser las más indefensas y vulnerables”
Después de más de tres años después de haber partido de la República Islámica, Fariba Ehsan, que nació en Mahshahr -una localidad situada en el suroeste de Irán-, logró traerse a su hija a España “gracias a la ayuda y la mediación de familiares y de abordar el tema con su padre”. En “un país donde siempre se han respetado mis derechos” encontró su hogar desde entonces, y con su misma llegada a territorio español comenzó su labor activista con varias ONG. Todo empezó en Amnistía Internacional, donde “me centré en que ayudar a mujeres en su defensa de sus derechos, especialmente aquellas que por miedo callaban como las víctimas de maltrato”. Tres décadas después, confiesa a Artículo 14, “hoy estoy feliz de cómo mi hija, hoy ya una mujer, me da las gracias por haberla traído conmigo a un país libre como este”.

Fariba vive semanas intensas y angustiosas, y nos reconoce estar pendiente del teléfono móvil desde primera hora del día esperando noticias de su familia en Teherán, centro de la ofensiva militar israelí y estadounidense desde hace una semana y en medio de un nuevo bloqueo de las comunicaciones. “En una situación como la que sufre Irán ahora, en plena guerra, las mujeres y los niños, por su sensibilidad y vulnerabilidad, están viviendo una situación aún más difícil. Esperemos que la guerra acabe muy pronto. Y sobre el futuro de Irán, seguiremos luchando, y esperamos que el próximo sea un régimen democrático que respete los derechos humanos”, confiesa. “Hoy quiero dedicar este premio que he recibido del Ayuntamiento de Madrid a todas las mujeres y hombres que luchan por la igualdad, la justicia y la democracia cada día. Y a las mujeres de Irán, porque seguimos pensando en ellas. No vamos a olvidarlas”, concluye la activista.
