Segunda, la tendera de 90 años que sigue trabajando en su puesto: “Estoy 15 horas al día”

Segunda García sigue trabajando hasta 15 horas al día en su tienda de barrio y se ha convertido en todo un símbolo de esfuerzo

Tendera de 90 años - Sociedad
Una fotografía de archivo de Segunda.
ABC

En una época en la que la jubilación suele imaginarse como una frontera hacia el descanso, la historia de Segunda Cifuentes García rompe cualquier esquema prefabricado. En Albacete la conocen como La Segunda, y a sus 90 años sigue levantando cada mañana la persiana de su tienda de barrio, ese pequeño comercio que ha resistido el paso del tiempo, los cambios de consumo, la competencia de las grandes superficies y varias sacudidas históricas.

Su caso ha vuelto a llamar la atención después de que el Ayuntamiento de Albacete la reconociera este 2026 dentro de los galardones Reconocidas, en el área de mujeres mayores, coincidiendo con los actos del 8M.

La imagen tiene una fuerza inmediata: una tendera de 90 años que sigue detrás del mostrador durante jornadas larguísimas, casi imposibles para cualquiera. Pero detrás de ese titular hay algo más profundo que la simple anécdota. Hay una forma de entender el trabajo, una biografía atravesada por la escasez y una relación con el barrio que convierte una tienda en algo parecido a un refugio cotidiano.

En declaraciones recogidas por COPE, Segunda resume su rutina sin dramatismo: se levanta a las cinco o las seis de la mañana y a las siete ya está en su puesto. Dice que pasa alrededor de 15 horas al día allí. Lo cuenta como quien describe una costumbre, no una heroicidad.

Una vida entera marcada por el esfuerzo

Segunda Cifuentes García nació en Argamasón el 9 de noviembre de 1936, en una España todavía atravesada por la pobreza y por una vida rural que empujaba a trabajar desde niña. Diversos medios locales y regionales recuerdan que procede de una familia de agricultores y que no pudo ir al colegio, una circunstancia que retrata bien a toda una generación de mujeres que crecieron en la renuncia antes incluso de saber que estaban renunciando.

Después de una etapa en París, regresó a España y acabó levantando su negocio en Albacete, donde terminó convirtiéndose en una figura muy reconocible de la vida cotidiana de la ciudad. Ese recorrido explica por qué la historia de esta tendera de 90 años conecta con tanta gente.

No habla solo de una comerciante longeva, sino de una generación que entendió el trabajo como una manera de sobrevivir, de sostener una familia y de salir adelante sin hacer ruido. En su caso, además, esa ética del esfuerzo no se ha convertido en un recuerdo: sigue siendo una práctica diaria.

La tienda como símbolo de un barrio

Casa Segunda no es únicamente un comercio. Al menos no en el sentido frío con el que hoy se habla del consumo. La tienda aparece en muchos testimonios como un lugar al que se entra no solo a comprar, sino también a encontrarse con una forma de trato que escasea cada vez más. COPE recogía hace unos días que Segunda presume de ofrecer buenos precios y de seguir compitiendo con cercanía frente a formatos mucho más grandes. Esa reivindicación no es menor: en una ciudad atravesada, como tantas otras, por el avance de cadenas y supermercados, su tienda funciona casi como un pequeño acto de resistencia.

Por eso la historia de esta tendera de 90 años tiene algo que va más allá de la edad. Habla también de la persistencia del comercio de proximidad y de esa red silenciosa que sostienen los negocios de barrio.

Son lugares donde el cliente no es un número, donde la conversación importa y donde la memoria de una ciudad se conserva en detalles diminutos: una frase repetida, una costumbre, una persiana que se abre siempre a la misma hora.

Carácter, dignidad y una forma de estar en el mundo

La figura de Segunda también ha quedado ligada a episodios que la retratan con nitidez. Distintos medios han recordado que incluso con 87 años plantó cara a un ladrón que intentó robarle. Una escena que encaja con la imagen de mujer firme, resistente y poco dispuesta a dejarse intimidar.

Durante la pandemia, además, sanitarios y médicos acudían a su tienda y le agradecían su labor. Un detalle que ayuda a entender hasta qué punto su comercio formaba parte de la vida diaria del entorno.

Cuando el Ayuntamiento de Albacete la ha distinguido este año como una de sus mujeres reconocidas, el gesto no ha premiado solo una trayectoria individual. Ha reconocido también un modelo de vida y de ciudad. El alcalde Manuel Serrano subrayó en el acto institucional el valor del esfuerzo de las galardonadas y su importancia para la sociedad albaceteña. En el caso de Segunda, ese reconocimiento tiene además una carga emocional evidente: la ciudad se mira en alguien que ha hecho de la constancia una forma de identidad.

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