En el chat, los denunciados se presentan como víctimas y las leyes que protegen a las mujeres, como una persecución. Hay hombres acusados de violencia de género y otros ya condenados. Comparten sus procesos judiciales, las restricciones para ver a sus hijos e hijas y sus quejas contra el sistema. Entre esas conversaciones circulan también consejos para intentar eludir la legislación que les afecta.
Alguien pregunta. Otro responde. Un tercero asegura que ya lo ha probado. Las capturas a las que ha tenido acceso Artículo14 muestran cómo el cambio de sexo registral o la eutanasia se ofrecen como herramientas para obtener ventajas judiciales. Las respuestas llegan acompañadas de instrucciones, experiencias personales y promesas de protección.
“Te blinda contra una nueva denuncia”
Un participante pregunta: “Hay alguien aquí que pueda cerciorar de los plazos para hacerse mujer y si realmente funciona de cara a una nueva denuncia por violencia de género?”. Otro lo dirige hacia quien habitualmente orienta sobre el trámite.
La respuesta es rotunda: “Sí, el proceso dura unos 5 meses y te blinda contra una nueva denuncia de Viogen”. A continuación, el usuario comparte un enlace a una asociación que informa sobre la rectificación registral: “Echa un vistazo a esto y si tienes más dudas, me preguntas”.

Otro miembro anima a dar el paso porque, según afirma, es “lo más sencillo y que trae los mejores resultados”. Destaca una supuesta ventaja: “Nunca te pueden volver a denunciar por violencia de género”. Presenta así el cambio como una vía para evitar que futuras causas se juzguen bajo esa legislación.
Antes de iniciar el divorcio
Un hombre quiere saber cuándo hacerlo: “Buenas noches. Merece la pena hacer esto antes de iniciar un proceso de divorcio?”. Poco después insiste: “Veo q controlas del tema, aunque el proceso dure 5 meses si inicio el cambio antes de cualquier demanda de divorcio o similar, compensa?”.
Su interlocutor responde: “No es que compense, es que es el momento ideal. Cuanto antes mejor”. Añade: “Te protege a partir del cambio, no antes”. Y advierte de que esperar a que la relación empeore podría impedir que el procedimiento estuviera terminado cuando lo necesitase.
El siguiente consejo es ocultar la fecha de la rectificación. “Y cuando lo tengas, no lo digas alegremente o por lo menos la fecha en la que te concedieron el cambio”, escribe. Su preocupación es que la expareja denuncie hechos anteriores: “Te procesan igualmente por violencia de género”.
“En este chat nos habremos cambiado unos 20”
El mismo usuario calcula el alcance de la práctica: “Calculo que en este chat nos habremos cambiado unos 20”. Otro participante anuncia que está cerca de completar el proceso: “El 22 de este mes me toca última ratificación”.
También aparecen intentos fallidos. Uno relata que, después de haber sido denunciado, acudió al Registro Civil: “Yo lo intenté, un juez del registro me hizo una entrevista y no lo admitió por posible futuro fraude de ley o algo así”. Explica que estaba “desesperado” por quitarse lo que denomina “acoso judicial”.
Otro asegura haber conseguido la modificación y precisa: “Mi denuncia está en diligencias previas”. El primero mantiene su recomendación pese al rechazo que cuenta haber recibido: “Bueno, yo lo intenté. En el fondo, aunque con poca esperanza, ánimo a usar cada resquicio legal en nuestro beneficio”.
Si lo deniegan, probar en otro registro
Las indicaciones incluyen dónde presentar la solicitud y cómo actuar ante una negativa. Quien ofrece asesoramiento explica que también se la denegaron inicialmente, pero acudió a otro lugar: “Fui a otro sitio y ni me preguntaron”. Recomienda escoger un registro a partir de las valoraciones de un mapa disponible en la web que comparte.

Su consejo es volver a intentarlo en otra oficina antes que recurrir. Sostiene que los recursos pueden dejar el expediente abierto durante meses y bloquear la tramitación. En otro intercambio, un participante expresa el propósito con una comparación: “Hay que usar la fuerza nuestro enemigo en su contra como en el aikido”.
El supuesto blindaje tiene, además, un límite que el Tribunal Supremo ya ha señalado. En su sentencia 517/2026, del 22 de julio, la Sala de lo Penal estableció que la rectificación registral no permite neutralizar una condena por violencia de género en dos supuestos: cuando es posterior a los hechos y cuando, aun siendo anterior, se realiza con intención de defraudar la ley.
Pedir la eutanasia
Las propuestas que circulan en estos espacios también buscan movilizar a sus integrantes contra las instituciones. Una de ellas plantea utilizar las solicitudes de eutanasia para organizar una protesta. La idea es iniciar los trámites sin intención de recibir la prestación y retirarse al final.
Un hombre lo explica en un audio: pedirla permitiría acceder a profesionales sanitarios, exponer sus quejas y dejarlas incorporadas a la historia clínica. Presenta esa vía como una posible ayuda personal e incluso como prevención del suicidio, sin aportar respaldo para esos supuestos beneficios.
Después aclara cómo terminaría el recorrido: “El último día dices que no y ya está”. Lo que pretende aprovechar es la atención que, según sostiene, recibirían los solicitantes y la repercusión de que muchos actuaran a la vez.
“Una protesta masiva coordinada”
“Puede ser sobre todo una forma de protesta masiva coordinada”, afirma en la grabación. Imagina una multiplicación de peticiones capaz de generar presión: “Esto desbordaría totalmente las listas de eutanasia”.
También comparten una publicación de Facebook encabezada con las palabras “EUTANASIA Y LIVG”. Se dirige a padres que, según su autor, han perdido injustamente a sus hijos por las “leyes socialfeministas”. Incluye una infografía con las fases de la solicitud y utiliza cifras de padres afectados y suicidios sin aportar fuentes.
“Fijaos qué número tan elevado de profesionales atenderían vuestro caso”, escribe. Si lo hicieran “cientos de miles de personas”, añade, “el gobierno tendría que tomar cartas en el asunto”.
El objetivo es convertir un procedimiento sanitario en un cauce para sus reivindicaciones. Que los médicos escuchen sus quejas, que queden registradas y que la acumulación de peticiones fuerce una respuesta del Gobierno. La invitación del audio apunta precisamente a esa escala: “Imagínate que lo hiciera todo el mundo”.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

