Han sido seis meses muy difíciles para las víctimas que sobrevivieron al accidente o quienes todavía asimilan la perdida de sus seres queridos. Era domingo, 18 de enero a las 19:45h, cuando todo cambió para siempre. María Eugenia, Marimar, Noelia y Orisis atienden a Artículo14 para contarnos cómo se encuentra. Hay unanimidad: “Entre más pasa el tiempo, el vacío crece y el dolor es más fuerte”.
La última vez que hablamos con María Eugenia no podía caminar. Es una de las supervivientes del fatídico accidente de tren en Adamuz que se saldó con 46 fallecidos y más de 120 heridos. Entre los primeros estaba su marido. Juntos habían pasado el fin de semana en Málaga y regresaban a Madrid. Su convoy chocó con el Alvia.
Ya ha dejado la silla de ruedas. Ha tenido que volver a aprender a andar y también a tejer una vida nueva sin Javier. La vida sin su marido la define como una vida “muy solitaria”. “El vacío que deja es brutal”. Ya ha pasado un aniversario y un cumpleaños sin él. “Es un proceso muy duro”, lo define. En estos momentos, eso sí, siente que la “injusticia” le puede más que la “tristeza”.

En cuanto a las heridas físicas, derivado del accidente se rompió la pelvis por tres sitios y después los médicos descubrieron que también se rompió la clavícula en el accidente. Está en rehabilitación. “Va muy despacio” y el traumatólogo pronostica que todavía necesita un año para curarse. Tiene shock postraumático. “Mi cabeza es una bomba de relojería por las noches”, lamenta. Las pesadillas son constantes.
Cuando se cumple medio año del descarrilamiento, María Eugenia ha pasado del “impacto” de los primeros días a la “frustración y rabia” que siente hoy. “Mi vida es completamente diferente”, reconoce a Artículo14. “Tengo la sensación de que se me ha robado la vida” lamenta. Se enfrenta a seguir viviendo, aunque no quiere “esta nueva vida”.
Tiene una visión muy crítica de la gestión política del accidente. Exige responsabilidades, justicia y saber la verdad. “Nadie nos ha pedido perdón”, censura. De hecho, María Eugenia señala las dificultades con las que se está encontrando para costear su rehabilitación. Sí ha recibido las ayudas gubernamentales – por ella y por su marido- y de la operadora. Pero, la aseguradora de Iryo tan solo cubre seis meses de gastos médicos. “La aseguradora de Iryo se desentiende. Que nos busquemos la vida, básicamente”.
Las indemnizaciones
Hasta ahora, la aseguradora cubría las pruebas médicas, la rehabilitación, visitas al traumatólogo o resonancias. “Estamos que trinamos”, asegura. Pone el foco en la responsabilidad de la compañía. “Es que no nos hemos caído en el andén, no nos hemos tropezado en el tren. Íbamos a 200 km por hora en uno de sus trenes”, denuncia.
Sobre las indemnizaciones gubernamentales, como la asociación de víctimas, exige que cambien los baremos para que dejen de considerarse víctimas de accidente de tráfico y se adapten las cuantías a las necesidades. Denuncia que las vías ferroviarias no cuentan con un sistema de detención de rotura de vía. No se subiría a un tren a día de hoy. Posiblemente, no lo hará nunca.
Marimar: “Solo podemos sobrevivir”
Marimar Fadón, es la hermana de Agustín, tripulante del tren Alvia. Esquivó la tragedia de Angrois. Le tocaba trabajar el día que se estrelló ese tren, pero cambió el turno. Ahora en Adamuz, falleció en servicio.
Marimar está bastante entera. El dolor va por dentro. “Solo podemos sobrevivir y tirar para delante. No te puedes anclar, aunque es complicado y duro”, reconoce. Ella sigue adelante por su marido, su hijo, y sus padres. “Si por meterme en la cama recuperase a mi hermano, pero no es así”, nos cuenta. Ha vuelto a trabajar porque “salir del agujero es la única forma de tener la cabeza entretenida”.

La que peor lo lleva es su madre. Vivía con Agustín. “Mi madre vive entre días malos y menos malos. Tiene la sensación de que va a aparecer y no aparece y eso no te lo quita nadie”.
Como todas las víctimas alza la voz para conseguir que sus reivindicaciones sean oídas. Pide cambiar el baremo de ayudas para ampliar las indemnizaciones a las víctimas según sus necesidades. Pero, sobre todo, es quien con más garra denuncia el estado de las vías ferroviarias. “Hay trenes que no salen, otros parados en la mitad de la nada. Pero nos gastamos un dineral en el 5G en el tren-85 millones en concreto-. ¿Eso salva vidas?”, se pregunta. “El ministro, el que no ha soldado el raíl, se lava las manos”, critica
Noelia: “No estoy en mi 100%, pero puedo”
La última vez que Noelia habló con nosotros todavía no podía bailar. Hoy nos da la buena noticia. “No estoy en mi 100%, pero puedo” asegura. Tiene una clavícula movida y una artrosis en el hombro. De 28 años, viajaba a Málaga a celebrar el cumpleaños de su abuela. Viajaba en el vagón 8 del tren Iryo. “Seguimos hacia delante mejorando y viviendo porque todo sigue”, dice a este periódico.
Osiris: “Lo peor, las noches”
Osiris, que llegó a llevar las cenizas de su marido a su ciudad natal, de Huelva a Bolivia, hoy rehace con toda la prudencia su vida. Entonces no trabajaba y dependía de su marido. Hoy ha encontrado una oportunidad. Pero avanzar sigue siendo muy complicado, nos reconoce. “Pasa el tiempo, el vacío crece y duele mucho más. Lo peor son las noches, enloquezco”

