“Apagamos el televisor, no tenemos fuerzas ni ganas”

De las 500 sillas reservadas en el funeral, se llenaron 300. Algunas víctimas optaron por no ir: "Para mí es un día más en esta tragedia”, relata una de ellas

Había 500 sillas reservadas en el pabellón para las víctimas y se llenaron unas 300, según el Arzobispado, que organizaba el funeral religioso que este jueves se celebró en Huelva por el accidente de Adamuz. 200 huecos vacíos. Y es que hubo heridos y familiares de fallecidos que a esa hora -las 18:30h- decidieron “apagar el televisor” o no desplazarse hasta el sur. Aún no tienen fuerzas.

Así lo relata a Artículo14 Marimar Fadón, hermana de Agustín Fadón, tripulante del Alvia fallecido en el accidente: “No tenemos fuerzas ni ganas de ir”. Ella es natural de Leganés, Madrid.

El Rey Felipe y la Reina Letizia hablan con familiares de las víctimas durante el funeral por las víctimas de Adamuz

Haber asistido al funeral le parece algo “secundario”. Por lo que siguió su día como si no hubiese sucedido. “Para mí es un día más dentro de esta tragedia”. Marimar busca como sobrevivir ahora sin su hermano. “Es un día más sobreviviendo la perdida de mi hermano y luchando por seguir viviendo”, reflexiona. Una conversación rápida que mantiene con este periódico porque reconoce que está “agotada”.

Marimar tiene claro algo: quiere seguir luchando para que los compañeros de su hermano “trabajen sin miedo”, nos admite. Se refiere a los trabajadores del Alvia que, precisamente, esta semana lanzaron un manifiesto en el que se confesaban desprotegidos. Advertían de la “extrema gravedad” que suponía que los trenes “circulen sin interventor”. Además, criticaban la falta de seguridad en los viajes y las “vibraciones” en los trayectos, las cuales les exponen a “riesgos musculoesqueléticos”.

Sin noticias del Gobierno

Este debate sobre si asistir o no al funeral se suma a la indignación generalizada de las víctimas. Tal y como contó este diario, muchos familiares tienen una sensación “de abandono” por parte de las institucionales. Lamentan que no reciben ningún tipo de información directa sobre las causas del accidente. “Del Gobierno no hemos tenido ningún acercamiento, ni una sola respuesta. No se han puesto en contacto con nosotros”, clarificaba Mario Samper, uno de los supervivientes que viajaba en el coche cuatro del tren Alvia siniestrado en el accidente ferroviario.
Dolor en el funeral

Las que sí decidieron asistir reconocían su indignación, y también el dolor. Muchos afectados asistieron con signos visibles de su convalecencia; vendajes, brazos en cabestrillo o dificultades para caminar. Las víctimas, representadas por Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, están rotas y piden que se sepa la verdad de lo sucedido el pasado 18 de enero, cuando a 45 de ellas se les paró el reloj para siempre. “Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará”, reconoció en un discurso que sirvió de cierre a la misa funeral.

Liliana Sáez, junto a su hermano Fidel, ha hablado en nombre de las familias de las 45 víctimas del accidente  de Adamuz

“Es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro”, reclamó.

“La única presencia que queríamos aquí es la de Dios. Este era el único funeral que cabía en esta despedida”, aseguró. Un mensaje que Liliana pronunció en presencia de la vicepresidenta María Jesús Montero y los ministros Ángel Víctor Torres y Jose Luis Planas.

Su mensaje llegaba, además, después de que el Gobierno aplazara el funeral laico que tenía previsto celebrar este fin de semana. “Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente”, proclamó. Con ello, al menos parte de las víctimas dejaban claro que el funeral religioso era el único que querían presenciar.

“Cobremos ánimo y fuerzas los que buscamos refugio en él”, pidió el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, después de haber elegido para la primera lectura del funeral religioso un estracto del libro de las lamentaciones. “He perdido la paz, me he olvidado de la dicha; me dije: ‘Ha sucumbido mi esplendor y mi esperanza en el Señor'”.

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