Este domingo los socios y socias del Real Madrid decidirán el futuro del club al votar a una de las dos candidaturas que se presentan para los próximos cuatro años. Florentino Pérez, 79 años o Enrique Riquelme, 37.
La campaña electoral express diseñada por el presidente y candidato Pérez, presuponiendo que no tendría rival, ha acabado forzando a éste a tomar decisiones y anunciar ofertas.
Lo tuvo que hacer ante el empuje de la entrevista de su rival en “El Hormiguero” adelantando la contratación de José Mourinho (por el que tendrá que pagar 15 millones al Benfica) o el posible desembolso de unos 150 millones de euros en un “galáctico que juega la Champions”, viendo que Enrique Riquelme y su anuncio de traer a Haaland o la promesa de intentar contratar a Jurgen Klopp elevaban las opciones del empresario alicantino.
El aspirante ha hecho una campaña respetuosa con el legado del actual presidente pero agresiva en cuanto a nombres, cuestionando la figura de Anas Laghrari y su extraño vínculo con el club, destapando la ayuda financiera que, a través del franco marroquí se prestó al Barça para rescatarlo, y pidiendo “explicación detallada de los vínculos de familiares y amigos del presidente en el circuito de dirección e intermediación del club”. Una insinuación grave que no ha recibido respuesta. Pero sobre todo, poniendo el foco en la venta del Real Madrid. “Ha sido un gran presidente, pero eso no le da derecho a vender el club y ha cruzado una línea roja”.
La respuesta de Florentino ha sido, desde el primer día, vincular a Riquelme con una de las épocas más siniestras del club, “el padre de Riquelme estaba en la junta directiva cuando se colaban personas que no eran socios para votar en las asambleas”, acusarle de ir de farol respecto al anuncio de Haaland y vinculándolo a algunos medios de comunicación que, según Pérez, han puesto en marcha una operación en la sombra con el objetivo de desestabilizar al club”.
Más allá de mensajes apocalípticos o de proclamas populistas, la campaña electoral ha dejado claras varias cosas. La primera es que Florentino presume de todo lo logrado en su etapa, con sus 7 Champions, el nuevo estadio y los fichajes, aunque se ha atribuido uno que no hizo él, sino Ramón Calderón, que fue Cristiano Ronaldo.
Pero el socio tradicional del Real Madrid va a entender estas elecciones, mayoritariamente, como un acto de agradecimiento a Florentino por los indiscutibles éxitos de estos años, y no como un punto de inflexión hacia el futuro del club con un cambio societario a la vista y un difícil panorama económico tras la remodelación del Bernabéu y el fiasco de los conciertos.
Más allá de eso, el proyecto deportivo pasa por repescar a Mourinho, traer a Dumfries y a Konaté, sin noticias sobre la renovación o salida de Vinicius ni hacer ningún tipo de autocrítica sobre la desastrosa gestión deportiva en los últimos dos años. El baloncesto para otro día y la sección femenina del club, como si no existiera.
Tampoco es que Riquelme haya dado mucha bola al equipo femenino, aunque al menos lo tuvo presente al presentar su proyecto social y anunció un equipo femenino del baloncesto, además de un pabellón en Valdebebas para que el baloncesto tenga sede propia.
La presencia testimonial de una mujer en cada una de ellas candidaturas es revelador. Catalina Miñarro es vocal en la de Florentino y María Rocío Sobrini en la de Riquelme. Que nadie pueda decir que no hay ninguna mujer… y además, tanto Florentino como Riquelme fueron a ver un partido del femenino en campaña. Algo que el actual presidente no había hecho desde que se creó la sección, ni siquiera en alguno de los clásicos que se han disputado (y sufrido) en los 6 años que tiene ya el Real Madrid femenino.
Nada nuevo bajo el sol. Las mujeres juegan, animan, entrenan, trabajan en los clubes de fútbol, pero no aparecen en los puestos de dirección. Esta oportunidad se le ha escapado al candidato Riquelme, moderno en casi todo pero tradicional en esto, aunque venda menos una directiva con presencia de mujeres, que fichar a Haaland.

