Opinión

El Boss de la Magia

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A Carmen Rincón y Abel Veiga.

Los algoritmos, la IA y la CIA están cambiando nuestra vida, están finiquitando el mundo de ayer. Pero no perdamos la esperanza, no todo está perdido. No hay red social ni Silicon Valley ni Elon Musk que acaben con el Concierto de Año Nuevo de Viena, el Percebe do Roncudo o el boca a boca. No los hay.

El boca a boca fue el culpable de que un domingo por la tarde volviese a entusiasmarme con el sublime mandamiento que resume el credo del inmenso Víctor Hugo: “Oh, utilidad increíble de lo inútil”. Ese día asistí a 13 Actos Mágicos (2 + 11), un extraordinario espectáculo de ilusionismo de Pablo Corner. Un mago que es una continua caja de sorpresas.

Pablo Corner (Pablo Rincón, para familia y amigos) ha visto 77 conciertos de Bruce Springsteen en directo; este hombre nació para correr, Born to Run, tras The Boss por medio planeta. Este políglota extremeño de Cáceres, My Hometown, no solo habla español e inglés, sino también portugués, ruso y se defiende en japonés. Viajero incansable, vivió en Kiev, ya solo le resta por conocer Oceanía.

La magia de siempre

Pablo Rincón estudió en ICADE y fue banquero, pero no era feliz en el opulento mundo de las finanzas y prefirió serlo en el precario mundo del ilusionismo. Por eso cambió el rutilante traje de luces de banquero por el brillante, pero humilde disfraz, Brilliant Disguise, de mago. Pablo prefirió bailar en la oscuridad, Dancing in the Dark, que trepar en la City.

La función de nuestro artista se celebra en la sala La Reina Lagarta, en una de esas madrileñas calles de Malasaña que, como las Streets of Philadelphia, son universalmente conocidas. En el corazón de la Movida Pablo Corner lleva cinco años triunfando, y eso no es nada fácil, porque las tardes de domingo, en la Villa y Corte, compiten más de doscientos espectáculos artísticos.

Pablo Corner practica la magia de cerca, la magia de siempre. Mientras David Copperfield hace desaparecer la Estatua de la Libertad, este entusiasta del Loquillo de Nueva Jersey hace desaparecer, en sus más de dos horas de función, el aburrimiento, la tristeza y el tiempo. Pablo ejecuta la magia de cartas, que, como el soneto para el poeta o el gol para el futbolista, es a la vez la más simple y la más complicada. La baraja para Pablo Corner es como la batuta para Gustavo Gimeno y Guillermo García Calvo o el violín para Pablo Martos Lozano, grandes músicos españoles; la baraja es el mapa de sus manos, es la extensión de sus dedos.

El público en el bolsillo

El espectáculo de este prestidigitador ilustrado, como el río de Heráclito, The River, no es nunca el mismo. Pablo interactúa con el publico de una manera asombrosa. En pocos minutos, como si fuese José Saramago, se sabe Todos los nombres de los asistentes a la representación; se sabe los nombres de más de treinta personas. Y además con su simpatía, su calidez, con su toque humano, su Human Touch, se mete a todo el mundo en el bolsillo.

Edgar Allan Poe decía que lo más importante de un poema era el último verso y de una novela la última página. Y Pablo conoce esta verdad universal, por eso el número postrero de su show es el más difícil y justifica los ciento veinte minutos anteriores. Todo el público participa y Pablo repite mil veces que el truco no va a salir …y vaya si sale.

El prodigio se multiplica porque nuestro ilusionista no solo consigue que una niña de seis años permanezca más de dos horas absorta y embrujada, sino que logra, además, que sea con él la protagonista principal del deslumbrante acto final de la tarde. Pablo Corner consigue que todos los espectadores que llegaron a Malasaña escépticos, ateos y agnósticos vuelvan a sus casas convertidos en enfervorizados creyentes de la magia, esa otra religión. Una religión monoteísta más, como las tres del Libro y el fútbol. El Dios del balón es Maradona; el de los magos, Houdini.

Sus maestros

Este mago extremeño, que conquista corazones como sus paisanos conquistaron continentes, reconoce con admiración a todos sus maestros y referentes. Reconoce al revolucionario y rompedor Juan Tamariz, el Picasso de la magia del siglo XX, y a los grandes Arturo de Ascanio y Gabi Pareras que convirtieron a España en El Dorado del ilusionismo y a la capital del reino en su Quinta Avenida. La Escuela Mágica de Madrid, que no son Vinicius ni Marcos Llorente, es el epicentro de la magia mundial. Madrid es Las Ventas del ilusionismo y del …toreo. Sí, nuestra magia vive Glory Days. Y Pablo no se olvida de Pepe Carrol, el genio, prematuramente desaparecido, que fundió la magia con el humor; que fundió el asombro con las carcajadas, con las sonrisas.

Hoy que en el mundo son Malos tiempos para la lírica, hoy que todos esperamos Better Days, la magia y los magos son más necesarios que nunca. Los prestidigitadores no precisan, como los políticos, engañar a la gente, porque como todos los niños saben (y los niños según Platón no mienten) son los sumos sacerdotes de la ilusión y la fantasía.

Un oasis de humor y de talento

Quiero celebrar el milagro de un espectáculo que sobrevive cinco años en el rompeolas de todas las Españas, por el truco más infalible que existe: la magia del boca a boca. En este páramo duro y exigente, Badlands, que es la meseta madrileña, 13 Actos Mágicos (2 +11) es un oasis de humor, ternura y talento.

Mientras Pablo en su jardín secreto, en su Secret Garden, sigue ensayando sus números, nosotros seguiremos preguntándonos como descubrir sus ardides. Solo Luis Alberto, inmenso bardo sin silla en la Academia, pero con sillón en el Parnaso, los conoce: “Y reina una luz tibia / que baña el universo y escribe en las estrellas, / con letras imborrables, el secreto del Mago”.

Quiero dar las gracias a Pablo Rincón porque una fría tarde madrileña, cerca de El Penta y La Vía Láctea, hizo feliz a mi hija Constanza y a otros niños y eso lo convierte para Teresa, mi mujer, y para mí en el hombre más importante del mundo, en The Boss. Gracias Pablo, por tu arte y por tu magia.