Hollywood Gen Z

Maya Hawke, la ‘nepo baby’ que no reniega de su privilegio

La hija de Uma Thurman y Ethan Hawke admite que su apellido le abrió puertas, pero ahora afronta el reto de demostrar que puede brillar por mérito propio

Maya Hawke
Maya Hawke
Montaje: kiloycuarto

Hay apellidos ilustres que funcionan como una llave en Hollywood. El de Maya Hawke abre muchas puertas. Hija de Uma Thurman, icono de cine de Tarantino gracias a Pulp Fiction y Kill Bill, y de Ethan Hawke, uno de los actores más respetados del cine contemporáneo. Esta joven de apenas 28 años creció de rodaje en rodaje antes de debutar como actriz.

A diferencia con otras herederas de la industria, Hawke nunca ha intentado escapar de la etiqueta de Nepo Baby. En una década en la que Hollywood lucha por alimentar el mito del mérito individual, la protagonista de Stranger Things reconoce que el privilegio es parte de su origen e influyó en su carrera. No considera que admitirlo reste valor a su trabajo. Al contrario. Cree que fingir lo contrario sería una forma de deshonestidad.

La discusión sobre los nepo babies estalló con fuerza en 2022, cuando una portada de New York Magazine puso nombre a una realidad que la industria llevaba años normalizando dando prioridad a hijos de actores, directores, productores o músicos que comenzaban sus carreras con una ventaja difícil de igualar.

La boda secreta de Maya Hawke

En una entrevista con The Times, Hawke recordó que cuando empezó vio dos posibilidades. “Pude haberme cambiado el nombre o aceptar que iba a ser juzgada por el apellido”. Eligió la segunda. Ser hija de papá y mamá era una forma de enfrentar esta industria desde el pedestal y no desde abajo. “Está bien que se burlen de ti cuando estás en una posición privilegiada. Es un lugar afortunado en el que estar. La relación con mis padres es realmente honesta y positiva, y eso supera cualquier cosa que alguien pueda decir”. Cuando el periódico británico le preguntó si sentía que merecía el éxito alcanzado, respondió con una sinceridad poco habitual en una industria acostumbrada a hablar de esfuerzo y sacrificio. “Merecer es una palabra complicada. Muchísima gente merece tener esta vida y no la tiene, pero yo estoy cómoda con no merecerla y hacerlo igualmente. Sé que renunciar tampoco ayudaría a nadie”.

La respuesta resume uno de los grandes dilemas de la nueva generación de herederos de Hollywood. Rechazar una oportunidad no hace más justo el sistema. Aprovecharla obliga, al menos, a reconocer la ventaja de partida.

Hawke tampoco ha escondido que esa ventaja pudo influir en algunas de sus primeras oportunidades. Ha reconocido  que el pequeño papel que obtuvo en Once Upon a Time in Hollywood, de Quentin Tarantino, probablemente también estuvo relacionado con sus vínculos familiares. “Nunca quise insinuar que conseguí el papel solo porque hice una audición. Creo que totalmente lo conseguí también por nepotismo”, admitió después de que unas declaraciones en una alfombra roja provocaran un intenso debate en las redes sociales.

Sin embargo, reducir su trayectoria al apellido resulta cada vez más difícil. Su incorporación a Stranger Things como Robin Buckley la convirtió en uno de los personajes más queridos de la serie y la situó entre las actrices jóvenes con mayor proyección en la industria. Después llegaron películas como Do Revenge, Asteroid City o Maestro, donde ha demostrado una capacidad poco común para alternar grandes producciones con propuestas de autor.

La propia actriz ha reconocido que el éxito tampoco la inmuniza contra las dudas. En una entrevista con Rolling Stone, al hablar del final de Stranger Things, confesó que llegó a preguntarse si realmente era buena actriz. “El síndrome del impostor apareció cuando la serie terminaba”, confesó.

Ese proceso de búsqueda explica también su creciente dedicación a la música, una faceta que suele quedar eclipsada por su carrera como actriz. Mientras muchos intérpretes prueban suerte con un disco como prolongación de su fama, Hawke lleva años construyendo un proyecto musical coherente. Desde Blush hasta Moss, Chaos Angel y el reciente Maitreya Corso, ha publicado cuatro álbumes en apenas cinco años, un ritmo creativo poco habitual incluso entre músicos profesionales. Hay folk, rock alternativo, arreglos acústicos y letras profundamente confesionales. En sus canciones aparece  la sensación de no estar nunca completamente satisfecha con los propios logros. “¿Y si consiguiera todo lo que quiero? ¿Me haría realmente feliz o simplemente querría otra cosa?”, afirmó cuestionando su propia valía como artista.

Esa tensión entre la duda y el éxito atraviesa todo el disco. También aparece en canciones como Devil, donde convierte la competitividad en una especie de demonio interior que siempre exige más visibilidad. En la entrevista contaba que un amigo le preguntó cuánto sería suficiente. La respuesta le hizo comprender que el único éxito que calmaría su ambición sería aquel que acabaría con su libertad.

Su aventura musical también sirve para entender otro aspecto del debate sobre los nepo babies. En una industria donde las plataformas de streaming pagan cantidades mínimas por reproducción y las giras resultan cada vez más caras, vivir exclusivamente de la música se ha convertido en una excepción. Para muchos jóvenes artistas, grabar un disco exige compaginar varios trabajos. Quienes cuentan con una estabilidad económica familiar pueden permitirse experimentar  más tiempo sin depender del éxito inmediato. Además de contar con contactos dentro del mundo de la música.

Su cercanía a Hollywood le ha permitido trabajar con sus padres. Compartió pantalla con Uma Thurman en The Kill Room y protagonizó Wildcat, dirigida por Ethan Hawke. Durante la promoción de esta última confesó a Variety que había vivido “momentos de inseguridad” por las acusaciones de nepotismo, aunque defendía aquella colaboración con naturalidad. “Internet no entiende los matices. Mi padre ha sido un gran maestro para mí y queremos trabajar juntos. Nos gusta estar juntos”, explicaba.

Quizá esa sea la gran diferencia entre Maya Hawke y otras herederas de Hollywood. Ella quiere demostrar que su pasión por la interpretación es real.  Es el punto de partida de una carrera que ahora debe sostenerse por sí misma. Su apellido seguirá apareciendo en los créditos de cada filme que protagoniza y se la criticará por ello. La cuestión ya no es si abrió puertas. Eso resulta evidente. La verdadera incógnita ahora es saber si será capaz de aguantar la presión al tener que demostrar en cada trabajo que tiene talento para brillar con luz propia.

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