El escándalo de las empleadas de las que presuntamente ha abusado Julio Iglesias no ha sido sorprendente per se. Inocente o culpable, a nadie puede sorprender que Iglesias sea señalado por algo así. Su carrera musical se ha construido sobre temas que hablan sobre todo de las mujeres, pero siempre en la faceta de objetos de deseo. Julio no ama a las mujeres, Julio ama el reflejo que de si mismo ve en las mujeres de las que se rodea: guapas, elegantes, jóvenes, variadas, casi infinitas en número.
Julio no ha conocido voces críticas, siempre ha estado por encima del bien y del mal. En su defensa han salido Ana Obregón (la actriz y empresaria que pagó a una mujer pobre para introducirle el esperma de su hijo muerto y así tener una nieta con la que paliar su soledad), Tamara Falcó (la aristócrata conocida por haber sido criada en los colegios ambientes más selectos y aun así no solo no saber nada sobre ningún tema, sino que encima se ha casado con el típico pijo que, inepto en todas las lides, se queda de eterno relaciones públicas de discoteca), y Ramón Arcusa (la mitad viva del Dúo Dinámico). No sé si Ana Rosa Quintana (representante de Belcebú en la Tierra) ha salido ya en su defensa. O, ya puestos, Juan Carlos I. Sadan Hussein no puede – era muy fan de Julito – porque ya está muerto.

Vaitiare, tras su libro autobiográfico – que pasó sin pena ni gloria – se desdice ahora que las cosas se ponen feas. Ella no ratifica nada de lo que pone en el libro que firmó.
Al igual que Elvis Presley, la inmensa fama de Julio Iglesias le convierte en un ser humano inexpugnable. Eso sí, es lo único que tiene en común con Elvis (eso y el gusto por las mujeres). Ni los temas, ni el estilo, ni la voz, ni la puesta en escena. Nada más les une. Las personas que conozco que han coincidido con Julito fuera de los platós me han contado anécdotas que por desgracia no puedo reproducir aquí. Declaraciones cuanto menos chocantes que hacen arquear las cejas y torcer el morro.
¿En qué mundos se encuentra la mente de Julio Iglesias? ¿En qué galaxia sus defensores? Leo a una periodista decir que en “esos países” tienen la prostitución encubierta muy normalizada. El español más internacional (con permiso de Rafa Nadal) tiene las espaldas cubiertas por los mejores abogados y los más fieles mamporreros del famoseo. Lo que no entiendo es dónde está el mérito personal. Más allá de vender mucho y en muchas culturas diferentes, la fama de Julio Iglesias es un accidente del sistema. Un señor que canta con esa voz, con esa cadencia, que entona esos temas y, sobre todo, que da las declaraciones que nos ha regalado. “Cuando me miro al espejo no entiendo nada de lo que pasa conmigo”. Pues imagínate los demás, Julio. “Me gustaría que cada español tuviera su propio avión privado” solo puedo atisbar el caos que sería semejante cosa, pero no puedo acercarme, ni por un segundo, al estado mental que puede haber provocado semejante frase. Otras que recuerdo ya no las puedo comprobar. No es de extrañar que el primer personaje cinematográfico creado por Santiago Segura (Evilio) fuera fan de Julio Iglesias y que utilizase su fotografía en un ritual purificador.

Sobre las denuncias presentadas por eldiario.es y Univisión no puedo hablar, pero sí puedo recomendarles un libro desconocido sobre el cantante. Se llama Julio Iglesias, ¿truhan o señor?, escrito (y muy bien, por cierto), por Antonio del Valle, quien fuera su mayordomo. Afirma del Valle que la Preysler, al marchar, le envió a su ya ex marido un ejemplar del ¡Hola! en cuya portada salía ella. “Siempre tendré más portadas que tú”, le espetaba en la nota final. Una estocada al orgullo de este incomprensible español color violeta que ahora, en su vejez, nos deja ver un poco de su verdadera personalidad. Julio Iglesias seguirá siendo un enigma que es mejor no descifrar.



