En numerosas ocasiones, en estos últimos años, me he estado preguntado qué ha podido ser de la cincuentena de estudiantes iraníes que me traje a Barcelona en la primavera de 2015. En uno de los escasos períodos en los que las autoridades de Irán parecía que iniciaran una tímida apertura al exterior, me pidieron si podía organizar un coloquio en Barcelona en el que un grupo seleccionado de estudiantes de lo que aquí denominamos Ciencias Sociales y Humanidades, con la carrera recién terminada, pudiera exponer su trabajo final de investigación ante un jurado internacional.
Un tanto asombrada por la petición, pero interesada en la misma por lo que podía significar, me puse en contacto con el Ministerio de Exteriores español, explicándoles el proyecto y solicitando que facilitara los visados a los estudiantes que, conjuntamente con varios de sus profesores, íbamos a recibir en Barcelona. Tras superar algunas cuestiones burocráticas, los estudiantes pudieron venir.

El coloquio fue un éxito. Por primera y, seguramente, única vez, estudiantes de Irán tomaron contacto con universidades europeas, con profesores y estudiantes extranjeros. Me asombró lo variado de las temáticas que expusieron, que eran comunes con las que aquí solíamos tratar en esos trabajos de investigación. Esos más o menos 50 estudiantes, mujeres y hombres, salvo el idioma con el que hablaban entre ellos, pocas diferencias tenían con los nuestros, que también pudieron asistir al evento. Nada de mujeres con velo ni de hombres prepotentes. Jóvenes alegres y bien preparados. Con algunos de sus profesores mantuve contacto hasta que el régimen iraní recobró su carácter hermético.
¿Qué habrá sido de todos ellos en estos últimos meses? ¿Estarán apoyando a los ayatolas o en la oposición? ¿Conservarán la vida o la libertad o las habrán perdido a manos de las fuerzas represoras? Se habla de decenas de miles de muertos y una innumerable lista de detenidos, torturados, secuestrados… La masacre a la que la sociedad civil iraní, especialmente sus mujeres, ha sido sometida me ha llevado repetidamente a hacerme estas preguntas.

Y la realidad que estamos viviendo en estos días, en los que Estados Unidos e Israel están realizando intervenciones militares directas en la zona que están siendo discutidas en los foros internacionales, sin obviar los intereses económicos i geoestratégicos que pueden haber influido tal intervención (no voy a entrar en ellos), me han llevado a preguntarme otras cosas centradas, esencialmente, en lo que todos parecen reclamar: el respeto al Derecho Internacional.
No seré yo quien niegue que ello debe estar presente en el complejo escenario actual. Pero afirmaré rotundamente que debe ser respetado TODO el Derecho Internacional, no sólo aquello que, por razones políticas o ideológicas nos convenga.
