Son muchas horas ya de espera. Y hay mucho cansancio. Y se nota. Hay angustia y desolación. Hay 42 familias que esperan respuestas. La del lunes fue noche muy gélida, que no amainó con el sol de este martes. Muchos de ellos han pasado todo el día en el Centro Cívico de Poniente Sur, en Córdoba. A la tristeza se suma la queja, cada vez más nítida, de falta de información.
Así, el dolor que sienten los familiares de las víctimas se fue convirtiendo a lo largo del día en enfado y hartazgo, sentimientos provocados por la incertidumbre. Los familiares empezaban a elevar la voz contra las autoridades por llevar 48horas ya sin saber de sus familiares.
“Queremos saber”, es la frase que más se escucha. Si, al principio, las familias evitaban hablar con la prensa, con el paso de las horas, algunas de ellas eran las que buscaban ese contacto con los micrófonos y las cámaras con el fin de que “alguien les escuche”. Se rebelan contra la administración -no hacen distinción de la general o la autonómica- porque, dicen, no hay nadie que les informe en el tiempo real. Conocen por los medios el número de fallecidos o las autopsias.
El protocolo, sin embargo, explican en la Junta de Andalucía, es así. “Hasta que la jueza no acredita la identificación de los cadáveres no hay información”, argumentan.

Marimar lo relataba a Artículo14: “Ya es demasiada espera, es demasiado tiempo, no es normal que no tengamos noticias”. Su cuñado, Agustín Fadón, viajaba en el Alvia de Madrid a Huelva porque formaba parte de la tripulación. Se encontraba en el vagón de la cafetería. Fue un momento al baño, al vagón dos, y fue entonces cuando se produjo el fatídico accidente. Su hermano no figura en el registro de ningún hospital. “Necesitamos tener noticias”, implora.
El pasajero ya había esquivado la muerte una vez. No cogió el tren de Angrois. Cambió el turno a un compañero -que falleció-. Siempre se ha sentido afortunado por renacer. Aunque, reconoce la hermana, llevaba ya tiempo “preocupado” por el estado de las vías. Así se lo había manifestado a la familia. Al cierre de esta edición, Agustín seguía sin aparecer en los registros.
El peregrinar de Orisis
Orisis recibió este martes a media tarde la peor noticia. Su marido, Víctor, que viajaba en el tren Alvia siniestrado, es la víctima número 42. Ambos volvían el domingo de vacaciones de Nicaragua. Madrid era la escala para regresar a Huelva, donde viven desde hace diez años. Compraron billetes distintos porque las tarifas eran más económicas. Él cogió el tren del horror. Ella, nada más enterarse del accidente, no dudó y se cogió un taxi hasta Córdoba. “600 euros me cobró”, recuerda. Antes de recibir la confirmación del fallecimiento de su marido, también reclamaba más información a las instituciones.

Un hombre con su hijo, que no quiere fotografías y prefiere dejar en el anonimato su historia personal, se queja en un corrillo de periodistas de la falta de información. “Solo quieres que te digan cuando te dan a tu familiar”. Asegura que dentro del centro cívico hay más familias que también reclaman “saber”. “Somos un número”, lamenta perplejo. Y es que, al llegar al centro cívico y reconocerse como familiar de un desaparecido, los servicios de atención de la emergencia rellenan una ficha y les dan un tarjetón con un número para estar identificados.
Son horas eternas las que pasan. En las que los familiares aprovechan para estirar las piernas, tomar café. Algunas se van y vuelven con maletas. “No sabemos el tiempo que estaremos aquí”, relatan. Es esa falta de concreción es la que las desespera.

El tiempo pasa muy lento y es ahí cuando se derrumban. Así lo explican los psicólogos, a los que también les empieza a pasar factura las horas y los duros testimonios que reciben. Al menos una veintena de psicólogos, personal sanitario y equipos de apoyo están en Poniente. “Ha habido momentos en los que algunos se han roto. Están desesperados”, reconoce Miguel García, portavoz de Cruz Roja.
Pese a esos momentos de tensión en los que este diario ha escuchado gritos y lamentos de los familiares, el sociosanitario asegura que los familiares están manteniendo “contención y resiliencia ante un dolor extremo”. “Y es que, aunque la mayoría de por hecho ya el fallecimiento de su ser querido, lo cierto es que esa “confirmación” es necesaria, porque es la primera fase del duelo.

