El accidente de Chernóbil en 1986, una de las mayores catástrofes nucleares de la historia, sigue marcando la vida de miles de personas, especialmente de quienes eran niños entonces y de las generaciones que han venido después. Continúa siendo una herida abierta que se manifiesta en problemas de salud persistentes, en el impacto psicológico y en las dificultades sociales que afectan a las comunidades más expuestas.
Hablamos con Lyudmila Maistrenko, maestra ucraniana que ha vivido de primera mano tanto el momento del desastre como sus efectos prolongados en la infancia. Su testimonio, tras décadas de experiencia educativa y contacto directo con menores afectados, aporta una mirada rigurosa y humana sobre una realidad que a menudo se desconoce. Aprovecha nuestra conversación para advertir sobre la importancia de la memoria, la información y la cooperación internacional ante crisis de esta magnitud.

Su experiencia permite poner en valor las estancias temporales en España, impulsadas por organizaciones como Chernóbil Elkartea, que representan una oportunidad real de mejora para estos niños. Durante la acogida, además de reducir su exposición a la contaminación, han disfrutado de un entorno seguro, una alimentación adecuada y un acompañamiento afectivo que impacta positivamente tanto en su salud física como en su bienestar emocional. Se trata de un ejemplo de cómo la solidaridad internacional puede traducirse en cuidado, recuperación y esperanza para quienes siguen viviendo bajo la sombra de Chernóbil.
-¿Cómo comenzó su trabajo con niños afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil?
-En 1987, cuando empecé a trabajar como profesora en la Escuela Secundaria de Olizarivka (actualmente, el Liceo de Olizarivka). Más tarde, en 2017, me convertí en voluntaria de la asociación Chernobyl Elkartea aquí, en Ucrania.

-¿Cuáles son las principales secuelas físicas y psicológicas que ha observado en los niños que vivieron la catástrofe?
-Las principales consecuencias que he visto a lo largo de muchos años en los niños afectados por el accidente de la central nuclear, y que sigo viendo hasta ahora, son el deterioro de su salud. En concreto, se trata de trastornos de distonía vegetovascular, debilitamiento del sistema inmunitario, endocrino y nervioso, y aumento general de incidencia de enfermedades tales como respiratorias y digestivas. También miedo crónico, disminución de la capacidad de trabajo, empeoramiento del estado de salud provocado por el temor a la propia salud y, lo más grave, enfermedades oncológicas.
-En el caso de las niñas, ¿existen consecuencias específicas relacionadas con el desarrollo o la salud reproductiva?
-Sí, por mi experiencia puedo afirmar que las chicas sufren ciertas secuelas en su desarrollo y en su sistema reproductivo como consecuencia del accidente de la central nuclear de Chernóbil. Actualmente se observa un alto índice de infertilidad entre las mujeres jóvenes y un elevado porcentaje de enfermedades ginecológicas: miomas uterinos, procesos inflamatorios, fibromas y quistes mamarios. A menudo se observan abortos y anemia durante el embarazo, así como dificultades para concebir.
-¿Se siguen detectando hoy efectos físicos en generaciones posteriores?
-Aunque ya han pasado 40 años desde el accidente, los niños y las niñas siguen padeciendo problemas respiratorios y digestivos, trastornos endocrinos y problemas psicológicos, tales como estrés, ansiedad y depresión.
-¿Cómo ha evolucionado la atención médica a lo largo de los años?
-La asistencia médica ha pasado de medidas más urgentes a la creación de un sistema de seguimiento especializado. En la actualidad se presta mayor atención al seguimiento de la salud a largo plazo.
-¿Cómo afectó el desastre a las mujeres?
-El accidente cambió radicalmente la vida de las mujeres, afectando gravemente a su capacidad reproductiva y a su estado de salud general. Esto se nota, ante todo, en un aumento de los casos de infertilidad, así como en un incremento de las enfermedades tiroideas, ginecológicas y oncológicas.

-¿Qué lecciones deberíamos aplicar ante otros desastres nucleares o medioambientales?
-Las catástrofes nucleares o medioambientales son dolorosas para toda la humanidad. Tenemos que sacar lecciones importantes que pongan de manifiesto la necesidad de cambiar nuestra actitud ante esta situación. En primer lugar, es inaceptable ocultar información sobre una catástrofe de gran magnitud (como ocurrió en el caso de la catástrofe de Chernóbil). Porque no en vano se dice: “Estar informado es estar protegido”. Informar a la población a tiempo permite reducir el número de víctimas y las consecuencias de la catástrofe. Cada persona debe estar preparada para actuar y reaccionar rápidamente. Pero aun así todo esto no es suficiente. Deben elaborarse planes de protección de la población que se pongan en marcha de inmediato. No menos importante es la información a través de diversos canales, para que la gente comprenda lo que está sucediendo y cómo actuar.
-¿La guerra a gran escala en Ucrania implica nuevos riesgos?
-La toma de las centrales nucleares de Chernóbil y Zaporiyia, los bombardeos y el uso de instalaciones nucleares con fines de chantaje ponen en peligro incluso a las instalaciones consideradas protegidas. Por eso, lo más importante, en mi opinión, es la unión de esfuerzos de muchos países para prevenir y eliminar las consecuencias.
-¿Cómo han beneficiado los acogimientos de menores por parte de familias vascas y navarras a través de la asociación Chernóbil Elkartea?
-Puedo afirmar con total seguridad que la estancia de los niños y las niñas afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil en familias vascas y navarras, con la colaboración de la asociación Chernóbil Elkartea, tiene grandes beneficios para su salud física y psicológica de los menores. Estar en un entorno ecológicamente limpio, comer sano y bañarse en el mar ayudan a reducir el nivel de contaminación radiactiva en el organismo y fortalecer el sistema inmunológico de los niños. Los menores se alejan de los factores estresantes de la zona contaminada, cambian de entorno, lo que lleva a reducir la tensión psicológica, al mismo tiempo que reciben la asistencia médica cualificada necesaria. Los niños y las niñas aprenden el idioma, conocen de cerca la cultura y las tradiciones vascas y hacen nuevos amigos, lo que sin duda amplía su visión del mundo. Estos viajes no son solo un descanso, sino una rehabilitación vital que permite al organismo del menor reiniciarse y subir su resistencia a las enfermedades en el futuro. Agradecemos sinceramente a la asociación por brindar esta esta oportunidad a nuestros niños y niñas ucranianos.
