El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero afronta los próximos 17 y 18 de junio su primera cita judicial tras su imputación por el presunto delito de blanqueo de capitales en el caso Plus Ultra, una causa que investiga la Audiencia Nacional. La declaración ante el juez José Luis Calama iba a tener lugar el 2 de junio, pero finalmente se pospuso a petición de la defensa del exjefe del Ejecutivo ante “la complejidad de la causa”.
Cabe recordar que, en su auto de 85 páginas, el magistrado sitúa a Zapatero como el presunto líder de una “estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”, cuya finalidad “es la obtención de beneficios económicos mediante la intermediación y el ejercicio de influencias ante instancias públicas en favor de terceros, principalmente Plus Ultra”.
Será la primera ocasión en la que Rodríguez Zapatero deba responder ante el juez, desde que el pasado 19 de mayo se levantó el secreto del sumario y trascendió su investigación. Un escenario muy diferente al que él mismo eligió hace apenas un mes. A las pocas horas de conocerse su situación procesal, y en un estado que varios expertos interpretan como de shock emocional, José Luis Rodríguez Zapatero difundió un vídeo grabado en su domicilio.
“Jamás”, el adverbio más repetido
Fueron apenas 81 segundos de duración. Sin preguntas ni posibilidad de réplica. Un mensaje cuidadosamente preparado en el que negó categóricamente cualquier participación en las gestiones relacionadas con el rescate de la aerolínea y anunció su intención de atender a los medios en los días siguientes.
“Jamás he realizado ninguna gestión ante ninguna administración pública ni el sector público en relación con el rescate de Plus Ultra”. “Jamás he tenido ninguna sociedad mercantil”, afirmó en el vídeo. Previamente, manifestó su voluntad de comparecer y colaborar con la justicia “como siempre” ha hecho y “reafirmó” que “toda la actividad” se ha desarrollado “siempre” con “respeto a la legalidad”. “Mis ingresos han sido declarados con total transparencia”, aseveró.
Pesa a un control de la escena…
Artículo14 ha analizado con la experta en comunicación no verbal Eva García Ruiz, directora del Instituto Español de Sinergología, esta grabación que pretendía fijar una posición pública inmediata. Un vídeo que servirá de elemento de comparación con la próxima imagen pública de Zapatero -si esta trasciende- cuando acuda esta semana a la Audiencia Nacional no solo por su contenido, sino también por la imagen que proyectó el expresidente.

El vídeo se grabó en un entorno doméstico, con un plano fijo y un elevado control de la escena. A su juicio, la intervención estaba extraordinariamente preparada: el expresidente interiorizó el mensaje y lo transmitió como si fuera un actor. “Es una comunicación no verbal con mucho control”, explica. Prueba de ello es que apenas hay movimiento corporal más allá de los gestos de las manos-. Son gestos contenidos, simétricos y repetitivos.
La experta observa además brazos próximos al cuerpo, movimientos monorrítmicos y una elevada tensión muscular. Durante buena parte de la grabación, Zapatero mantiene las manos en forma de “V”, una posición frecuente entre políticos y oradores porque permite controlar la gestualidad y evitar movimientos excesivos. “Los dedos están muy rígidos. Lo que nos indica es que hay tensión articular, eso tiene que ver con control del discurso. Estoy midiendo muy bien lo que digo”, señala.
… se detectan tres fugas
Pese a ese elevado nivel de control, Eva García Ruiz identifica tres momentos concretos que llaman su atención como experta en el análisis del subconsciente. El primero se produce cuando Zapatero pronuncia la palabra “investigado”. En ese instante observa una ligera rotación de la cabeza que deja más visible el lado izquierdo del rostro.

“Es un movimiento totalmente no consciente. Viene directamente del tronco encefálico. Lo curioso es que se produce habitualmente en palabras de valencia positiva. Entonces, que aparezca aquí es teóricamente una incoherencia. Una interpretación es que pensara que es lo más favorable”, señala.
El segundo elemento aparece cuando afirma que va a colaborar con la Justicia. En este sentido, García Ruiz advierte de que “justo ahí se mueve. Tiene como un ligero movimiento a los lados y un poquito hacia atrás. Es algo que le que le pone nervioso y que le activa dentro de todo ese discurso controlado. Vamos a ver hasta que punto lo va a hacer o no”.
El tercero se produce en la parte final de la intervención, cuando niega haber participado en sociedades mercantiles. Según la experta, en ese momento se rompe parcialmente la contención gestual que había mantenido durante el resto del vídeo. “Las manos se separan y hace como unos aspavientos. Técnicamente lo denominamos espectacularidad, que es una sobreactuación“, afirma, al tiempo que recuerda que normalmente esas sobreactuaciones están reñidas con la autenticidad.

“No estoy diciendo que mienta, pero sí que es verdad que es un señal que llama la atención dentro de un discurso controlado”, incide.
Una reacción de shock
A su vez, un penalista que prefiere mantener el anonimato hace una valoración mucho más dura del vídeo. “Ese vídeo desde el punto de vista de análisis de compliance es de un culpable convicto“, sostiene. Bajo su punto de vista, el jurista considera que la grabación responde a una reacción impulsiva tras conocerse la imputación: “No se está defendiendo, se está inculpando”. En su opinión, se trata de un vídeo contraproducente para los intereses del expresidente.
En este sentido, señala que el problema no radica en que Zapatero negara los hechos o defendiera su inocencia, sino en la forma elegida para hacerlo. Recuerda que cualquier investigado tiene derecho a ejercer su defensa en los términos que considere oportunos.
“Tiene un tono enérgico, soberbio, que es fruto del shock. Es un vídeo que le va a perseguir siempre“, sostiene.
Lo cierto es que desde aquella grabación Zapatero no ha vuelto a protagonizar ninguna comparecencia pública, aunque inicialmente adelantó esta voluntad. Su estrategia de comunicación ha pasado a canalizarse a través de su defensa y de personas de su entorno, como Luis Arroyo.
De hecho, el presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo, que actúa como portavoz autorizado, tuvo que pedir perdón por “haber inducido a error sobre el valor de las joyas” del líder socialista, tras la valoración de 1,3 millones de Ansorena, después de haber asegurado que su precio se movería entre 30.000 y 50.000 euros.
Un mes después de aquel mensaje grabado, Zapatero afronta una comparecencia en la que ya no podrá controlar ni el escenario ni las preguntas. La incógnita es qué imagen transmitirá ante el juez los próximos 17 y 18 de junio.
