Este lunes lo arranca en Zaragoza, pero augura una semana de nuevo ajetreada. Con varias entrevistas agendadas, conexiones telefónicas y platós. El terremoto DAO también ha sacudido, en cierta medida, la vida de Jorge Piedrafita, desde el pasado diciembre se convirtiese en el abogado de la víctima de José Ángel González, el ahora exjefe de la Policía Nacional. Desde el martes a aquí, le han salido incluso futuras clientas, otras agentes que aseguran haber sufrido también acoso dentro de la institución: “No pensaba que iba a ser un tsunami así, igual que no imaginaba que la querella iba a circular por chats policiales”. Reconoce que es lo único que no tenía previsto fuera a pasar una vez fuese admitida a trámite la querella. El resto, que intentasen desacreditarla, que hurgasen en el pasado de la inspectora e incluso que la defensa del exDAO anunciase la petición de un peritaje de las pruebas, entraban en su hoja de ruta. Hasta el punto de que el 9 de enero, cuando presentó la querella en el juzgado de Violencia contra la Mujer de Madrid, Piedrafita solicitó la pericial del audio, los 40 minutos de presunta violación grabados por la víctima el 23 de abril, “por si pretendían impugnarme la prueba”. Igual que solicitó que, llegado el caso, se encargara la Guardia Civil “por imparcialidad, higiene y por no meterle a ningún policía el marrón de tener que trabajar con la presión de los tentáculos encima”. Él, asegura, ya los nota.
“Ten cuidado dónde te metes…”
“… Esto perjudicará tu carrera”. Es uno de los mensajes que el abogado ha escuchado estos días, casi a modo de consejo. No le pilla de nuevas. Entre sus casos más recientes suma los de Rubiales y Errejón. En ambos se personó como acusación popular de la mano de ADIVE, la asociación Defensa Integral Víctimas Especializada creada en 2023 para abarcar múltiples casuísticas delictivas, como el caso Barbate (la muerte de dos guardias civiles arrollados por una narcolancha), la investigación por corrupción al exministro de Hacienda Cristóbal Montoro, o el caso Ateca (supuesto maltrato en un centro de menores de Zaragoza). Aunque la cruda realidad le está llevando a enfrentarse a presuntos agresores sexuales. El primero de todos Luis Rubiales y su beso robado -juzgado y condenado- a Jenni Hermoso. “Las presiones que recibimos de su entorno llegaron a hacernos retirar la acusación popular”, revela Piedrafita a Artículo14, sin querer entrar en más detalles. Después llegarían otros, con peticiones del tipo: “Empatiza con los acusados, que son hombres como tú. Y levanta la rodilla del cuello. Lo que me pasó especialmente con el círculo de Errejón”. Por supuesto, hizo oídos sordos. Precisamente, cuando hace dos semanas Elisa Mouliáa anunció que retiraba la acusación, Jorge Piedrafita reiteró de inmediato que él no abandonaba la causa. Ahora la seguirá a la par con el caso del DAO.

“¿No me habías dicho que mi identidad no iba a circular?”. Es la pregunta más incómoda para la que no ha encontrado respuesta en una semana pasada frenética. Se la hizo la propia víctima. Una inspectora de policía que vio volar su identidad por los aires, aireada en chats policiales, y de propina recibió comentarios cuestionándole el paso dado: qué has hecho, cómo has podido denunciar al DAO, este puede ser el fin de tu carrera… Pese a todo, se mantiene firme. Una fortaleza que ha llamado la atención de su abogado, que en 14 de sus 39 años como penalista ha visto de todo. Nieto de ferroviario y madre maestra, Piedrafita se metió en Derecho por buscar una salida, “pero en unas prácticas con el magistrado Salvador Roig me infecté”. Cató el turno de oficio y no hubo vuelta atrás. Luego se cruzó en su camino con el letrado aragonés Mariano Bergua, y lo que iban a ser cuatro meses en el bufete se convirtieron en cuatro años: “Me enseñó que esto no es un trabajo sino una profesión”. Y lo convirtió en su leitmotiv.
“Me preocupa el ‘ya lo sabías'”
Cuatro horas de sueño diarias, entrevistas encadenadas, sin pisar su piso ni ver a los suyos. El viernes lo terminó con tortícolis, conduciendo a las tantas de la noche desde Pamplona, donde tiene el despacho, hasta Huesca, su ciudad natal. “Suerte que coincidió que el miércoles y el jueves no tenía otros juicios”. Valga de ejemplo la agenda que tuvo el lunes, 24 horas antes del tsunami: un juicio por una disputa vecinal, un recurso de casación al Supremo por un robo y un tercero de un asunto disciplinario, a nivel de Guardia Civil. El mismo martes, previo a la admisión de la querella al DAO, “andaba con un tema de militar cuando de repente explotó la bomba”.
