Una serie. Paga o muere. Para la desmemoria de las generaciones más jóvenes será un descubrimiento saber que con su edad, hace medio siglo, había quienes ejecutaban, secuestraban y extorsionaban en España en nombre de ETA. Uno de ellos fue Kepa Pikabea, dirigente de la banda terroristas en los años ochenta que se sienta a hablar en esta serie documental. Fue uno de los primeros etarras que renunciaron a formar parte de la barbaria y la masacre en la que estaban metidos.
Las víctimas de la banda se cuentan por cientos. En primer lugar, los 853 muertos. Pero también, los lesionados de por vida por deflagraciones o “pernicidios”, como denominaron sus disparos a las piernas al ser conscientes de la mala prensa que generaban sus tiros de gracia, como el de Miguel Ángel Blanco. Las voces de las familias también se oyen en estos tres capítulos centrados en la extorsión. Lo que ETA llamó “impuesto revolucionario”. La inventó una escisión y la emplearon todos los comandos. Hasta el cese de la banda etarra, hace quince años, siguieron recurriendo a la fórmula de la amenaza. Pero familias como la de Jesús Gisbert quedaron marcadas de por vida. Imprescindible, en Movistar.

Un libro. El derecho a quedarse quieto, de Marina Perezagua. Confieso que quizás no habría llegado hasta este libro de no ser por la mención que hizo de ella Luisgé Martín en su reivindicación de El odio. Y ha sido un fantástico descubrimiento. Una reflexión sobre la importancia de recuperar la invisibilidad en tiempos de sobreexposición, en el contexto apocalíptico de una ciudad arrasada por un desastre nuclear.
“Antes de dormirse, la idea cruzó su mente de nuevo: el cuerpo no se rompe de golpe. Se equivoca. Y persiste en ese error hasta que no puede corregirse”.
Masoto es un superviviente, que resiste en medio de la radiación. Solo hasta que lo asalta algún curioso; periodistas como Akiyama. Entre medias, hay otra una historia que recorre el libro. La de una madre y su bebé. Sin duda, la más impactante. En Galaxia Gutenberg.
Rutas criminales. Ya lo he dicho antes: no me gustan los escape room ni los espectáculos inmersivos ni las exposiciones experienciales. Y daba por hecho que me pasaría lo mismo con las rutas turísticas. Me imaginaba hastiada siguiendo a alguien junto a un grupo de personas, de calle en calle, de anécdota en anécdota. Pero resulta que lo probé, me gustó y hasta repetí. Así supe de dónde viene la noche toledana, en una sanguinaria madrugada criminal, en Toledo. Pero las hay en Barcelona, Zaragoza y Bilbao. Las que cuentan el origen del Satamantecas, el crimen de Fago y la crónica negra sevillana.

