María Jesús Montero llegó a la vicesecretaría general del PSOE tras cosechar los socialistas el peor resultado histórico en Andalucía en 2022 y, previsiblemente, dejará el cargo en las mismas circunstancias. Si nada lo remedia, la candidata vivirá una aciaga noche electoral hoy. Todo en política se repite (al menos) dos veces.
Montero nunca quiso ser la cabeza de lista en unas elecciones en las que la única incógnita por despejar es si Juanma Moreno mantendrá o no la mayoría absoluta.
Rezan a la Macarena en Moncloa para que el tirón de la izquierda de Por Adelante Andalucía haga bailar los diputados en algunas provincias y obligue in extremis al barón moderado del PP a negociar con los de Santiago Abascal.
Si Moreno se hace con los 55 escaños necesarios para gobernar en solitario a Pedro Sánchez se le hará más complicado sostener el argumentario del miedo a la ultraderecha. Vox sigue frenado y en la factoría monclovita empieza a notarse la fatiga de materiales.

¿Qué hará Sánchez si el PSOE ahonda en su peor resultado histórico? La respuesta es reinventar su manual de resistencia. El presidente sigue conjurado para agotar la legislatura. Ya es el segundo mandatario que más días ha estado en el Gobierno de España después de superar la marca de José María Aznar.
El 15 de mayo cumplió 2.905 días en Moncloa. Parece poco probable que logre superar a Felipe González. Incluso para Sánchez es una quimera sumar dos legislaturas más para igualar al hoy odiado mentor.
Sánchez ignora a los cargos medios de su partido que piden que celebre las generales antes de las autonómicas y municipales de mayo de 2027. A partir del lunes se escucharán más voces en este sentido. Ni se inmutará el impelido.
Los críticos coparán las tertulias políticas demandando un giro de guion, pero sin levantar demasiado la voz. No hay un plan para echar a Sánchez. Ya lo hicieron y volvió. Ahora pecan de prudencia. Esperarán a que sean los votantes quienes le marquen la salida y entonces el post sanchismo, que lleva meses fraguándose, emergerá.

Castigo a los alcaldes
A Emiliano García Page le tocará volver a dar la cara para pedir cordura a su líder. El presidente de Castilla-La Mancha asume que, si Sánchez no convoca antes de que a los castellanomanchegos les toque ir a votar, su futuro peligra. El suyo y el de muchos alcaldes socialistas que temen el castigo en sus carnes.
Tampoco atiende el presidente del Gobierno a quienes le susurran para que se lance a un “superdomingo” haciendo coincidir generales con municipales y autonómicas para que el partido se movilice. Su plan es otro.
Sánchez buscará reconstruir su herida mayoría de investidura para volver a colocar el foco en la aprobación de los Presupuestos. La tarea es casi imposible, pero lo importante es hacer ver que se intenta.
Sus estrategas más cercanos apuestan por que tras la previsible debacle en las andaluzas si se hagan cambios en el PSOE más allá de Montero, a la que se da por amortizada como “dos”. Sería repetir la catarsis que se produjo con la derrota de Juan Espadas en 2022.
Cambios en el PSOE
Tanto la secretaria de Organización, Rebeca Torró, como la portavoz, Montse Mínguez, están fuertemente cuestionadas. La primera quedó muy tocada por la mala gestión de los casos de abuso que se destaparon tras las denuncias contra Paco Salazar. A la segunda se le afea su irrelevancia. Su “falta de tono” en las comparecencias en Ferraz.

Sánchez se guarda esa baza para que todo cambie sin que nada cambie. El presidente siente que tiene el partido bajo control. Vive ajeno al ruido de los próximos días.
Sólo hay una variable que puede trastocar esta hoja de ruta. El Confidencial publicaba esta semana que nuevas investigaciones judiciales acorralan a José Luis Rodríguez Zapatero por un presunto blanqueo de capitales a gran escala. Él niega todas las acusaciones y ha anunciado acciones legales.
Si las investigaciones judiciales contra Zapatero siguen su curso, y parece que será así, Sánchez tendrá difícil marcar distancia de su padre político. El expresidente no es ni José Luis Ábalos ni Santos Cerdán. Su imputación puede cambiarlo todo.
Zapatero fue la palanca para sacar a Sánchez del PSOE en 2016 y quizás lo acabe siendo diez años después. En política todo se repite (al menos) dos veces.
