El PP gana un primer pulso a Vox y se ve con fuerza para pactar en Extremadura y Aragón

Los populares frenan por primera vez el crecimiento del partido de Santiago Abascal y creen que el bloqueo en Extremadura les ha "hecho daño": "Bloquear no es gratis"

Alberto Núñez Feijóo (4i) y su equipo felicitan a Alfonso Fernández Mañueco (i) tras ganar las elecciones en Castilla y León este domingo en la sede Popular de Madrid.
EFE/ Tarekm

Una victoria innegable. El PP de Alfonso Fernández Mañueco es el ganador de la noche electoral en Castilla y León con total claridad. Los populares ganan dos escaños, uno por Burgos y otro por Valladolid. Suben unos 54.000 votos respecto a 2022 y obtienen el 35% de los votos. La euforia era incontrolable en la planta noble de Génova este domingo, desde donde todo el Comité de Dirección seguía junto a Alberto Núñez Feijóo la jornada electoral. “Es una victoria incontestable”, replicaban los vicesecretarios.

Es el primer triunfo sin peros, sin regusto agridulce para el PP en este ciclo electoral en el que la clave en la derecha era su pugna electoral. De primeras, consiguen frenar el crecimiento hasta ahora imparable de Vox que comenzó en Extremadura y siguió en Aragón. Y esperan que 18,9 de Vox sea un resultado que ahora les abra las puertas para pactar los gobiernos autonómicos con Vox.  Para la dirección nacional, Vox tendrá que “reflexionar” del por qué sus expectativas no se han cumplido.

El “bloqueo” en campaña

En ambas comunidades duplicaron su fuerza holgadamente. En Castilla y León, sin embargo, el PP se marca un tanto en esta competición, porque el partido de Santiago Abascal solo sube un escaño, en Soria. Y la tendencia es positiva, aseguran, porque las próximas elecciones serán las andaluzas, donde confían en revalidar la mayoría absoluta de Juanma Moreno.

Además, Vox no ha superado la barrera psicológica del 20 por ciento de los votos, que indicaría que los de Abascal no tienen techo electoral.  Y esto es muy importante para los populares, que temían una ultraderecha sin límites.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco
Diego Puerta

La explicación del freno de Vox para el PP es clara. “Bloquear tiene un precio”, alegaban fuentes de Génova. “Bloquear no es gratis”, sentenciaban desde el PP madrileño. Se refiere el PP al “no” de Vox a la investidura de María Guardiola, que coincidía con el arranque de la campaña electoral en Castilla y León.  Los populares valoraban desde el primer minuto que Abascal bajaba el pulgar por “cálculos electorales” y auguraban que ello les pasaría “factura” en algún momento. Ahora, con los datos en la mano, reafirman que a su derecha le ha “hecho daño” el “no” a Guardiola.

Ya lo vaticinaban en el PP desde el minuto uno: este portazo podía “impulsar” a Mañueco. Y es por eso que Alberto Núñez Feijóo ha hecho campaña con ello.  En su caravana electoral por la comunidad se ha esforzado en denunciar a un Vox “a la deriva”. En el mitin de cierre de campaña, el viernes, llegó a acusar al partido de Abascal de “estafar” a los ciudadanos y pidió un “castigo” para los suyos en las urnas.

Acuerdo rápido

Desde el PP no esconden que con estos datos en la mano han conseguido “músculo” para negociar con Vox sobre los tres gobiernos autonómicos pendientes de conformación, desde este lunes. Una vez que su derecha no ha logrado llegar al 20% de los votos, confían en una negociación diferente.

“Estos resultados hacen un llamamiento a las formaciones políticas a poner de nuestra parte. Si PP y Vox anteponemos los problemas de la gente, estoy seguro de que seremos útiles”, dijo el secretario general del PP, Miguel Tellado, en declaraciones a los medios de comunicación. El PP cree ahora que sin “calendario electoral”, el acuerdo con Vox en las comunidades puede ser más rápido. 

Alberto Núñez Feijóo, acompañado por alcalde de la localidad Antonio Pardo en El Burgo de Osma.
EFE/Wifredo García

El éxito de la estrategia, sin embargo, fue una sorpresa para todo el PP. En Génova pasaron por un sinfín  de sensaciones en la noche electoral: transitaron de la prudencia a la celebración, conteniendo el aliento. Al principio de la noche, tan solo se marcaban el objetivo de “ganar y gobernar”. No contaban con aplacar el auge de Vox. Esa fue la verdadera alegría de la noche del 15 de marzo. Los populares habían preparado ya sus discursos para asumir a un Vox muy fuerte, sin techo electoral. “Mientras que siga Sánchez va a seguir subiendo votos”, admitían en la dirección nacional nada más cerrar los colegios electorales.

La distancia con el PSOE

Por otro lado, el PP consigue aumentar la ventaja sobre el PSOE respecto a las últimas elecciones, en más de 50.000 votos. El principal diagnóstico sobre la situación del PSOE es que el “no a la guerra” de Pedro Sánchez no ha funcionado. “Ha ganado el ‘no a la izquierda’ frente al ‘no a la guerra'”, celebran.  “Triplicamos nuestra ventaja respecto al PSOE”, sentencian en el PP, donde ponen en valor que de las últimas doce noches electorales desde la llegada de Feijóo, el PP ha “cosechado diez victorias”. (En todas las elecciones, el PP ha ganado menos en Cataluña y País Vasco).

El PSOE, en realidad, supera las expectativas demoscópicas y consigue aire tras dos batacazos seguidos en el ciclo electoral. En el PP, sin embargo, minimizan la recuperación de los socialistas. “Suben dos escaños de los cuales, uno es de nueva creación, y el otro es en la provincia de la que el candidato es alcalde y además no se lo quita a ningún partido de derechas sino a un partido localista”, reflexionan.

Así, en Génova no escatimaban en retórica para celebrar esta nueva victoria sobre los socialistas. “En la España de Sánchez la derecha sube y la izquierda baja. Y el PP sigue acumulando victorias electorales sin que el PSOE tenga opción de gobernar en ningún territorio”. Eufóricos.

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