La madre que busca a otras madres víctimas de feminicidios: “Quiero que el juicio de mi hija sea el juicio de todas”

Blanca, la madre de Carla, asesinada por su expareja en 2023, hace un llamamiento para que la acompañen en el juicio los familiares de víctimas de feminicidios. Quiere crear una asociación y luchar contra el olvido y por la memoria de las fallecidas

Blanca Gutiérrez quiere crear la primera asociación de víctimas de feminicidios
Blanca Gutiérrez quiere crear la primera asociación de víctimas de feminicidios
Carles Palacio

A Carla le gustaban las tortugas, el sushi, las series y hacer listas. Tenía 26 años, un piso recién comprado, una pareja estable y la costumbre de planificarlo todo en excels: viajes, horarios, proyectos, ideas para el futuro. Era metódica, divertida, trabajadora y casera. De esas personas que se beben la vida.

 

 

Carla era. Y dejó de ser porque un hombre decidió asesinarla en 2023. En unos minutos, redujo toda una vida a un titular, un número y un caso judicial.

Ahora que la Audiencia de Girona ya ha puesto fecha al juicio por su asesinato, Blanca Gutiérrez, su madre, teme que cuando se dicte sentencia también empiece a borrarse la última versión reconocible de su hija para el resto del mundo. “Me duele pensar que se hará el juicio y ya nadie se acordará de que Carla existió”.

Hay algo perverso en la manera en que una sociedad aprende a olvidar a sus mujeres asesinadas. Durante unos días tienen (con suerte) nombre, fotografía e historia. Después llega otra. Y otra más. Y otra. Hasta que las anteriores empiezan a desaparecer lentamente bajo el peso de las siguientes víctimas y el recuerdo colectivo acaba convertido en un simple recuento anual.

Carla y su madre tenían muy buena relación

“Pensaba que quería que llegara el juicio. Ahora me da miedo que se acabe”

Ese es precisamente el vacío que ahora persigue a Blanca. Durante meses creyó que el miedo estaba en llegar al juicio por el asesinato de su hija. En escuchar otra vez cómo la mataron, sentarse frente al hombre que acabó con su vida. Pero a medida que se acerca octubre, ha descubierto otra angustia mucho más honda y oscura: el miedo a que todo termine. A que después de la sentencia ya no haya llamadas de abogados, ni conversaciones sobre Carla, ni periodistas preguntando por el caso. A que el mundo continúe avanzando mientras ella sigue detenida en el mismo lugar desde julio de 2023.

“Pensaba que quería que llegara el juicio. Ahora me da miedo que se acabe”, reconoce. Quizá por eso ha empezado a buscar a otras madres. Mujeres que también sobrevivieron al asesinato de sus hijas y que entienden esa forma extraña de ausencia que llega cuando los focos se apagan y el dolor deja de interesarle al resto.

Blanca Gutiérrez quiere luchar para que no olvidemos a las víctimas de feminicidios, como su hija Carla
Blanca Gutiérrez quiere luchar para que no olvidemos a las víctimas de feminicidios, como su hija Carla
Carles Palacio

Blanca quiere reunirlas en Girona durante el juicio de Carla, que comienza el próximo 2 de octubre. Asun Casasola, la madre de Nagore Laffage a quien José Diego Yllanes mató en Pamplona en 2008,  ya le ha dado el sí. Pero busca más. Quiere una imagen simbólica, un arrope, un cambio. Hacer reflexionar a la sociedad. Ponernos ante un espejo, sacudirnos, despertarnos.

“No quiero que mi hija sea un número”

Cree que se deshumaniza a las víctimas de feminicidios. Tiene la sensación de que, una vez aparece la palabra “asesinada”, la mujer deja de existir como persona concreta y pasa a convertirse en un caso, una cifra o una reconstrucción morbosa. “Parece que solo importe cómo las han matado”, se lamenta. “No quiénes eran”. Le molesta especialmente la manera en que los feminicidios acaban convertidos en estadísticas. “No quiero que mi hija sea la número 30”, dice. “Mi hija existió. Trabajó, caminó por Girona, tenía pareja, tenía planes”.

Crítica también la manera en que las instituciones y la política abordan la violencia machista. Cree que existe mucho discurso público, muchos símbolos y muchos minutos de silencio, pero muy poco acompañamiento real para las familias que sobreviven después del crimen. “Cuando te pasa de verdad, estás más sola que la una”.

Tras el asesinato se sintió completamente perdida entre funerarias, abogados, bancos, registros civiles y trámites administrativos para los que nadie la había preparado. “No tienes cabeza para pensar. Vas como una marioneta”. Cuenta que desde el asesinato vive de forma automática. Trabaja, hace gestiones, sigue adelante. Pero insiste en una idea que repite varias veces durante la conversación: “Después de que te maten a tu hija, ya no te queda nada”.

Carla con su madre Blanca
Carla con su madre Blanca
Cedida

Ahora siente que puede ayudar a las siguientes porque está convencida de que las habrá. “No quiero que otra madre pase por esto completamente sola”. “Cuando asesinaron a mi hija había mujeres vivas que hoy ya están muertas”, reflexiona. “Y dentro de un año habrá otras”.

La primera asociación de víctimas de feminicidios

Su idea es crear la primera asociación española de familiares de víctimas de feminicidio. Un lugar donde madres, parejas y familias puedan acompañarse, orientarse y no sentirse abandonadas después del asesinato.

Blanca, la madre de Carla, explica que era una chica alegre, trabajadora, casera y que llena de ganas de vivir

No solo piensa en apoyo emocional. También en cosas mucho más concretas: saber qué papeles hay que pedir, cómo enfrentarse a un juicio, qué hacer con las cuentas bancarias de una hija asesinada o cómo sobrevivir a los días posteriores al crimen sin perderse entre trámites, llamadas y funcionarios. “Cuando me pasó a mí, no había nadie que me guiara”.

Por eso empezó a escribir a instituciones públicas buscando algún tipo de red de apoyo para familiares de víctimas. Contactó con el Ministerio de Igualdad, con la Generalitat y con distintas administraciones preguntando si existía alguna asociación de madres o familias que hubieran pasado por lo mismo. La respuesta que más la marcó llegó desde Igualdad. “Me dijeron que buscara en México, porque allí mataban a más mujeres y tenían más asociaciones. Me sentó fatal”.

Blanca quiere levantar algo más que una asociación. Intenta impedir que el olvido nos corroa, nos deshumanice, nos pudra. Que las Carlas, Nagores, Saidas y Kims no desaparezcan detrás de la siguiente víctima, del urgente titular y del próximo recuento.

Blanca y su colgante en forma de corazón
Carles Palacio

La memoria también construye lo que somos. Esta madre nos recuerda que borrar y olvidar también es una forma de violencia. Que hay momentos en los que un país debería ser capaz de decir basta y preguntarse: ¿Cuántos nombres más estamos dispuestos a olvidar?

Si quieres ponerte en contacto con Blanca y acompañarla en octubre en Girona o estás interesada en formar parte de su asociación puedes escribir a ammasociacionmujeresasesinadas@gmail.com

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.