Crisis internacional

Bruselas se queda fuera de juego ante el órdago de Trump en Groenlandia: “Nada que decir”

La Comisión Europea opta por el silencio tras la amenaza de Trump sobre Groenlandia mientras los Estados miembros, cada vez más inquietos, cierran filas con Dinamarca

Donald Trump vs Úrsula Von der Leyen - Internacional
Donald Trump ha desatado una guerra comercial con sus socios europeos
Kilo y Cuarto

La reacción oficial de la Comisión Europea a las últimas amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia cabe en una sola frase. “Nada que decir sobre los comentarios de Trump”. Es la respuesta que fuentes comunitarias han trasladado a este periódico tras las declaraciones del presidente estadounidense, que en su empeño por hacerse con Groenlandia, ha subido la apuesta y no descarta el uso de la fuerza para hacerse con el control del territorio autónomo danés. El silencio contrasta con la dureza del mensaje enviado por varias capitales europeas y que, en Bruselas, ya empieza a generar más preguntas que certezas.

La inquietud se palpó desde primera hora de la mañana, cuando la agenda diaria de la Comisión se trasladó tarde y en ella no figuraba una cita prácticamente inamovible incluso en días de baja actividad: la rueda de prensa del mediodía. La ausencia llamó la atención de inmediato al ser el primer día sin comparecencia pública y justo después de que Trump reafirmara que Groenlandia es “estratégica” para Estados Unidos y que no descarta “ninguna opción” para garantizar su control.

Desde abril del año pasado, las declaraciones del presidente estadounidense sobre Groenlandia se han convertido en un elemento recurrente de tensión transatlántica. Trump ha insistido desde entonces en que la isla es clave para la seguridad nacional de su país, ha cuestionado abiertamente la capacidad de Dinamarca para gestionarla y ha sugerido fórmulas que van desde la compra hasta la intervención directa. No es un discurso nuevo, pero sí cada vez más explícito y que da más miedo después de que Estados Unidos haya demostrado en Venezuela que sus amenazas sí pueden materializarse. 

Dinamarca
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen
Efe

Frente a ese planteamiento, la respuesta europea ha venido sobre todo de los Estados miembros. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha reiterado en numerosas ocasiones que “Groenlandia no está en venta” y que cualquier intento de anexión sería una violación del derecho internacional. A ese mensaje se han sumado Francia, Alemania, España, y Polonia, que han defendido públicamente la soberanía danesa y han advertido del impacto que tendría una escalada en el Ártico. El miedo que sobrevuela Bruselas es que una posible intervención de Trump -hasta ahora impensable pero cada vez más tangible- provocaría, tal y como ha advertido la primera ministra danesa, “el fin” de la OTAN y una respuesta en bloque de la UE.

Silencio en la Comisión Europea

Ese cierre de filas, sin embargo, no ha tenido reflejo claro en la Comisión. El Ejecutivo comunitario se limita a recordar de forma genérica los principios de soberanía e integridad territorial, pero evita entrar en el fondo de las amenazas de Washington. Una prudencia que, según distintas fuentes diplomáticas, responde al temor de agravar una relación ya muy deteriorada tras la operación militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro hace menos de una semana.

Groenlandia, un viejo anhelo de Donald Trump

Ese precedente pesa. La intervención estadounidense en Venezuela ha encendido las alarmas en varias capitales europeas, no tanto por el destino del régimen chavista como por el método empleado. La rapidez de la operación, el uso de la fuerza sin un mandato internacional claro y el posterior control político del país por parte de Washington han abierto un debate incómodo sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Trump para imponer su agenda geoestratégica.

La importancia de Groenlandia

En ese contexto, Groenlandia deja de ser solo una cuestión retórica. La isla, con apenas 57.000 habitantes y una enorme importancia estratégica en el Ártico, alberga desde hace décadas una base militar estadounidense clave para los sistemas de defensa y alerta temprana. Estados Unidos ya está allí. Lo que inquieta ahora en Europa es el cambio de tono: de la cooperación dentro de la OTAN a la amenaza directa sobre un territorio aliado.

Desde Nuuk, el Gobierno groenlandés ha respondido con firmeza, recordando que el futuro de la isla sólo corresponde a su población. El primer ministro ha reiterado que Groenlandia aspira a decidir su camino con más autonomía, pero no bajo presión externa. Un mensaje que coincide con el sentir mayoritario de la población, claramente contraria a integrarse en Estados Unidos.

Estatua de Dannebrog y Hans Egede en Nuuk
EFE

La paradoja para Bruselas es evidente. Mientras la Comisión guarda silencio, son los Estados miembros quienes están marcando la línea política. Y lo hacen conscientes de que el pulso no es solo con Dinamarca, sino con la propia idea de soberanía europea en un momento de creciente fragilidad del orden internacional.

La ausencia de una voz clara desde la Comisión alimenta el desconcierto. No tanto por lo que se dice, sino por lo que no se dice. En privado, varios diplomáticos reconocen que el margen de maniobra es limitado y que cualquier respuesta demasiado dura podría tensar aún más la relación con Washington.