María José Rodríguez de Millán Parro (31 años) es diputada por Madrid en el Congreso de los Diputados. Cuando se le pregunta si la política se parece a lo que imaginaba, responde sin rodeos: “En absoluto”. Recuerda su primera intervención pública, en el Senado, en un debate frente a Pedro Sánchez. “Todo imponía mucho”, admite, “porque las instituciones siempre infunden respeto”. Pero salió decepcionada “con el nivel”. “Esperaba más”, rememora.
Nacida en Cabra, Córdoba, Pepa Millán -como le conocen todos- es una las diputadas más jóvenes de la Cámara. Graduada en Derecho por la Universidad de Sevilla, con estudios de oposición a Registro de la Propiedad y actualmente cursando un doble máster, llegó a la política sin haberlo planeado. “No fue algo que decidiera a conciencia”, reconoce.
Empezó colaborando de forma altruista con Vox en las primeras elecciones europeas a las que se presentó. “Era el partido con el que más me identificaba”. Y por entonces conoció a Reyes Romero y a Santiago Abascal. El resto llegó solo.

Fue asesora política en el Grupo Parlamentario Vox Andalucía entre 2020 y 2022 y senadora por designación autonómica del Parlamento de Andalucía entre 2022 y 2023. Desde agosto de ese año, es diputada en el Congreso y ejerce como portavoz del Grupo Parlamentario, además de ser vocal en varias comisiones, entre ellas la de control de los créditos destinados a gastos reservados y la Consultiva de Nombramientos.
Hoy por hoy, Millán es uno de los rostros más conocidos del partido, de discurso afilado, muy dura contra el Gobierno de coalición. “La sociedad española está muy falta de una conciencia nacional. Falta una verdadera vocación de servicio, de un bien común superior al partidista”, proclama. Y destaca una idea que repite a lo largo de la conversación con este partido: “Un partido es una herramienta al servicio de España. Los partidos no son un fin, el fin debe ser España y los españoles”.
El ambiente que relata en los pasillos de la Carrera de San Jerónimo no es bueno. “Es incluso peor” de lo que se ve desde fuera, afirma. Vox, dice, sufre “un cordón sanitario e insultos sistemáticos”. Y todo ello, lamenta, ante “la pasividad de la presidencia” de la Cámara, tanto en los plenos como en las comisiones.

Pero la soledad institucional no parece inquietarla. “No nos importa estar solos en el Congreso si en la calle tenemos a millones de españoles que nos acompañan y cada vez más”, asegura rotunda.
Ese apoyo, subraya, tiene su mejor vertiente en la gente más joven. Recuerda el caso de una niña de unos diez o doce años que la llamaba por la calle en Sevilla para pedirle una foto. “Me sorprendió muchísimo“. También habla de jóvenes de diecisiete o dieciocho años que se identifican con el proyecto. “El futuro de España son sus jóvenes. Si tenemos su apoyo, es una garantía de que antes o después vamos a conseguir el cambio que España necesita”.
La conversación da un giro cuando se le pregunta por referentes femeninos. Sin titubear, menciona a Isabel la Católica, cuyo retrato preside el hemiciclo, y a Santa Teresa. “El gran éxito de estas dos mujeres fue que se mantuvieron fieles a ellas mismas y a sus principios a pesar de tenerlo todo en contra”. Y remata su análisis: “Eso, y no haberse traicionado nunca a sí mismas, fue lo que las convirtió en las más influyentes de la historia de España en sus épocas”.
La vida fuera del hemiciclo
Fuera del Congreso, Millán dice llevar “una vida muy normal”, idéntica a la que tenía antes de entrar en política. Le gusta volver a Sevilla, donde vive su familia, leer y pintar. Y ahora que ha comenzado la temporada taurina, intenta no faltar a las plazas. “Procuro ir a todas las que puedo con mis amigos”.
En cuanto a lecturas, tiene en la mesilla El Gatopardo. Se queda con una frase que, dice, “viene muy a cuento”: “Hay que cambiarlo todo para que todo siga igual”. Y lo traslada a la política: “Hay que cambiarlo todo para recuperar la España de siempre, la que nos están robando”.

Graduada en derecho, Millán reconoce que la carrera “esquematiza y estructura muy bien la mente”, y que la metodología que empleó para estudiarla, basada en la memorización y el orden de ideas, le ayuda a la hora de intervenir en el Congreso y de estudiar los temas. “Me ha ayudado mucho”, concede.
Termina la charla, y llega otro clásico de nuestras entrevistas: ¿Para qué debe servir la política? La respuesta, sin sorpresas a estas alturas de la conversación: “Debe ser una herramienta para poner lo mejor de nosotros mismos al servicio de un bien que siempre esté por encima de los intereses partidistas. Y en nuestro caso, ese bien debe ser España”.

