Verano

La cultura como santuario: los museos españoles se convierten en refugios climáticos

A medida que las olas de calor son más extremas, las instituciones culturales empiezan a funcionar también como espacios físicos de protección, con sombra, agua, descanso y refrigeración

Una 'reading party' en el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes.
Una 'reading party' en el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes.
Círculo de Bellas Artes

Durante mucho tiempo, se habló de la cultura como refugio en un sentido casi exclusivamente simbólico. Una biblioteca, un museo o un centro cultural ofrecían una pausa mental frente al ruido del mundo: un lugar para leer, mirar, escuchar o simplemente apartarse durante un rato de la velocidad cotidiana. Pero el calor ha vuelto literal esa vieja metáfora. En una España cada vez más expuesta a olas de calor tempranas, largas e intensas, la cultura ya no protege solo la imaginación. También empieza a proteger el cuerpo.

El Gobierno ha presentado este verano la Red de Refugios Climáticos, enmarcada en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. El MITECO ha activado un mapa que identifica unos 1.100 espacios en todo el país, públicos y privados, con información sobre su localización y características. Además, el BOE recoge una convocatoria de 10 millones de euros para acondicionar nuevos refugios, crear redes locales y adaptar centros educativos.

La idea es sencilla, pero revela un cambio de fondo. Un refugio climático debe ser un espacio seguro, accesible y bien distribuido, capaz de ofrecer alivio frente a temperaturas extremas. Puede ser una biblioteca, un colegio, un museo, un parque o un edificio administrativo. Lo importante es que funcione como una infraestructura de cuidado, especialmente para personas mayores, infancia, enfermos crónicos o vecinos sin acceso a viviendas bien acondicionadas.

En Madrid, varias instituciones culturales han asumido ese papel de forma visible. El Círculo de Bellas Artes ha convertido su Salón de Baile en un refugio climático con la instalación 62 descansillos, diseñada por Recetas Urbanas. El espacio ofrece zonas para leer, trabajar, jugar o descansar sin obligación de consumir, además de una fuente de agua y una guardería para plantas pensada como gesto de apoyo mutuo entre vecinos.

También el Museo Reina Sofía ha activado por segundo año consecutivo su refugio climático. Hasta el 2 de septiembre, el Jardín y el Pasillo F del Claustro del Edificio Sabatini funcionan como espacio gratuito de descanso, con sofás y sillones a disposición del público. La propuesta se completa con flamenco en vivo, talleres infantiles y cine de verano en el Jardín. En un barrio como Lavapiés, con pocos espacios verdes, el museo se presenta así como algo más que una institución artística: también como un lugar donde atravesar las horas más duras del día.

El Museu de les Ciències forma parte de la Red de Refugios Climáticos constituida por el Ayuntamiento de València.
El Museu de les Ciències forma parte de la Red de Refugios Climáticos constituida por el Ayuntamiento de València.
Ciudad de las Artes y las Ciencias

Barcelona lleva años trabajando en esta dirección. Su red de refugios climáticos es una de las más consolidadas del país, con equipamientos culturales como el CCCB integrados en el sistema. En València, el Museu de les Ciències ha incorporado la Calle Menor como zona de libre acceso con climatización, asientos, aseos y fuente de agua. La cultura, en estos casos, se mezcla con urbanismo, salud pública y adaptación climática.

El cambio tiene también una lectura social. El sociólogo Eric Klinenberg ha defendido el papel de bibliotecas, parques y centros culturales como infraestructuras sociales imprescindibles para construir comunidades más cohesionadas y resilientes. La emergencia climática da una nueva urgencia a esa idea. No basta con tener edificios bonitos o programaciones ambiciosas. Las ciudades necesitan lugares donde la gente pueda estar sin pagar, sin consumir y sin quedar expuesta al calor.

La expansión de estos refugios, sin embargo, sigue siendo desigual. Greenpeace advertía a comienzos de julio de que solo 19 de las 52 capitales de provincia españolas contaban con una red formal de refugios climáticos. La organización señalaba además problemas de horarios, falta de información y espacios poco adecuados. Es decir, el refugio climático no puede quedarse en una etiqueta. Tiene que abrir cuando hace falta, ser gratuito, estar señalizado y ofrecer condiciones reales de descanso.

Los museos españoles empiezan a demostrar que su función pública puede ampliarse en un mundo que se calienta. Siguen siendo lugares para mirar, aprender y pensar, pero también pueden ser espacios donde sentarse, beber agua y recuperar el aliento. En otro tiempo, la cultura prometía un refugio para el alma. Este verano, cada vez más, también lo promete para el cuerpo.

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