¿Pueden Dinamarca y Groenlandia responder a una agresión de EEUU?

La presión de EEUU, la respuesta de Dinamarca y el papel incierto de la OTAN abren un escenario sin precedentes

Donald Trump y Groenlandia - Internacional
Un montaje con Donald Trump y, al fondo, el mapa de Groenlandia
Artículo 14

La idea no es nueva, pero ya no suena a boutade. Donald Trump lleva años insistiendo en que EEUU necesita Groenlandia por razones estratégicas, de seguridad y de acceso a recursos críticos. Durante su primer mandato habló de comprarla. Tras su regreso a la Casa Blanca, elevó el tono hasta insinuar que Washington se haría con Groenlandia “de un modo u otro”. En Europa, las risas han dado paso a la inquietud.

La insistencia de Trump coloca a Groenlandia en el centro de un dilema incómodo para Dinamarca, la potencia soberana. Y para la propia isla, que goza de un amplio autogobierno. ¿Existe capacidad real para responder a una agresión de EEUU? ¿Y qué papel jugaría la OTAN si el conflicto enfrentara, por primera vez, a dos aliados?

¿Por qué Groenlandia importa tanto a Washington?

Más allá de sus yacimientos de minerales y tierras raras, Groenlandia es una pieza clave del tablero ártico. Desde su territorio, EEUU puede vigilar lanzamientos de misiles procedentes de Rusia o China y proyectar fuerzas hacia Europa y Asia con mayor rapidez. Además, protege parte de la llamada brecha GIUK, un corredor marítimo esencial para controlar los movimientos navales rusos en el Atlántico Norte.

Washington ya está allí. Mantiene presencia permanente en la Base Aérea de Pituffik, fundamental para el sistema de alerta temprana de misiles y para la arquitectura de defensa aeroespacial de Norteamérica, incluida la coordinación con NORAD. En la práctica, Groenlandia es desde hace décadas un pilar silencioso de la seguridad estadounidense.

¿Qué puede hacer Dinamarca por Groenlandia?

Sobre el papel, la soberanía de Groenlandia recae en Dinamarca. En la práctica, la asimetría militar es abrumadora. Las Fuerzas Armadas danesas son reducidas, aunque están tecnológicamente avanzadas, y no podrían sostener un choque directo con la primera potencia militar del planeta.

¿Pueden Dinamarca y Groenlandia responder a una agresión de EEUU?
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, camina junto al primer ministro de Groenlandia en funciones, Mute B. Egede, en Nuuk.
Efe

Copenhague ha incrementado su gasto en defensa hasta el 3,2% del PIB y ha reforzado la vigilancia en Groenlandia con nuevos buques árticos, drones y capacidades satelitales. Pero ese esfuerzo tiene un alcance disuasorio, no ofensivo.

En Groenlandia, donde viven apenas 60.000 personas y no existe ejército propio, la defensa depende del Comando Ártico danés y de unidades estratégicas como la patrulla Sirius. La capacidad de resistencia ante una intervención estadounidense sería, en términos estrictamente militares, mínima.

El choque político: aliados frente a aliados

El problema no es solo militar, sino político. “Si Estados Unidos ataca a otro país de la OTAN, todo se acaba”, advirtió la primera ministra Mette Frederiksen, consciente de que una agresión sobre Groenlandia rompería los cimientos de la Alianza. Desde Nuuk, el jefe del Gobierno autonómico, Jens-Frederik Nielsen, ha pedido poner fin a las “fantasías de anexión”.

Estados Unidos, sin embargo, juega con una ventaja incómoda: su peso dentro de la OTAN y su presencia histórica en Groenlandia. El precedente es inexistente. Nunca un miembro de la Alianza ha atacado a otro. Los roces más serios —como los de Grecia y Turquía— jamás cruzaron esa línea roja.

¿Y si la OTAN tuviera que intervenir?

En teoría, Dinamarca podría invocar el artículo 5 si su soberanía sobre Groenlandia fuera vulnerada. En la práctica, una OTAN obligada a reaccionar contra Estados Unidos sería una paradoja sin manual de instrucciones. La disuasión política, la presión diplomática y el coste reputacional para Washington serían las principales armas, más que una respuesta militar convencional.

¿Pueden Dinamarca y Groenlandia responder a una agresión de EEUU?
Ciudadanos groenlandeses protestan frente al consulado de EEUU.
EFE

La paradoja final es evidente. Groenlandia, territorio clave para la defensa occidental, podría convertirse en el punto donde esa misma arquitectura de seguridad se resquebraje. Dinamarca y Groenlandia no pueden derrotar a Estados Unidos en el campo de batalla. Su verdadero escudo es político. Y ahí, más que misiles o soldados, lo que está en juego es la credibilidad misma de la OTAN.