El regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh ha sido una de las noticias musicales más celebradas de los últimos años. Dieciocho años después de una separación que parecía definitiva, la voz que marcó a toda una generación vuelve a ponerse al frente de la banda donostiarra. La reacción del público ha sido inmediata: entradas agotadas en horas y una expectación que confirma que el grupo nunca dejó de estar emocionalmente unido. Al menos, de puertas para fuera.
Pero más allá del impacto sentimental, la vuelta de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh revela una realidad menos conocida y mucho más sólida: su vínculo con el grupo nunca se rompió del todo. Ni artística ni, sobre todo, económicamente. Lejos del foco mediático, la cantante mantuvo una posición clave en la estructura empresarial que sostiene al grupo desde hace décadas.
Amaia Montero nunca se fue del todo de La Oreja de Van Gogh
Cuando Amaia Montero abandonó La Oreja de Van Gogh en 2007, el relato público habló de ruptura, desgaste y cambio de etapa. Sin embargo, en el plano empresarial la historia fue muy distinta. Amaia siguió formando parte de la sociedad que gestiona los derechos y la actividad económica del grupo, manteniendo un 20% de participación. La misma cuota que el resto de miembros fundadores.
Durante los años de mayor éxito, La Oreja de Van Gogh S.L. llegó a acumular activos superiores a los 2,5 millones de euros. Aunque Amaia Montero dejó de subir al escenario con el grupo, siguió vinculada a los beneficios derivados de reediciones, licencias y derechos de autor. Esa presencia silenciosa explica por qué siempre se dijo que Amaia nunca abandonó realmente la formación.

Paralelamente, Amaia Montero construyó su propio camino empresarial. En 2007 creó Poquito a Poco S.L., una sociedad destinada a gestionar su carrera en solitario, giras, derechos musicales y otras actividades artísticas. Lejos de ser un proyecto menor, la empresa ha mantenido en los últimos ejercicios activos que superan los dos millones de euros.
Esta estructura permitió a Amaia Montero desarrollar su etapa fuera de La Oreja de Van Gogh con independencia creativa y estabilidad financiera. Mientras su nombre seguía ligado al legado del grupo, la cantante consolidaba un modelo que le garantizaba control sobre su obra y sus ingresos a largo plazo.
Inversiones inmobiliarias y visión a largo plazo
Uno de los aspectos menos conocidos de Amaia Montero es su estrategia patrimonial, especialmente en el ámbito inmobiliario. Ya en 1999, en pleno ascenso de La Oreja de Van Gogh, adquirió un piso en San Sebastián de menos de 100 metros cuadrados. Poco después compró un terreno de más de 2.600 metros cuadrados con instalaciones deportivas.
Hoy, ese piso está valorado en torno a los 400.000 euros, mientras que el terreno mantiene un valor superior a los 600.000. Años más tarde, en 2009, Amaia Montero dio un nuevo paso y adquirió una vivienda de lujo en el barrio de Salamanca, en Madrid, de casi 300 metros cuadrados. Pagó cerca de un millón de euros. Actualmente, su valor ronda los tres millones.

Cada una de estas inversiones coincide con momentos clave de su trayectoria: el auge de La Oreja de Van Gogh y su consolidación como solista. En todas se percibe una misma lógica: convertir el éxito artístico en estabilidad futura.
Entonces, ¿cuál es el patrimonio de la artista?
Sumando participaciones societarias, propiedades inmobiliarias y activos empresariales, el patrimonio de Amaia Montero se sitúa en una horquilla estimada de entre seis y ocho millones de euros. A ello hay que añadir un flujo constante de ingresos por derechos de autor. Discos como El viaje de Copperpot, Lo que te conté mientras te hacías la dormida o Guapa siguen generando beneficios en forma de reproducciones digitales, ventas y licencias.

Este contexto desmonta cualquier lectura de necesidad detrás del regreso a La Oreja de Van Gogh. Amaia Montero no vuelve para reconstruir una carrera, sino para cerrar un ciclo personal y artístico desde una posición de fortaleza.


