Un joven mira fijamente a la cámara mientras hunde las mejillas, contrae la mandíbula y entorna los ojos. A su alrededor aparecen líneas que miden la inclinación del párpado, la simetría facial, la anchura del cuello y la distancia entre la nariz y el labio. El vídeo promete enseñarle a mejorar su atractivo mediante ejercicios, productos cosméticos o cambios de postura. Puede parecer otra modalidad de cuidado personal, pero el vocabulario que acompaña esas imágenes conduce hacia uno de los rincones más misóginos de internet.
El looksmaxxing consiste en “maximizar” el aspecto físico. El término comenzó a utilizarse a mediados de la década de 2010 en espacios como PUAHate, Sluthate y Lookism, vinculados a los incels, hombres que se definen como “célibes involuntarios” y atribuyen su falta de relaciones sexuales a una sociedad supuestamente controlada por las exigencias femeninas. Desde aquellos foros pasó a TikTok, Instagram y YouTube, donde ha perdido parte de sus referencias explícitas y se presenta como un programa de superación masculina.

Sus prácticas más inofensivas, agrupadas bajo la etiqueta softmaxxing, incluyen cuidar la piel, ir al gimnasio, cambiar de peinado, vestir mejor o arreglarse las cejas. El hardmaxxing recurre a esteroides, implantes, alargamientos de piernas y cirugía maxilofacial. Entre ambos niveles circulan técnicas sin fundamento médico como el mewing, que promete modificar la mandíbula mediante la posición de la lengua, o el bone smashing, consistente en golpearse los huesos de la cara para provocar supuestas microfracturas que mejoren su estructura.
La preocupación masculina por la belleza tiene una historia mucho más extensa, pero el looksmaxxing incorpora una concepción rígida de las relaciones humanas. Su marco intelectual procede de la blackpill o “píldora negra”, según la cual el éxito sexual está determinado casi por completo por la genética. La personalidad, el afecto o las circunstancias sociales apenas importarían frente a la altura, la mandíbula o la forma de los ojos. Los hombres atractivos, denominados “Chads”, concentrarían el deseo de las mujeres, mientras los demás estarían condenados al rechazo.
Esa teoría organiza los rostros mediante la escala PSL, un sistema de puntuación creado en los mismos foros incel. Sus usuarios estudian el canthal tilt, es decir, la inclinación de los ojos; buscan los llamados hunter eyes, profundos y estrechos, y analizan la proyección del mentón. Cuando alguien resulta más atractivo que otro, se dice que lo ha mogged. El cuerpo termina convertido en un conjunto de medidas que establece la posición de cada individuo dentro de un supuesto “mercado sexual”.
Las mujeres ocupan un lugar central en esta doctrina, aunque rara vez aparecen como personas. Son descritas como una masa homogénea que selecciona hombres mediante impulsos biológicos, elige siempre al candidato dominante y desprecia a quien queda por debajo del estándar. La inseguridad del adolescente encuentra de este modo una explicación que desplaza la responsabilidad hacia ellas. Una decepción sentimental deja de pertenecer al terreno imprevisible de los afectos y se interpreta como otra prueba de la crueldad femenina.
La migración hacia TikTok ha suavizado el envoltorio. Un joven puede llegar al looksmaxxing buscando consejos para eliminar el acné y terminar consumiendo vídeos sobre “valor sexual”, Chads y mujeres supuestamente hipergámicas. Las investigadoras Anda Iulia Solea y Lisa Sugiura describen este proceso como una “normalización” de la ideología incel: sus conceptos abandonan los foros marginales, se convierten en memes y alcanzan a usuarios que desconocen su procedencia. El lenguaje entra antes que la doctrina y ayuda a hacerla familiar. Su estudio señala que estos contenidos explotan inseguridades especialmente intensas durante la adolescencia.
También existe un componente racial. El rostro ideal suele responder a cánones eurocéntricos: piel clara, nariz estrecha, mandíbula prominente y determinados rasgos craneales. Los hombres racializados reciben puntuaciones inferiores o consejos para modificar características asociadas a su origen. El Centre for Young Lives ha advertido de que algunos creadores combinan estas jerarquías estéticas con discursos racistas, supremacistas y abiertamente misóginos.
El looksmaxxing ofrece una ilusión de control a jóvenes que se sienten solos, inseguros o incapaces de satisfacer los modelos de masculinidad que consumen. También introduce a los chicos en una presión estética que durante décadas se dirigió principalmente hacia las mujeres, aunque ahora aparece formulada mediante el lenguaje masculino de la competición, las estadísticas y el rendimiento. En lugar de cuestionar unos cánones imposibles, los convierte en una ciencia aparente y promete ascender dentro de ellos.
TikTok ha transformado así una ideología nacida del resentimiento sexual en vídeos de mandíbulas perfectas y rutinas de gimnasio. Debajo de esa presentación accesible permanece la idea que organizaba los antiguos foros incel: el valor de una persona puede calcularse mirando su rostro y las mujeres son responsables de dictar la puntuación.

