Hay algo particularmente revelador en la manera en que Lily-Rose Depp mira al vampiro. En Nosferatu, la película de Robert Eggers que recupera el mito de la criatura creada por F. W. Murnau en 1922 a partir de la novela Drácula, de Bram Stoker, Ellen Hutter no es simplemente una víctima. Su relación con el conde Orlok, interpretado por Bill Skarsgård, está atravesada por un deseo que la sociedad de su tiempo no sabe cómo nombrar.
Para Lily-Rose Depp, interpretar a Ellen significó entrar en un territorio que conocía desde niña. Hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis, creció en una familia en la que el cine y la música formaban parte de su paisaje cotidiano. Pero su carrera como actriz ha estado marcada por la contradicción de disponer de un apellido que abre puertas y, al mismo tiempo, tener que demostrar que puede mantenerse dentro de ellas por sus propios méritos.
En Nosferatu, Depp encontró un personaje que le permitía enfrentarse a sus propios límites como intérprete. “Siempre me ha fascinado este tipo de historias”, explicó durante una conversación con Artículo14. Su relación con el mito de Drácula comenzó en la infancia, cuando veía con su hermano Abbott and Costello Meet the Monsters. Él quedó fascinado con el conde y llegó a disfrazarse constantemente de Drácula, hasta el punto de hablar con acento de Transilvania. Después llegarían Bela Lugosi, Christopher Lee y hasta la parodia de Mel Brooks, Dracula: Dead and Loving It.
Cuando supo que Eggers preparaba su versión de la historia, Depp quiso formar parte del proyecto. Admiraba al director y consideraba que era la persona adecuada para regresar a un relato que llevaba más de un siglo alimentando el imaginario del terror.
“Creo que llegué temblando a la audición porque no podía creer que iban a darme la oportunidad de participar en algo tan especial”, recordó.
Desde Carmilla, la novela de Sheridan Le Fanu publicada en 1872, hasta Rosemary’s Baby, Drácula, de Francis Ford Coppola, Jennifer’s Body, Possession o A Girl Walks Home Alone at Night, el cine de terror ha utilizado con frecuencia a mujeres que desafían las reglas como figuras inquietantes. El género permite convertir en monstruoso aquello que las sociedades consideran transgresor: el deseo, la sexualidad, la independencia o la negativa a aceptar el papel asignado.

Ellen pertenece a esa genealogía. “Ella está lidiando con una especie de guerra interna”, explicó Depp. Su personaje intenta aceptar aspectos de sí misma para los que la sociedad en la que vive no tiene espacio. La vergüenza de sus deseos la aísla y la obliga a enfrentarse a una oscuridad que siempre ha formado parte de ella.
Lily-Rose Depp también conoce lo que significa cargar con una identidad construida por los demás. Hasta Nosferatu había desarrollado su carrera entre películas como The King, Voyagers! o la serie The Idol, mientras el debate sobre su apellido la acompañaba desde el comienzo. Ser hija de dos figuras internacionales la convirtió, incluso antes de consolidarse como actriz, en uno de los rostros más conocidos de la generación de los llamados nepo babies.
La etiqueta adquirió una nueva dimensión cuando Depp decidió hablar de ello. En una entrevista con la revista Elle, reconoció que conocía perfectamente el término y cuestionó la idea de que pertenecer a una familia famosa explicara por sí solo una carrera como la suya.
“Tal vez pongas tu pie en la puerta, pero todavía lo tienes en la puerta. Hay mucho trabajo que viene después de eso”, afirmó.
Depp defendía que, aunque el apellido pueda facilitar una primera oportunidad, no garantiza conseguir un papel. “Nada te va a dar el papel excepto ser la persona adecuada para el papel”, sostuvo.
Sus palabras provocaron una reacción inmediata. La modelo italiana Vittoria Ceretti, que no procede de una familia vinculada a la industria del entretenimiento, respondió en redes sociales cuestionando la comparación entre ambos recorridos. Ceretti recordó que para quienes carecen de conexiones familiares el rechazo suele tener consecuencias económicas mucho más duras y criticó la idea de equiparar ambas experiencias.
El enfrentamiento resumía una discusión que Hollywood arrastra desde hace años: ¿hasta dónde llega el privilegio y dónde empieza el mérito?

La polémica alrededor de los nepo babies cuestiona la capacidad de sacrificio de quienes nacen en familias famosas. Plantea también la idea de que solo ellos pueden permitirse esperar una segunda oportunidad porque aquí solo ellos llegan a una audición con una red de seguridad detrás.
Lily-Rose Depp nunca ha negado que su apellido forme parte de su historia. Lo que reivindica es que no sea la explicación completa de su carrera. También ha tenido que convivir desde niña con una fama que no eligió y con la exposición de pertenecer a una de las familias más reconocibles de Hollywood. Su nombre quedó inevitablemente ligado a la vida pública de sus padres y, más tarde, al proceso judicial que enfrentó a Johnny Depp con Amber Heard.
Precisamente por eso, la construcción de su carrera resulta más compleja que la simple etiqueta de nepo baby. El privilegio y el trabajo pueden coexistir. Una cosa no elimina necesariamente la otra. Tener una puerta de entrada más accesible no significa que todo lo que sucede después sea gratuito.
Lily-Rose Depp lucha contra una identidad pública que la precede y su desafío consiste en conseguir que, después de verla en pantalla, recuerden su interpretación.
Por eso Nosferatu puede representar un punto de inflexión. El género de terror le permite abandonar el territorio más evidente de la celebridad heredada y entrar en uno mucho más convulso, donde tiene que perder el control.
“Me inclino hacia personajes con una psicología compleja porque me gusta el reto”, nos explicó. “Cuanto más complejo emocionalmente sea un personaje, más te sacará de tu zona de confort”. Lily-Rose Depp sabe que nació con ventaja. También sabe que el público nunca dejará de recordárselo.
Ahora le toca conseguir lo más difícil. Hacernos olvidar que cuando se pronuncie su nombre, después de Johnny Depp, Vanessa Paradis y la palabra nepo baby, aparezca también el de una actriz.

