Emmanuel Carrère, escritor: “Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte que hacer como si fuera Dios”

Su obra mezcla crónica, autobiografía y literatura para cuestionar la objetividad y explorar los límites éticos de contar vidas reales

El francés Emmanuel Carrère, uno de los grandes autores contemporáneos, ahonda en la exploración familiar de sus antepasados en 'Koljós' (Anagrama)
El francés Emmanuel Carrère.
EFE

Emmanuel Carrère ha construido una de las obras más reconocibles de la literatura contemporánea a partir de una sospecha: la objetividad absoluta no existe. O, al menos, no existe cuando alguien escribe sobre vidas reales, crímenes, creencias, juicios, traumas o zonas oscuras de la experiencia humana. Frente al narrador invisible que aparenta verlo todo desde fuera, el autor francés ha elegido casi siempre el camino contrario: aparecer en sus libros, mostrar sus dudas, admitir sus límites y reconocer que toda historia está atravesada por la mirada de quien la cuenta.

Esa idea quedó resumida en una entrevista concedida a BBC Mundo en 2021, con motivo de la publicación en español de Yoga. Allí, Emmanuel Carrère explicó: “Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte, o con cuyos personajes he tenido interacciones, que contarla como si fuera Dios o pudiera ver las cosas desde el planeta Marte. Cuando hago no ficción, las interacciones que puedo tener con los personajes forman parte de la obra”. La frase funciona casi como una poética de toda su carrera: escribir no es desaparecer, sino asumir desde dónde se mira.

La primera persona como método literario

Emmanuel Carrère, escritor: "Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte que hacer como si fuera Dios"
Portada de la novela ‘El adversario’.
Anagrama

En la obra de Emmanuel Carrère, la primera persona no es un adorno ni una confesión gratuita. Es una herramienta de precisión. El escritor francés no se coloca en el centro de sus libros solo para hablar de sí mismo, sino para explicar qué ocurre cuando un autor se acerca demasiado a una historia real. Su presencia altera el relato, pero también lo hace más transparente: el lector sabe quién mira, desde dónde mira y qué heridas o contradicciones lleva encima.

Esa forma de escribir lo ha convertido en una figura clave de la no ficción europea. La Fundación Princesa de Asturias destacó en 2021 que, a partir de El adversario, Carrère abandonó la ficción pura y empezó a desarrollar libros en los que mezcla su propia experiencia con vidas reales, personajes históricos y acontecimientos documentados. Ese cambio de rumbo es el que terminó definiendo su voz literaria.

El adversario fue el punto de inflexión. En ese libro, Emmanuel Carrère reconstruyó la historia de Jean-Claude Romand, el hombre que fingió durante años ser médico y acabó asesinando a su familia cuando su mentira estaba a punto de derrumbarse. Pero el libro no se limita a contar el crimen. También cuenta la incomodidad del escritor que intenta comprenderlo, su relación con el caso y la imposibilidad de mirar el horror sin quedar tocado por él.

‘Yoga’, el libro que se rompió por dentro

Emmanuel Carrère, escritor: "Me parece más honesto contar una historia de la que formo parte que hacer como si fuera Dios"
Portada de la novela ‘Yoga’, de Emmanuel Carrère
Anagrama

La frase de Emmanuel Carrère sobre no escribir “como si fuera Dios” adquirió un sentido especial con Yoga, quizá su libro más discutido. El proyecto nació como un texto sobre meditación, equilibrio y búsqueda interior, pero terminó convertido en otra cosa: el relato de una crisis personal, una depresión profunda, un diagnóstico psiquiátrico, una hospitalización y una vida que se desordena mientras el propio libro cambia de forma.

La controversia llegó porque Yoga también quedó atravesado por la separación de Carrère y la periodista Hélène Devynck. Diversos medios recogieron que, dentro de las condiciones de su divorcio, el escritor no podía escribir sobre su exmujer o su hija sin autorización previa. Esa limitación afectó al proceso del libro y alimentó un debate incómodo sobre los límites éticos de la autoficción, la memoria y el derecho de los demás a no convertirse en material literario.

Ahí aparece una de las grandes paradojas de Emmanuel Carrère. Su literatura se basa en contar desde dentro. Pero ese “dentro” nunca es un espacio inocente. Cuando un escritor utiliza su propia vida, también roza la vida de otros. Cuando escribe sobre su dolor, puede arrastrar heridas ajenas. Por eso su obra fascina y molesta a la vez: porque no esconde el conflicto moral de la escritura.

Una obra entre la realidad y la conciencia

Emmanuel Carrère - Cultura
Una fotografía de archivo de Emmanuel Carrère.
EFE

El método de Emmanuel Carrère se repite, con variaciones, en algunos de sus libros más importantes. En Una novela rusa, el autor explora la historia familiar, la memoria soviética y sus propios fantasmas personales; en De vidas ajenas, parte del tsunami de Sri Lanka y de la enfermedad para escribir sobre el sufrimiento de los otros; en Limónov, convierte la vida del escritor y aventurero ruso Eduard Limónov en una vía para recorrer el siglo XX europeo, y en El Reino, se adentra en los orígenes del cristianismo y en su antigua fe perdida.

También en V13, su crónica sobre el juicio por los atentados de París de noviembre de 2015, Carrère mantiene esa tensión entre observación y presencia. No se limita a levantar acta judicial. Mira, escucha, duda, se pregunta qué significa representar el horror y qué puede hacer la literatura ante el dolor de las víctimas. Su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2021 estuvo precisamente marcado por el recuerdo del Bataclan.

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