Ortega Smith, de mosquetero de Abascal a su gran enemigo

Fundador de Vox, padrino de bautismo de una de las hijas de Abascal, cayó en desgracia tras una fuerte batalla por el poder político de la formación

Santiago Abascal (i) conversa con Javier Ortega Smith durante un pleno del Congreso de los Diputados.
EFE/Fernando Villar

Era uno de los mosqueteros de Santiago Abascal, una de las caras más visibles de Vox y con mayor influencia ideológica en la toma de decisiones de la formación. Cuando el partido todavía no tenía representación parlamentaria, Javier Ortega Smith ya estaba en él. Pero hoy ha pasado a engrosar una larga lista de purgados, después de que la actual dirección haya decidido expulsarle definitivamente.

Ortega sigue manteniendo su acta de diputado nacional en el Congreso de los Diputados y también su concejalía en Cibeles. Se le puede ver prácticamente solo por los pasillos de ambas instituciones, rodeado solo de asesores y gente de su confianza. Ningún representante con cargo político a las órdenes de Bambú se le quiere acercar desde hace meses, al menos públicamente. “Han convertido Vox en su cortijo”, ha denunciado en estos días atrás.

Javier Ortega Smith toma asiento en la grada durante el pleno del Congreso de los Diputados en Madrid.
EFE/ Mariscal

La ruptura entre Abascal y Ortega Smith va más allá de la política. Se trata de un divorcio con todas las letras. El hoy caído fue el padrino de bautismo de una de sus hijas. Ese será, probablemente, el único vínculo que ambos no podrán romper ni renegar.

Atrás quedan años en los que nada se movía si no era con el conocimiento de Ortega Smith. Este negoció con el PP de Pablo Casado la formación de los primeros gobiernos locales en 2019. Su peso era más que evidente. Además, se desempeñaba como abogado en la acusación popular en caso del procés, lo que le valió para reforzar su poder interno así como una gran exposición mediática.

Santiago Abascal conversa con Javier Ortega-Smith durante un pleno
EFE/ Javier Lizón

Su caída en desgracia en Vox ha sido progresiva. En 2022 fue cesado como secretario general, cargo que ocupaba desde 2016. En 2024 trató, sin éxito, de recabar apoyos para arrebatar la presidencia del partido a Abascal. Tras una batalla con luz y taquígrafos, el segundo asumió su fracaso y prometió que los críticos “volverían” a Bambú.

En esa ocasión ambas partes trataron de calmar las aguas y enterraron ficticiamente el hacha de guerra. La paz fue simbolizada por Abascal, que incluyó a Ortega como vocal en la dirección nacional. Pero su poder ya había desvanecido de facto al perder la vicepresidencia de Vox.

Santiago Abascal, en la la Plaza de España en Andújar (Jaén).
EFE/ José Manuel Pedrosa

A finales de 2025, quedó totalmente desvinculado de la dirección del partido. En el Congreso, se vio relegado por el hoy flamante Carlos Hernández Quero al frente de la portavocía adjunta. En la Ejecutiva ocupó su puesto también por otra diputada más joven, Julia Calvet.

Su expulsión llegó en el primer trimestre del año, ante su negativa de acatar el cese como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. Algo a lo que el propio Smith respondió con contundentes críticas, acusando a la dirección del partido de haberse convertido en una estructura “piramidal” controlada por “cuatro personas a las que no ha votado nadie”.

Ortega Smith puede considerarse uno de los críticos más notorios de Vox junto a Espinosa de Los Monteros. Pero su brecha más que ideológica es por el poder interno, según las fuentes consultadas. El aún diputado ha denunciado en varias ocasiones la falta de democracia interna de Vox, la ausencia de debate y la concentración de poder en un núcleo reducido. ¿Dará el paso y fundará otro nuevo partido? De momento, ha pedido la celebración de un congreso extraordinario para debatir el futuro del partido.

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