La crisis de Ceuta sigue de actualidad, porque a pesar de las comunicaciones del Gobierno de España con mensajes en los que se intenta minimizar el momento que atraviesa la ciudad autónoma, la realidad supera cualquier tipo de propaganda.
Un segundo intento de entrada masiva ya advertida ha sido “pseudo frenado” por autoridades marroquíes. La lógica nos lleva a un pensamiento casi directo, si esta vez consiguieron aplacar la entrada ¿qué sucedió la vez anterior? ¿Por qué no consiguieron frenar la “invasión”? ¿O es que querían permitir la entrada?
Me permito la libertad sin pretender ofender a nadie de utilizar la palabra “invasión”, puesto que no existe otra definición a la entrada de casi 70.000 personas de manera irregular y coordinada, a una ciudad autónoma con una población algo superior a 80.000 habitantes.
La incapacidad de gestión por parte del gobierno nacional no solo ha sido palpable, si no que con cada visita de cada ministro se ha visto más clara.
Pero, hablemos de la visita de la ministra de Sanidad, con aclaración previa de que en las autonomías las competencias de sanidad están delegadas, salvo en el caso de las dos ciudades autónomas. En Ceuta y Melilla la competencia de sanidad es gestionada directamente por el Gobierno de España, es decir, por el Ministerio de Sanidad.
Una vez hecha la aclaración, hablemos de la visita fugaz de la señora García. Acudió más de dos semanas después de la llegada masiva, hizo un par de reuniones con personas y colectivos afines y se marchó a toda velocidad.
No se reunió con los médicos de urgencias que la esperaban para contarle de primera la situación extrema que se está viviendo en la ciudad, no escuchó a pacientes, tampoco quiso comprobar la realidad.
Al regresar dejó unas declaraciones para recordar, abordando la idea de que “no existe colapso sanitario en Ceuta”, y que poco más que la realidad que viven los ceutíes es una suerte de campaña de la extrema derecha para desdibujar la realidad.
Parece que el escuchar a médicos de urgencias manifestando el temor a la situación que se está viviendo, casos de tuberculosis diagnosticados, alguno de presunta fiebre tifoidea, … No es suficiente. Quizás la ministra lleva tanto tiempo lejos de una consulta médica, que olvidó lo que es recibir personas con posibles enfermedades ya erradicadas en nuestro país, sin control y sin las protecciones adecuadas. Intentan vender esto de racismo, cuando de lo que se trata es de una contención y atendimiento médico preventivo e in situ.
Cuando escucho a la ministra pienso que sigue en una oposición política, que no es consciente que ahora gobierna y que precisamente en Ceuta, la sanidad es cosa directamente suya.
La agilidad que la ministra demostró y este Gobierno de España para obligar a Canarias a recibir el barco con el Hantavirus, su diligencia y preocupación absoluta; ha brillado por su ausencia en esta ocasión, en la ocasión en la que ella es responsable de las competencias y de compleja ciudad que se vive en Ceuta.
Quizás afrontar las carencias sanitarias y “colapsos” como ella recalcaba en esta ciudad no dan puntos para una posible postulación a un puesto en la Organización Mundial de La Salud, o quizás simplemente es que no existe capacidad de afrontar y gestionar esta situación.
Cuando uno pasa mucho tiempo criticando y detrás de una pancarta, quizás y solo quizás pierde la capacidad de gestión y efectividad. Siempre es más fácil chillar que trabajar.
La ciudadanía ceutí sí que está llegando a un punto de “colapso mental”, colapso producido por el abandono de un gobierno a una situación límite como la vivida. Colapso ante una incertidumbre que ha cambiado su vida para siempre.

