Cine

El cielo entra en escena: películas para ver antes del eclipse

De planetas que se aproximan a la Tierra a destellos apenas visibles en el horizonte, el cine ha encontrado en los fenómenos celestes una manera de alterar la vida de sus personajes sin apartarse de nuestro mundo

'Melancolía' (2011), de Lars von Trier.
'Melancolía' (2011), de Lars von Trier.
Zentropa Productions

El 12 de agosto, buena parte de España verá cómo la tarde se oscurece antes de tiempo. Un eclipse total de Sol —el primero visible desde la península ibérica en más de un siglo— llegará cerca del ocaso, con el astro ya muy bajo sobre el horizonte. Mientras millones de personas se preparan para mirar hacia arriba, el cine ofrece numerosos ejemplos de lo que ocurre cuando el cielo deja de comportarse como un fondo estable.

Durante décadas, los cineastas han utilizado los fenómenos celestes para alterar la percepción de sus personajes y hacer visibles estados de ánimo difíciles de explicar. Un planeta que se acerca, un eclipse o un breve cambio de color en la puesta de sol pueden interrumpir la vida cotidiana y mostrarla bajo una luz distinta.

'Melancolía' (2011), de Lars von Trier.
‘Melancolía’ (2011), de Lars von Trier.
Zentropa Productions

Lo monumental y lo íntimo: Melancolía

Pocas películas ofrecen un comienzo más contundente para este recorrido que Melancolía (2011), de Lars von Trier. En este drama apocalíptico, el planeta errante que da título a la película aparece en el cielo, oculta la estrella Antares y avanza hacia una posible colisión con la Tierra. Justine, su protagonista, recibe la amenaza con una serenidad que contrasta con la angustia de quienes la rodean. La proximidad del planeta parece darle una forma física a la depresión que la paraliza.

La película abre con un prólogo hipnótico en cámara lenta. Los pájaros caen del cielo, un caballo se desploma y los cuerpos parecen moverse bajo una gravedad distinta, mientras suena el preludio de Tristán e Isolda, de Wagner. Las imágenes anticipan el final y hacen de la destrucción del mundo una experiencia extrañamente íntima.

Cuando la colisión resulta inevitable, Justine construye una «cueva mágica» de ramas para su sobrino. El refugio apenas puede protegerlos, pero les permite afrontar juntos los últimos minutos. Von Trier reduce así la escala del apocalipsis. Ante la desaparición del planeta, lo único que queda es una pequeña estructura levantada para acompañar a un niño.

Vincent Gauthier y Marie Rivière en ‘El rayo verde’ (1986).
Les Films du Losange

En busca de una señal: El rayo verde

El rayo verde (1986), de Éric Rohmer, sitúa el fenómeno celeste en el extremo opuesto. La película sigue a Delphine, una joven que atraviesa un verano solitario y acaba obsesionada con el destello verdoso que en ocasiones aparece durante los últimos instantes de una puesta de sol.

La película toma su título de la novela de Julio Verne, donde se cuenta que quien contempla el rayo puede leer sus propios sentimientos y los de los demás. Delphine espera que aquella luz fugaz le confirme que todavía puede ocurrirle algo inesperado.

El fenómeno surge en una puesta de sol corriente y apenas dura un segundo. Aun así, concentra las expectativas acumuladas durante todo el verano. Frente al planeta gigantesco de Von Trier, Rohmer elige una variación mínima de la luz que solo adquiere importancia porque su protagonista necesita verla.

Carlin
Carlin Glynn en ‘Judy Berlin’ (1999).
Shooting Gallery

Sombras suburbanas: Judy Berlin y Coherence

El eclipse también puede alterar una tarde aparentemente normal. En Judy Berlin (1999), dirigida por Eric Mendelsohn, la oscuridad alcanza un suburbio de Long Island y saca a sus habitantes de sus costumbres. Las calles adquieren una apariencia onírica, y los personajes comienzan a deambular por ellas como si el barrio que conocen hubiera quedado suspendido durante unas horas.

Algunos se mueven como fantasmas; otros juegan a caminar sobre la Luna. El eclipse basta para que los recuerdos y los deseos que permanecían ocultos salgan a la superficie. La vida continúa, aunque la nueva luz haga que cada rincón resulte ligeramente extraño.

Una alteración más hostil tiene lugar en Coherence (2013), de James Ward Byrkit. Ocho amigos se reúnen para cenar durante el paso del cometa Miller. Tras un corte eléctrico, descubren que cerca de allí existe otra casa idéntica, habitada por versiones distintas de ellos mismos.

El cometa abre una grieta en la realidad y enfrenta a los personajes con las vidas que podrían haber llevado. La cena acaba revelando rivalidades, secretos y resentimientos que ya estaban presentes antes del apagón. El fenómeno celeste no introduce esos conflictos. Se limita a crear las condiciones para que nadie pueda seguir ignorándolos.

