Roma es Bernini dicen algunos, y no les falta razón. Bernini está en tantos lugares en la ciudad y sus obras son tan inolvidables que es imposible no asociar la capital italiana con el escultor napolitano.
Roma es historia y es el Foro dicen otros, y tampoco les voy a llevar la contraria, porque la primera vez que caminé por el Foro Romano mi imaginación se trasladó de manera inmediata siglos atrás en el tiempo, gracias, todo hay que decirlo, a tantas novelas, series y películas, que han llenado mi mente de imágenes.
Roma son sus fuentes, y no sólo las de Piazza Navona o la Fontana de Trevi, sino todas aquellas que uno va encontrándose por todas partes, que para algo Roma es considerada la Ciudad de las fuentes, y también toda la razón, ya que alberga en su interior más de dos mil fuentes (Roma es la ciudad del mundo con mayor número de fuentes). Y sí, para los cinéfilos, pocas imágenes tan icónicas como la de Anita Ekberg bañándose en la Fontana de Trevi e invitando a Marcello Mastronianni a hacer lo mismo en La dolce vita.

Roma, como tantas otras ciudades es muchas cosas a la vez y muchas ciudades al mismo tiempo, siendo, como es, única. Pero Roma tiene algo más que no tienen todas las capitales ni otras grandes ciudades del mundo. Algo fascinante e hipnótico que si uno tiene la suerte de ver no olvidará, y ese algo son las murmuraciones.
Vivimos inmersos y rodeados de todo tipo de sistemas, desde los más simples a los complejos. Cuando nos encontramos ante un sistema simple, como una palanca o un interruptor de luz, habitualmente no hay sorpresas. Si das al interruptor, se enciende la luz. Sistema simple. Pero vivimos inmersos y rodeados de sistemas complejos, donde suceden unos fenómenos que son fascinantes: los fenómenos emergentes.
Y es que si un sistema simple es aquel en el que es totalmente predecible lo que puede suceder porque está compuesto por pocos elementos y siempre hay una relación causa-efecto, lo contrario son los sistemas complejos que se pueden definir como conjuntos de muchos componentes interconectados que interactúan de forma no lineal, esto es, que generan propiedades emergentes y comportamientos colectivos imposibles de predecir estudiando las partes por separado. Dicho de otra manera: el todo es mucho más que la suma de sus partes. Y en estos sistemas complejos es donde surgen los fenómenos emergentes, con ejemplos tan conocidos como la conciencia, las colonias de hormigas o el tráfico, sin ir más lejos.
Aunque entre los fenómenos emergentes hay unos que, para mí, superan cualquier otro, aunque sólo sea por la belleza que regalan a quien lo observa. Y estos no son otros que las murmuraciones, que son las agrupaciones de miles de aves que vuelan en sincronía, formando nubes que cambian de forma como si fuera un organismo vivo realizando una danza con coreografía.

En Roma es posible observar este fenómeno cada invierno debido a su climatología, ya que las aves migran desde el norte de Europa buscando climas más cálidos.
El caso es que uno viaja a Roma en invierno y con suerte un atardecer puede encontrarse con una murmuración con el cielo rojizo de fondo, y es imposible no quedarse hipnotizado, no dejar de mirar, no es posible parpadear, ni seguir caminando. Uno sólo quiere quedarse observando esa visión majestuosa que hace que todo alrededor desaparezca, que esos minutos que se está observando la murmuración se hagan eternos.
Roma es una de mis ciudades favoritas del mundo y me encanta ir a esta ciudad en cualquier época del año. Siempre es buen momento para regresar, incluso en verano por más que las temperaturas sean tan altas que parece que el suelo se pega a nuestros pies y el aire se hace irrespirable, pero si tengo que elegir, me gusta ir en invierno porque me gusta el frío y porque sólo en invierno se produce este fenómeno.
Así que gracias, sistemas complejos, por generar fenómenos emergentes como estos. Ha llegado marzo y dejarán de observarse las murmuraciones, ya que se producen habitualmente entre noviembre y este mes que acaba de comenzar, así que habrá que esperar a un nuevo invierno.
Roma es la gran belleza, diría Paolo Sorrentino. Roma, la grande belleza que uno nunca olvida, aún más si se si tiene la buona fortuna de poder deleitarse ante una murmuración.
