El final de ‘Stranger Things’ es la muerte de la infancia

Una lectura cultural y emocional sobre crecer, perder y aprender a recordar sin quedarse atrás tras el estreno del final de 'Stranger Things'

Eleven en Stranger Things 5 - Cultura
Millie Bobby Brown como Eleven en el último episodio.
Netflix

Durante casi una década, Stranger Things ha sido una historia sobre monstruos, portales y mundos paralelos. Pero su final deja claro que todo eso era solo el lenguaje. El verdadero relato —el que ha sostenido la serie desde el primer episodio— hablaba de algo mucho más sencillo y devastador: el momento exacto en el que la infancia se termina.

El último episodio no es solo el cierre de una trama de ciencia ficción. Ni la derrota definitiva de Vecna o del Upside Down. Es una despedida. Y como todas las despedidas importantes, no llega con fuegos artificiales ni con una sensación limpia de victoria, sino con una mezcla incómoda de alivio, tristeza y aceptación. El mundo se salva, sí. Pero algo irrecuperable se queda por el camino.

El adiós del Upside Down

Desde su inicio, Stranger Things construyó Hawkins como un espacio suspendido en el tiempo. Un lugar donde los niños podían moverse con libertad, donde la amistad era absoluta y donde la imaginación bastaba para explicar lo inexplicable. Las bicicletas, los walkie-talkies y las partidas de Dungeons & Dragons no eran solo elementos estéticos. Eran la gramática de una edad en la que todo parecía posible.

El final rompe definitivamente con esa ilusión. No porque los personajes mueran —de hecho, ninguno de los protagonistas lo hace—, sino porque ya no pueden quedarse. Crecer, nos dice la serie, no es ganar experiencia ni encontrar respuestas, sino aprender a marcharse sin romper del todo con lo que fuimos.

Upside Down - Stranger Things
Una de las últimas imágenes del Upside Down.
Netflix

La derrota de Vecna y la destrucción del Upside Down funcionan como una clausura simbólica. Ese mundo al revés, reflejo oscuro de Hawkins, siempre fue algo más que un escenario de terror. Era la metáfora del miedo, del trauma, de aquello que permanece oculto bajo la superficie de lo cotidiano. Destruirlo no es una victoria celebrable, sino una necesidad dolorosa. El mal desaparece, pero con él también lo hace la posibilidad de seguir siendo niños.

Cuando se sacrificó la magia

En el centro de todo está Eleven. No solo como personaje, sino como idea. Eleven ha sido, desde el principio, la encarnación literal de la magia. La prueba de que el mundo podía doblarse, romperse y rehacerse desde la mirada de la infancia. Por eso su destino no puede ser feliz en un sentido convencional. Por eso no puede quedarse en Hawkins compartiendo una vida normal con el grupo.

El final deja su destino en una ambigüedad deliberada: ¿muere sacrificándose en el Upside Down o logra escapar y encontrar una vida en paz lejos de todo? La serie no responde porque no quiere hacerlo. Porque la pregunta no es qué ocurrió, sino qué necesitamos creer para seguir adelante.

Mike Wheeler lo entiende antes que nadie. Convertido ya en narrador, elige contar una historia en la que Eleven sigue viva. No porque tenga pruebas, sino porque esa versión del mundo es habitable. Porque aceptar una verdad absoluta —la pérdida definitiva— resultaría paralizante. Su relato no es una mentira, sino una forma de supervivencia.

Niños de Stranger Things - Cultura
Los protagonistas de la serie en su primera temporada.
Netflix

Ahí reside una de las ideas más potentes del final: las historias no existen para fijar los hechos, sino para hacerlos soportables. Cuando la realidad duele demasiado, el ser humano siempre ha recurrido al relato. No para negar lo ocurrido, sino para poder convivir con ello sin romperse.

El epílogo, situado 18 meses después, refuerza esta lectura. Los personajes han seguido con sus vidas. Algunos se han ido. Otros se han quedado. Las amistades persisten, pero ya no son absolutas. Hay distancia, promesas de verse una vez al año, llamadas que no siempre llegan. Nada se rompe de forma violenta, pero todo ha cambiado.

‘Stranger Things’ revela lo que sucede cuando el tiempo avanza

Ese es, quizá, el gesto más honesto del final. Stranger Things no idealiza la adultez ni la presenta como una recompensa. Tampoco castiga a sus personajes. Simplemente muestra lo que ocurre cuando el tiempo avanza: los vínculos se transforman, los lugares dejan de pertenecernos y la vida se vuelve menos intensa, pero más compleja.

La última escena en el sótano de los Wheeler resume todo esto con una precisión casi dolorosa. La partida final de Dungeons & Dragons no se juega para ganar ni para iniciar una nueva aventura. Se juega para despedirse. Para entender, sin decirlo en voz alta, que ese momento no volverá a repetirse jamás.

Partida final en Stranger Things - Cultura
La última partida de los héroes de Hawkins.
Netflix

Cuando Holly, la hermana pequeña de Mike, ocupa el lugar del grupo y comienza su propia partida, la serie no propone un relevo triunfal, sino una continuidad inevitable. Las historias no se repiten, se heredan. Cada generación recibe un mundo lleno de grietas y debe aprender a nombrarlas con sus propias palabras.

¡Larga vida al recuerdo de Hawkins!

El final de Stranger Things es, en este sentido, profundamente adulto. No promete que todo saldrá bien. No asegura que el dolor desaparezca. Solo ofrece algo mucho más verdadero: la certeza de que recordar también es una forma de seguir viviendo.

La infancia muere, sí. Pero no desaparece del todo. Se transforma en memoria, en relato compartido, en esa historia que contamos una y otra vez para no olvidar quiénes fuimos cuando el mundo todavía parecía infinito.

Graduación en Stranger Things - Cultura
La escena de la graduación al final de la serie.
Netflix

Y ahí, en ese gesto íntimo de sentarse a recordar antes de apagar la luz, Stranger Things encuentra su cierre definitivo. No como una serie sobre monstruos, sino como una elegía serena y honesta sobre el paso del tiempo. Un recordatorio de que el pasado no es un lugar al que podamos volver, salvo cuando lo visitamos juntos a través de las historias.

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