Monika Zgustova lleva décadas escribiendo sobre las grandes fracturas de la historia europea. Nacida en Praga, criada bajo el régimen comunista y exiliada junto a su familia cuando era adolescente, la escritora y traductora ha convertido la memoria, el desarraigo y la resistencia de las mujeres en algunos de los ejes fundamentales de su obra. Libros como Vestidas para un baile en la nieve, dedicado a las supervivientes de los gulags soviéticos, o La mujer silenciosa ya demostraban su interés por rescatar vidas atravesadas por la violencia política y las decisiones impuestas por los regímenes totalitarios. Ahora, en La traductora de haikus (Galaxia Gutenberg), dirige la mirada hacia un territorio mucho más íntimo: la historia de su propia familia.
La novela sigue los pasos de Jana, una mujer nacida en Praga que abandona Checoslovaquia junto a su marido y sus hijos para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Aunque se trata de una ficción, las coincidencias con la biografía de la autora son evidentes. Zgustova reconoce, en conversación con Efeminista, que la escritura de este libro nace de una necesidad personal de comprender mejor a sus padres y, especialmente, a su madre. “En el libro hablo del exilio tal como lo conocí con mi familia, con mis padres, porque nosotros nos fuimos a través de la India. Nos fuimos al exilio a Estados Unidos, a Chicago, desde Praga, y la familia de esta novela también lo hace así”, explica.

Más que reconstruir unos acontecimientos concretos, la escritora busca explorar las consecuencias emocionales de una experiencia que altera para siempre la vida de quienes la atraviesan. El exilio aparece en sus páginas como una pérdida múltiple: del idioma, de las referencias culturales, de la posición social y, en ocasiones, incluso de la propia identidad. “Lo que he querido hacer es reflexionar, entender algunas cosas de mi familia, sobre todo de mi madre. Por eso escribí esta novela”, señala.
La historia de Jana funciona así como una puerta de entrada a una realidad que Zgustova conoce de primera mano. La llegada a Estados Unidos supuso para toda la familia un choque brutal. La autora recuerda aquel primer año como un periodo especialmente doloroso, marcado por la incertidumbre, la soledad y la sensación de no pertenecer a ningún lugar. “El exilio es una experiencia muy dolorosa, sobre todo durante el primer año. Fue muy duro para toda la familia, como cuento en el libro”, afirma.
Las consecuencias fueron distintas para cada uno de sus miembros. Su madre sufrió una profunda depresión. “Mi madre, por ejemplo, durante este primer año se intentó suicidar”. Su padre, convertido de repente en el único sostén de la familia en un entorno desconocido, vivió la situación con enorme angustia. “Mi padre casi se vuelve loco al pensar que tenía cuatro miembros de la familia a su cargo. Él era el único que sabía un poquito de inglés”. Su hermano encontró refugio en conductas autodestructivas. “A mi hermano le dio un poco por la droga y la bebida”. Ella, en cambio, reaccionó de una manera distinta, refugiándose en intereses que le permitieron construir una nueva vida. “Yo me dedicaba a hacer cosas extrañas; en aquella época resultaba un poco raro, pero aprendí a cabalgar a caballo y estudiaba lenguas de la India como el sánscrito y el hindi. Con todos esos intereses me acostumbré a vivir en los Estados Unidos y a tener amigos más que el resto de mi familia”.

Ese contraste entre las distintas formas de afrontar el desarraigo atraviesa toda la novela. También la reflexión sobre las decisiones imposibles que obligan a tomar las dictaduras. En La traductora de haikus, Jana y su marido Tomás representan dos maneras de responder a la presión del poder. Zgustova recuerda que su padre, profesor universitario, fue presionado por la policía secreta para que delatara a compañeros de trabajo. “Mi padre tenía una base ética muy fuerte y se negó a hacerlo”. Cuando los servicios de seguridad comprendieron que no lograrían doblegarlo, dirigieron las amenazas hacia su esposa. “Cuando vieron que con mi padre no podían hacer nada, se dedicaron a tantear a mi madre, amenazándola con que pasaría algo a sus hijos. Ella no sabía qué hacer porque con todas las decisiones perdía”.
En ese dilema moral encuentra Zgustova uno de los grandes temas de la novela. Las dictaduras, explica, no solo restringen libertades políticas; también invaden la esfera privada y obligan a las personas a elegir entre opciones igualmente dolorosas. Para explicar la decisión de su madre, recuerda una reflexión de Albert Camus que la marcó profundamente. “Leí en algún sitio una declaración de Albert Camus cuando le preguntaron si prefería una postura ética o la vida de su madre, y él dijo que la vida de su madre primero, que era lo más importante y que solo después venían todas las posturas éticas. Mi madre dijo: ‘Bueno, esta es mi decisión también’. Y así lo hizo y nos fuimos”.
La autora observa además que hombres y mujeres afrontaron aquella situación desde perspectivas diferentes. “Los hombres tenían esa supuesta postura ética; en cambio las mujeres entendían que lo más importante era la familia”. Una reflexión que conecta con muchas de las historias femeninas que ha investigado y narrado a lo largo de su carrera, mujeres obligadas a sostener la vida cotidiana en medio de circunstancias extremas y cuya experiencia suele quedar relegada a un segundo plano en los grandes relatos históricos.

La publicación de La traductora de haikus llega, además, en un momento especialmente significativo. Europa vuelve a enfrentarse a desplazamientos masivos de población, guerras y crisis migratorias que han reabierto debates sobre fronteras, integración y acogida. Zgustova contempla esas discusiones desde la memoria personal y considera que, en muchas ocasiones, falta comprensión hacia quienes se ven obligados a abandonar su país. “Creo que hay que tener realmente mucha sensibilidad y, entre otras cosas, yo he escrito este libro para dar a conocer a la gente cómo es realmente la situación, la condición de un exiliado”.
La escritora insiste en que la emigración rara vez es fruto de una elección cómoda. “Muchas veces, por la razón que sea, no puedes volver a tu país y en el país nuevo igual no te tratan bien, no consigues los papeles… Así es que es una condición muy difícil”. De ahí que considere imprescindible recordar que detrás de cada desplazamiento existen historias personales marcadas por la necesidad. “Generalmente la gente que se va a otro país es por desesperación y esto lo tenemos que tener en cuenta”.
A través de Jana, de su familia y de las heridas que atraviesan la novela, Zgustova construye un relato que trasciende su propia biografía para hablar de una experiencia universal. El exilio aparece como una pérdida, pero también como una transformación; como un lugar de dolor y, al mismo tiempo, de reconstrucción. Quizá por eso la autora confía en que sus lectores encuentren en estas páginas algo más que una historia familiar. “Me gustaría que la gente, a través de este libro, se diera un poquito cuenta de lo muy duro que es ser tanto exiliado como inmigrante. Y que se adquiriera un poquito más de sensación de vivir en sintonía con los exiliados y los inmigrantes”.