¿Lo primero que hizo tras el boom inicial? “Hablar con mi clienta”.
¿Lo primero que le dijo ella, la víctima? “Que quería hablar con su jefa, Gemma Barroso, la actual DAO interina. Le está muy agradecida porque la trató con mucho tacto y sensibilidad, y me dijo aquello d que se había quedado de piedra al escucharla”.
¿Qué cree que hizo después Barroso? “Supongo que nada más colgar fue ella quien llamó al director general Pardo Piqueras o al ministro mismo”.
¿También al entonces DAO? “No. Me creo que él se enteró por la prensa, que en realidad es lo que queríamos: que no tuvieran tiempo de reacción”.
No querían una bomba controlada, pero tampoco imaginaba que la onda expansiva sería tal. De hecho, agradece haberse bregado en guardias de juzgado, y en el ámbito policial y militar. Piedrafita trabaja también para la Asociación Española de Guardias Civil, con la que se personó en varios casos sonados, como el de Igor el Ruso, el criminal serbio que mató en su huida a dos guardias civiles; el del Rambo de Requena, que intentó lo mismo con otros dos; y hasta el del nietísimo Francis Franco, acusado de arrollar a unos agentes en un coche patrulla. “Esa sí que fue una absolución vergonzosa”, añade. Por contra, recuerda con orgullo haber logrado, en 2017, la condena por acoso sexual de un joven guardia civil a su tutora: “No fue fácil demostrarlo. Ese señor seguiría de verde si no hubiera sido por mí”.
De aquellos tiempos se ganó el apodo del ‘Bárbaro’, por no plegarse con facilidad a los acuerdos de conformidad. “Si pacto, que sea con penas duras y disuasivas”. No quiere paz para los malvados. Le pesa haber comprobado que tras lo que parece un delito puntual al final haya patrones, comportamientos repetidos, poderosos que sienten impunes. “Me preocupa encontrarme con casos como Rubiales, Errejón o el DAO y escuchar ese ‘ya lo sabía’, pero nadie había dicho nada antes. O se había tapado”.
La caja de Pandora
Para todo hay una primera vez. Como cuando escuchó el audio de la presunta agresión sexual y decidió tomar notas para no volver a rescucharlo: “sentí un escalofrío. Me impresionó que el máximo cargo de la policía pudiera actuar de una forma tan lasciva e impune. Como un depredador, con una cara pública distinta de esa que oculta”. En la que, Piedrafita está convencido, no está solo. Apunta a su mano derecha, el excomisario Óscar San Juan, pero también a la cúpula policial del exDAO, a la que señalan dos agentes que se han puesto en contacto con él. Dos mujeres que habrían visto archivadas sus denunciadas por acoso laboral presentadas por cauce interno policial. Un dato que afianza la estrategia procesal de Piedrafita.
“Llevo tres meses trabajando en esto y no me lo juego todo a una carta”, insiste, con la vista puesta en el próximo 17 de marzo. Anticipa una declaración dura, larga y difícil, “como son todas las declaraciones de las víctimas”. No sólo porque tenga que revivirlo, para lo que confía que en un futuro ella no tenga que escuchar lo que grabó en sede judicial, sino por las defensas actuales. Le preocupan sus métodos, “más centrados en cuestionar a la víctima que los hechos. Por desgracia, se lleva el salseo y lo fariseo”. Cuenta con que al menos se desplegará el protocolo en el juzgado para casos como este. Al igual que sucediera entre Elisa Mouliáa e Íñigo Errejón, estarán en pasillos distintos el día de la citación.
En el caso de la víctima del DAO, la actual escolta policial puesta a su disposición le blindará el anonimato frente a las cámaras, “aunque ya está sufriendo el acoso de ciertos periodistas”, lamenta, confiando en que no se filtre ningún dato más. Su mayor empeño es protegerla a toda costa, a la vista incluso de una especie de MeToo policial: “Siempre hay una que abre la espita de la caja de Pandora, y esta vez ha sido mi clienta”. Por eso, para los que lo tachan de imprudente solo tiene una respuesta: “Mi madre me enseñó que había que luchar contra la injusticia y preservar la libertad de las mujeres. Y estoy en ello”.
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