La presentación de Quiero que estéis bien atentos, el primer libro de Mariano Torrente, no fue una puesta de largo convencional, sino una especie de manifiesto compartido sobre la atención, el asombro y la necesidad urgente de detenerse en un tiempo diseñado para la dispersión. El acto, acompañado por la psiquiatra Marian Rojas Estapé, se convirtió en una conversación viva -salpicada de magia, reflexión y humor- sobre una idea central que atraviesa el libro: que la vida cambia cuando uno aprende a mirar de verdad.
La bienvenida estuvo marcada por el afecto y también por cierta conciencia de acontecimiento. Desde la editorial se subrayó el largo proceso de gestación del libro, un trabajo de años en el que, según se recordó, hubo múltiples índices, manuscritos corregidos, cambios de cubierta y muchas conversaciones hasta dar con la forma definitiva. Se definió la obra como “una llamada a pararnos, a detenernos, a prestar atención a los demás, al presente y a algo que todos tenemos dentro y a menudo dejamos de lado: la capacidad de asombrarnos y de asombrar a los demás”.
A partir de ahí, tomó la palabra un Mariano Torrente visiblemente emocionado. “Es un día muy especial, único en la vida. Yo nunca pensé que iba a escribir un libro”. Rodeado de familia, amigos, compañeros de trabajo, clientes y colegas del mundo del ilusionismo, el autor reconoció sentirse “profundamente agradecido” y explicó que había querido que aquella no fuese “una presentación al uso, sino algo memorable, que deje un recuerdo para siempre”.
La conversación se centró muy pronto en el origen del libro. Torrente relató que el proyecto surgió, en parte, de forma inesperada, casi accidental, tras una actuación en el Teatro Real y una posterior charla ante directivos del Grupo Planeta. Pero más allá de esa cadena de casualidades, el verdadero impulso fue interior. “Si me fuera a morir mañana y tuviera que dejar un mensaje al mundo, diría que estar bien atentos a la realidad te puede cambiar la vida”, resumió. Ese fue, dijo, el punto de partida real del libro.
Marian Rojas Estapé, que acompañó a Torrente durante el acto, aportó la dimensión psicológica y vital del mensaje. Lo definió como alguien que no busca únicamente entretener o fascinar, sino ayudar a estar presentes. “Mariano no quiere solo que disfrutes; quiere que estés presente, aquí”, vino a decir. En su intervención insistió en que, en una época de aceleración, pantallas y sobreestimulación, detenerse a mirar con hondura se ha vuelto “completamente revolucionario”.

El núcleo de la conversación giró en torno al asombro, esa palabra que Torrente sitúa en el centro del libro. Para él, no se trata de una emoción infantil o secundaria, sino de una “posición original y honesta de estar en el mundo”. Lamentó que la sociedad actual dificulte enormemente esa disposición: “Nos hemos dejado sorprender”, afirmó. “Estamos intoxicados de estímulos, no despegamos la cara de los teléfonos móviles, nos hemos alejado de la naturaleza”. Frente a la idea de que solo puede asombrar lo extraordinario o lo espectacular, reivindicó la potencia de lo cotidiano: una conversación, un paisaje, una noche estrellada, la letra de una canción o una comida en familia. “No hace falta irse a vivir una experiencia brutal al otro lado del mundo para sorprenderse. Puedes estar en tu pueblo de Soria y tener una vida plena”.
En uno de los momentos más celebrados, Torrente llevó esa teoría a la práctica con un truco en directo. El gesto no fue decorativo: servía para mostrar cómo el asombro rompe nuestras predicciones automáticas y nos obliga a despertar. Él mismo lo explicó así al hablar de la atención, otro de los ejes fundamentales del libro. “La atención es la clave del éxito”, sostuvo. “El que no está atento se pierde la vida, se pierde lo que tiene delante”. A su juicio, la gran amenaza de nuestro tiempo no es solo el exceso de estímulos, sino la colonización interesada de nuestra mirada. “Hay muchos actores en el ecosistema actual que luchan por nuestra atención; son grandes ilusionistas”, advirtió.
En ese punto, Marian Rojas Estapé desarrolló con amplitud los efectos psicológicos de esa distracción constante. Explicó cómo el cerebro busca predicciones y seguridad, y cómo el asombro rompe ese automatismo y activa la atención profunda. También subrayó que el exceso de estímulos nos vuelve adictos a lo superficial, dificulta la empatía y empobrece nuestra relación con el sentido de la vida. En su análisis, recuperar la atención y la capacidad de sorprendernos no es un lujo, sino una necesidad cognitiva y emocional.
A lo largo del acto aparecieron también otras ideas del libro: la importancia del silencio, el valor de la contemplación, la necesidad de salir del piloto automático y el papel de los maestros. Pero quizá la fuerza del encuentro estuvo en haber conseguido convertir esos conceptos en una experiencia tangible, no solo en un discurso. Quien acudió a escuchar a Mariano Torrente salió, al menos durante un rato, un poco más atento.
La velada concluyó entre aplausos, magia y un ambiente de celebración compartida. No fue solo la presentación de un libro, sino la puesta en escena de una convicción: que todavía es posible resistir la dispersión, mirar con hondura y dejarse afectar por lo que ocurre delante de nosotros. O, como resumió el propio autor, que aprender a estar bien atentos puede, de verdad, cambiarnos la vida.