Lars Rudolph en 'Las armonías Werckmeister'.
Lars Rudolph en ‘Las armonías Werckmeister’ (2000).
The Criterion Collection

Una cosmología humana: Armonías de Werckmeister

Armonías de Werckmeister (2000), de Béla Tarr y Ágnes Hranitzky, comienza con una de las representaciones celestes más hermosas de la historia del cine. En una taberna húngara casi vacía, János Valuska coloca a varios clientes borrachos en el centro de la sala y les asigna los papeles del Sol, la Tierra y la Luna. Después los dirige en un torpe movimiento circular para explicarles cómo se produce un eclipse.

Cuando János describe el instante en que la Luna oculta por completo al Sol, los hombres se detienen. La taberna queda en silencio y el pequeño modelo improvisado adquiere una solemnidad inesperada. Cuando la luz regresa, los cuerpos reanudan el baile.

La escena anuncia el desorden que recorrerá después la película. János busca una armonía en el movimiento de los astros mientras la comunidad que lo rodea se aproxima a la violencia. El eclipse ofrece durante unos segundos un orden comprensible, aunque el mundo exterior se resista a obedecerlo.

Kathy Bates en ‘Eclipse total (Dolores Claiborne)’ (1995).
Columbia Pictures

Justicia en la sombra: Eclipse total (Dolores Claiborne)

En Eclipse total (Dolores Claiborne) (1995), de Taylor Hackford y basada en la novela de Stephen King, el eclipse solar ocupa el centro mismo de la narración. La llegada del fenómeno concentra la atención de toda una isla de Maine y le ofrece a Dolores la oportunidad de actuar contra su marido, que ha abusado de su hija.

Con los vecinos mirando hacia el cielo, Dolores puede llevar a cabo un acto que había preparado durante meses. La oscuridad interrumpe las reglas habituales de la comunidad y cubre durante unos minutos aquello que no podría suceder a plena luz del día.

El eclipse queda ligado a la memoria de la protagonista y de su hija. Años después, ambas tendrán que reconstruir lo ocurrido bajo aquella sombra y afrontar las heridas que dejaron tanto el abuso como el silencio posterior.

Monica Vitti en ‘El eclipse’ (1962).
Cineriz

La ausencia de luz: El eclipse y Barrabás

El eclipse (1962), de Michelangelo Antonioni, presenta un caso distinto. El fenómeno anunciado por el título nunca aparece en la historia. Antonioni eligió el nombre después de presenciar y filmar un eclipse en Florencia, donde le impresionaron el frío repentino y la sensación de que los sentimientos también quedaban suspendidos.

La película termina con un célebre montaje de los espacios donde sus protagonistas deberían haberse encontrado. La noche cae, las farolas se encienden y la ciudad continúa sin ellos. El eclipse al que alude el título es el de una relación que se ha apagado y ha dejado tras de sí únicamente calles, edificios y objetos.

Barrabás (1961), de Richard Fleischer, cierra el recorrido con un caso excepcional. La secuencia de la crucifixión fue filmada durante un eclipse total de Sol real ocurrido en Italia el 15 de febrero de 1961. La producción tuvo que preparar la escena para un fenómeno que apenas ofrecía unos minutos y que no podía repetirse.

El oscurecimiento del cielo quedó registrado en la propia película. En lugar de recrear el eclipse mediante decorados o efectos ópticos, Fleischer incorporó un acontecimiento astronómico irrepetible a la puesta en escena. El cielo dejó así una huella física en la película.

Escena del eclipse en ‘Barrabás’ (1961), de Richard Fleischer.
Dino de Laurentiis Cinematographica

Prepararse para el 12 de agosto

La franja de totalidad atravesará España de oeste a este, desde Galicia hasta Baleares, y pasará por ciudades como Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Palma. En Asturias, la oscuridad total durará cerca de dos minutos en lugares como Gijón y Oviedo. Madrid verá un eclipse parcial muy profundo, pero permanecerá fuera de la zona donde el Sol quedará completamente cubierto.

Como el fenómeno tendrá lugar al atardecer, será importante buscar un punto con el horizonte occidental despejado. La baja posición del Sol hará que edificios, montañas o árboles puedan impedir la visión incluso desde lugares situados dentro de la franja de totalidad.

Para observarlo con seguridad conviene recordar unas normas básicas:

  • Protección certificada. Durante todas las fases parciales deben utilizarse gafas para eclipses que cumplan la norma EN ISO 12312-2:2015 y lleven el marcado CE.
  • El momento de la totalidad. Las gafas solo pueden retirarse cuando el Sol esté completamente oculto y únicamente desde un lugar situado dentro de la franja de totalidad. En Madrid y en cualquier otra zona donde el eclipse sea parcial deberán mantenerse puestas durante todo el fenómeno.
  • Los cambios del entorno. Durante la totalidad pueden percibirse una bajada de temperatura y variaciones en el comportamiento de algunos animales, que reaccionan ante la desaparición repentina de la luz.

El eclipse del miércoles será una experiencia inédita para buena parte del país. Durante unos minutos, el cielo modificará la luz, la temperatura y el aspecto de lugares conocidos. Las películas reunidas aquí llevan décadas imaginando ese instante. En ellas, mirar hacia arriba altera también lo que los personajes creían saber sobre la vida que continúa debajo.

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