Paolo Sorrentino, cineasta: “La cultura es el conjunto de valores que responden a la suma de los problemas que, tras la búsqueda de alimento, llevan a la creación del arte”

La frase presenta el arte como una respuesta a los grandes problemas que aparecen cuando la supervivencia deja de ser suficiente

Paolo Sorrentino - Cultura
Una fotografía de archivo del cineasta italiano.
EFE

¿Qué queda después de satisfacer las necesidades más elementales? ¿Qué aparece cuando una sociedad deja de pensar únicamente en sobrevivir y comienza a preguntarse quién es, qué teme y qué desea conservar? Paolo Sorrentino ofrece una posible respuesta en Parthenope, una película atravesada por la belleza, el conocimiento y las contradicciones de Nápoles.

“La cultura es el conjunto de valores espirituales y materiales que responden a la suma de los problemas que, después de la búsqueda de alimento, llevan a la creación del arte”, se escucha en el largometraje estrenado en 2024. La frase presenta la cultura como algo que solo puede nacer cuando las necesidades básicas dejan espacio para preguntas más profundas.

En el cine de Paolo Sorrentino, sin embargo, esas preguntas nunca reciben respuestas sencillas. El arte puede ofrecer consuelo, pero también ocultar el vacío. La belleza puede elevar a quien la contempla o convertirse en una condena para quien la posee. La cultura es memoria y conocimiento, aunque también puede funcionar como refugio frente a los asuntos que una sociedad prefiere no afrontar.

La cultura comienza donde termina la supervivencia

La definición planteada en Parthenope establece una frontera entre la subsistencia y la creación. Primero aparece el alimento, entendido como la necesidad más inmediata. Después llegan los interrogantes que no pueden resolverse mediante la supervivencia física: el amor, la muerte, el paso del tiempo, la identidad, la culpa o el sentido de la existencia.

El arte surgiría de la necesidad de dar forma a esos problemas. Una canción, una novela, una película o una pintura no eliminan el dolor ni responden definitivamente a las grandes preguntas, pero permiten expresarlas y compartirlas. Convierten una experiencia individual en algo reconocible para los demás.

La frase también incorpora los valores espirituales y materiales. La cultura no está formada solamente por obras artísticas o ideas abstractas. Incluye la arquitectura, las costumbres, los objetos, las creencias, las celebraciones, la comida y las maneras en las que una comunidad organiza su vida cotidiana.

Para Paolo Sorrentino, esa mezcla resulta esencial. Sus películas están llenas de palacios, iglesias, canciones populares, fiestas, rituales religiosos y personajes que intentan encontrar una explicación a sus propias contradicciones. Lo sublime y lo vulgar aparecen juntos porque ambos forman parte de la misma sociedad.

Parthenope, una mujer que intenta comprender Nápoles

Celeste Dalla Porta como Parthenope, de Paolo Sorrentino
La actriz Celeste Dalla Porta en ‘Parthenope’.

Parthenope recorre la vida de una mujer nacida en 1950 junto al mar de Nápoles. Su nombre procede de la antigua denominación de la ciudad y de la sirena vinculada a su origen mitológico. La protagonista no es únicamente un personaje: funciona como una representación de una ciudad imposible de explicar mediante una sola mirada.

Interpretada durante su juventud por Celeste Dalla Porta, Parthenope crece rodeada de deseo. Su belleza condiciona la forma en la que otros se acercan a ella, pero no logra responder a las preguntas que la acompañan. Frente a las interpretaciones superficiales de su apariencia, encuentra en la antropología una herramienta para observar el comportamiento, los símbolos y los rituales.

La disciplina le permite estudiar aquello que las sociedades construyen después de resolver la necesidad de alimentarse. Los milagros, las devociones religiosas, la familia, el poder, el sexo y las jerarquías sociales aparecen como respuestas culturales frente a problemas antiguos que nunca desaparecen por completo.

De este modo, la definición sobre la cultura no actúa como una frase aislada. Resume el recorrido intelectual y vital de una mujer que intenta comprender su ciudad para poder comprenderse a sí misma.

La belleza como valor y como conflicto

'La gran belleza', de Paolo Sorrentino
Imagen de ‘La gran belleza’.

La belleza ocupa un lugar central en la obra de Paolo Sorrentino. En La gran belleza, Roma aparecía como una ciudad deslumbrante bajo cuya superficie se escondían el cansancio, la decadencia y la sensación de haber desperdiciado la vida. En Parthenope, el director traslada esa tensión a Nápoles y al cuerpo de su protagonista.

Todo parece hermoso: el Mediterráneo, los veranos en Capri, los edificios históricos y la juventud. Sin embargo, las imágenes luminosas están atravesadas por la pérdida, la violencia y la imposibilidad de retener el tiempo. La belleza no resuelve los problemas, sino que en ocasiones consigue hacerlos todavía más visibles.

La cultura aparece entonces como el mecanismo que permite transformar esa contradicción en arte. Una ciudad puede ser fascinante y cruel al mismo tiempo. Una vida aparentemente privilegiada puede estar marcada por la culpa. Una imagen perfecta puede esconder una herida que la cámara solo revela lentamente.

El arte como respuesta a lo que no tiene solución

Paolo Sorrentino
El cineasta en el 82 Festival de Venecia.

La frase de Parthenope no sostiene que la cultura resuelva los grandes conflictos. Afirma que nace como respuesta a ellos. Existe porque las personas necesitan interpretar aquello que no pueden controlar, desde la muerte hasta el deseo o la conciencia de que todo terminará desapareciendo.

Ese planteamiento atraviesa el cine de Paolo Sorrentino. Sus personajes buscan una revelación capaz de ordenar sus vidas, pero suelen encontrar únicamente instantes: una canción, una conversación, una mirada o una imagen que les permite comprender algo durante unos segundos.

Quizá ahí se encuentra el sentido más profundo de la frase. La cultura comienza después de la búsqueda de alimento porque vivir no consiste únicamente en permanecer con vida. Cuando la supervivencia está garantizada, aparece la necesidad de recordar, imaginar y crear. El arte no alimenta el cuerpo, pero ofrece palabras e imágenes para entender por qué merece la pena seguir avanzando.

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