Ábalos se enfrenta a su primera sentencia por una “corrupción política que carcome nuestro sistema democrático”

El fiscal Anticorrupción pide una pena grave para los encausados al considerar que “la corrupción política carcome nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente contra ella puede frenarla”

Víctor de Aldama, José Luis Ábalos y Koldo García.
Víctor de Aldama, José Luis Ábalos y Koldo García.
EFE

Visto para sentencia. Ya solo queda que el Tribunal Supremo imponga una pena a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama. Los dos primeros se presentaron como víctimas en sus alegatos finales, mientras que el último no hizo uso de la palabra en la última jornada del juicio de las mascarillas, que terminó más allá de las nueve de la noche.

El exministro de Transportes cargó contra el proceso “viciado” y por “la intoxicación” que había generado el juicio mediático paralelo. Como a lo largo de toda la causa, criticó que se le había sometido a una investigación general sin garantías. También se dirigió al fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, que cree que tenía clara su acusación y que el día de su declaración “le daban igual sus respuestas”.

Ábalos zanjó su alegato final con una cita de Alonso Martínez en la ley de enjuiciamiento criminal. “Entre las cosas más funestas en el proceso está la fabricación de una verdad de artificio que acaba convirtiéndose en realidad legal”, enfatizó. Asimismo, se refirió a sí mismo como el protagonista de la novela de ‘El proceso’ de Camus. “Está desesperanzado”, argumentaron en su entorno.

Resignado, pidió paciencia a la Sala porque aseguró que “se jugaba la poca vida que le queda” e ironizó con los hechos que se le imputan como haber recibido comisiones de 10.000 euros al mes en efectivo. “¡Qué barato soy!”, exclamó. Y añadió: “Todo lo que se me tiene que reprochar en mis años de ministro son dos contratos temporales y porque son señoritas”.

Por su parte, el que fuera su asesor, Koldo García quiso dejar claro el efecto social que le había supuesto el proceso penal: “He perdido a mi familia y a mis amigos, no tengo dinero, tan malo creo que no he sido”, reiteró como forma desesperada de defender su inocencia.

En sus últimas palabras, quiso apuntar de nuevo arriba y aseguró que el PP le ofreció un pacto, insinuando que había gozado de la misma oferta que Aldama. “A mí también me ofreció el abogado del Partido Popular que colaborara, claro, mintiendo y engañando a todos los españoles. Yo estoy en la cárcel, lo he perdido absolutamente todo y he dicho que no voy a mentir”, manifestó.

Asimismo, se quejó de que “toda la gente que había ayudado”, que después accedió a ministerios, ahora le hubieran dado la espalda “al igual que a Ábalos”.

Por segunda, García vez reconoció que las chistorras a las que se refería en sus conversaciones de whatsapp eran billetes de 500 euros: “Sí, son billetes de 500 era un concepto que usaba con la Guardia Civil… Pero la Guardia Civil me lo daba para cambiarlos (..) No me pagaban ni me lo quedaba yo para nada”, reivindicó. Eso sí, esta vez no dijo que recogiera este tipo de billetes en la sede del PSOE de Ferraz.

Aldama no realizó ningún alegato final pero fue protagonista de la jornada. A primera hora de la mañana, todos los ojos estaban puestos en la lectura política que había en la petición de penas para “el nexo corruptor” de la trama, Víctor de Aldama.

La acusación popular, que aglutina partidos políticos y asociaciones pero que están dirigidas por el Partido Popular, solicitó el atenuante motivado para Aldama, evitando con su petición un futuro ingreso en prisión.

Paradójicamente, en la acusación está una asociación vinculada al PSOE que estaba en completo desacuerdo, obviamente, con la rebaja de penas al corruptor por su colaboración con la Justicia. De ahí que la abogada del PSOE, Gloria de Pascual, en la causa de la Kitchen, irrumpiera en la Sala protestando por este extremo: “Solicitamos que no se admitan las conclusiones definitivas presentadas hasta que no se consensuen”.

Petición que rechazó el Tribunal porque aseguró que la dirección letrada de la acusación popular ya se resolvió en la fase de instrucción.

Otro de los puntos polémicos era la petición de penas del ministerio público. Frente a los 24 y 19 años que pide Fiscalía Anticorrupción para Ábalos y Koldo respectivamente, al empresario solo le pide 7 años por haber colaborado con la Justicia.

Las palabras de Luzón

Si bien, la intención de Alejandro Luzón era aplicar también la atenuante muy motivada al final del juicio. Deseo que frustró la fiscalía general, como publicó este periódico. En sus conclusiones, Luzón dejó patente su intención poniendo en valor el testimonio de Aldama. Dijo que su colaboración culminó con su última declaración y que muchos elementos habían quedado corroborados y gracias a sus confesiones la investigación había avanzado.

Por eso, puso en valor su colaboración creyendo que debía quedar recompensada ya que en ese ejercicio se había autoincriminado y eso no podría ser gratis porque si no existiría “la ley del silencio” para desmantelar las organizaciones criminales.

Por último, reivindicó la actuación de Anticorrupción negando que hubiera habido un pacto anterior: “Frente a la cansina letanía del pacto con el fiscal, lo único que hay por parte de la Fiscalía es la estricta aplicación de la ley”. Y reivindicó la petición tan alta para Ábalos y Koldo porque “la corrupción política carcome nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente contra ella puede frenarla”.

De otro lado, Antonio Choclán, abogado de Aldama, también refutó que hubiera pacto de conformidad con Fiscalía, pero puso en valor la participación de su cliente: “Es una decisión muy trascendente siempre porque implica la renuncia a la propia defensa, una autoincriminación sin jugar el partido, en el momento preliminar de la fase de instrucción, una entrega a los brazos de la acusación”,

Luzón señaló que la jerarquía de la organización no era condición única para constatar este delito: “Esta Sala sabe, y lo tiene declarado en numerosas ocasiones, que la estructura jerárquica no es una nota esencial de la organización criminal. Es cierto que tenemos a José Luis Ábalos, denominado ‘jefe’ por unos y por otros, desde luego por los otros dos acusados y también por todo el entorno que orbita alrededor de ellos, que también le denominan jefe, incluso la secretaria de Víctor de Aldama”, zanjó.

Además, dejó claro que no se creía a Víctor de Aldama a rajatabla: “Por tanto, no se trata de establecer un número uno, un número dos, un número tres y, desde luego, no era el número uno el presidente del Gobierno, como con notable desahogo le atribuye ese papel Víctor de Aldama”, precisó dejando fuera a Pedro Sánchez.

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