Profesiones imposibles

Caridad Moreno, fisioterapeuta deportiva: “Antes de ser la mejor fisio hay que ser mejor persona”

Caridad Moreno ha construido su carrera como fisioterapeuta deportiva, abriéndose paso hasta formar parte del equipo médico de las Selección Femenina en categorías inferiores

Cuando Caridad Moreno comenzó su trayectoria en la fisioterapia deportiva, el fútbol seguía siendo un espacio profundamente masculinizado fuera del campo. No solo en los banquillos o en los despachos, sino en los cuerpos médicos y técnicos. Su experiencia profesional, vinculada a la Selección Española femenina en categorías inferiores, nos permite hacer una radiografía de cómo se ha transformado este deporte en el ámbito de la fisioterapia.

Sus primeros pasos no estuvieron acompañados de referentes femeninos. “Cuando empecé no había ninguna compañera mujer ni sanitaria ni de cuerpo técnico ni en otros departamentos. Sentí que entraba en un mundo donde podía estar y desarrollarme como profesional porque estaba convencida de mis posibilidades”. La seguridad en sí misma fue, desde el inicio, una herramienta básica para abrirse paso en un entorno exigente.

Acceder a la Real Federación Española de Fútbol exigió mucho más que una buena formación académica. “Los puntos clave que marcan la diferencia para formar parte de la RFEF va más allá del currículum básico. La especialización en fútbol, trabajo interdisciplinar, trabajo en equipo, saber integrarse, comunicar de forma clara, decisiones consensuadas, y siempre respetando las jerarquías es algo sumamente importante”. La técnica es solo una parte del engranaje.

Experiencia previa en el campo

A ese perfil se suma un valor diferencial: haber sido jugadora. “Aporta un plus, donde por naturaleza ya adquieres y sabes la dinámica de un vestuario, las demandas de las futbolistas, el día a día…”. Una experiencia que completa con otras cualidades decisivas en el alto rendimiento: “Otro punto clave es la disponibilidad, flexibilidad, la actitud profesional, ser discreta, mostrar capacidad para trabajar bajo presión. No solo se trata de tener experiencia, sino de sumar dando estabilidad y seguridad al equipo”.

En el trabajo diario con futbolistas jóvenes, ser mujer puede facilitar determinados vínculos y favorecer la confianza. “El hecho de ser mujer y tratar con mujeres jóvenes es algo positivo, ya que pueden sentir más confianza con la figura de la mujer; pero creo que igualmente los hombres pueden dar la misma confianza y seguridad a las jugadoras”. Para ella, más allá del género, el vínculo profesional se construye con tiempo y sensibilidad: “Es cuestión de tiempo y adaptación, no siempre se repite, y es algo muy personal (muy individualizado)”.

A lo largo de su carrera, reconoce haber sentido en algunos momentos la necesidad de reforzar su criterio profesional. “En algún momento he tenido la sensación de tener que justificar decisiones o respaldar algunas propuestas. Influye el contexto y las personas con las que trabajas, no solo hombres, es cuestión de compañerismo y saber trabajar en equipo”. El respeto, explica, llega con el trabajo bien hecho: “La experiencia, la coherencia en el trabajo diario y los resultados con los deportistas son lo que acaba marcando la diferencia”.

El día a día lo enfrenta con toda la humildad. “Ante todo, cuando entras en un club, debes dejar fuera los egos y trabajar codo con codo, antes de ser el mejor fisio debes ser mejor persona”.

Todavía, reconoce, existen prejuicios de género en su profesión. “Te hablo del cuerpo médico, pueden existir prejuicios no lo voy a negar. En España, en general, tenemos el estigma de que el mejor fisioterapeuta es hombre, la mejor fisioterapeuta en suelo pélvico es mujer, es cuestión de tiempo y de conocer al profesional que te trata”. Generalizar, advierte, es un error: “Considero que si pecamos de generalizar pecamos de ignorancia”.

Más recursos sanitarios para los equipos femeninos

En la Real Federación, han cambiado las cosas en los últimos años. “Cada vez se destinan más recursos al personal sanitario de las selecciones femeninas, incrementándose el número de profesionales a disposición de las jugadoras incluso en categorías inferiores”. Una equiparación que hoy ya es real: “A día de hoy, en ese sentido, los staffs médicos son iguales en una sub-17 masculina que en una sub-17 femenina; y eso, hasta hace unos años, no era así”.

El crecimiento del fútbol femenino ha ido acompañado de una mayor exigencia para quienes trabajan en él. “Es evidente que la evolución del fútbol femenino, como también la preparación de los fisioterapeutas y por ello, cada vez nosotros mismos nos exigimos más en cuanto formación y por ende requerimos mejores condiciones”.

Se ha sentido cuestionada en más de una ocasión. “Alguna vez sí que puedo decir que me he sentido juzgada, no por ser mujer, sino es el producto del reflejo del ego o inseguridad de la persona, ya sea hombre o mujer. He aprendido a mantener una forma de comunicar coherente con quién soy y con las responsabilidades del puesto de trabajo”.

Todavía, asegura, quedan retos por superar. “En el ámbito deportivo se están dando pasos importantes, pero aún existen barreras. Estereotipos de género, trabajar en contextos duros, competiciones exigentes, la conciliación laboral son puntos a mejorar a día de hoy”. Para ella, el liderazgo no debe depender del género “sino de la formación, la experiencia, la capacidad profesional, la empatía emocional, asertividad, saber trabajar en consonancia, todos en la misma línea”.

La normalización, para el futuro, es la clave. “Dejará de ser ‘mentalmente’ o ‘socialmente’ una excepción cuando dejemos de verlo como algo extraordinario”. Y el fútbol, por su alcance, tiene un papel decisivo: “Son los partidos más vistos en el mundo del deporte, son los referentes, son lo que la gente va a ver más y lo que, al final, puede impulsar al crecimiento profesional de la mujer en otras disciplinas”. Verla a ella trabajar como fisioterapeuta deportiva, también contribuye a esa normalización.

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