Revisando los clásicos

‘Pequeña Miss Sunshine’: la luz vuelve a brillar, de lado

Ya avisé en el anterior artículo de este Revisando los Clásicos, dedicado a la perversidad de género en forma de comedia betunera, que volveríamos a dar brazadas hacia la claridad e ir subiendo, real y metafóricamente; pero, ojo, no necesariamente en línea recta

'Pequeña Miss Sunshine' (2006), de
'Pequeña Miss Sunshine' (2006), de Jonathan Dayton y Valerie Faris.
Fox Searchlight

Por un lado, subimos un peldaño en una lista que es la medida de todas las cosas para esta saga veraniega: las mejores películas del siglo XXI —según el New York Times—, convertidas en clásicos instantáneos: ahora nos situamos en un muy honroso sexagésimo tercer puesto, linterna luminosa, pero con pilas del Temu.

Y, por otro lado, y de forma metafórica, volvemos a poner la antorcha en la perspectiva de género, pero digamos que esta vez con Pequeña Miss Sunshine —¡oh!, sí, tenía que estar— esa luz está algo tamizada, filtrada, no tan directamente humanista y, por qué no decirlo, conservadora, marca de la casa Pixar, aunque sean de California. En el caso que nos ocupa, Olive, una niña de siete años y con la cara de la luna enfocada por el sol y que rebota en nosotros, terrícolas, digamos que es puro fulgor, pero a su rollo y al de su familia, también a su manera. Desestructurada, dirían ahora. Pues que tire una piedra el primer estructurado.

Pequeña Miss Sunshine es una joya de la comedia independiente de Hollywood: narración limpia, con comediantes de primera línea y un guion férreo y fluido que presenta una historia aparentemente sencilla para contarnos a nosotros mismos, a nuestras cicatrices y mostrarnos por dónde estamos rotos. Resume lo mejor de este gran regalo que ha dado el séptimo arte, que es cómo cuenta las cosas el cine estadounidense.

La familia de esta pequeña es, cuando menos, disparatada y bebe de filmes como Vive como quieras (1938), de Frank Capra, celuloide punki y fundacional de todo este cine desbarrado: los Hoover, en la que la tara de cada integrante va subiendo la apuesta: Richard, el patriarca, fantástico perdedor, en la mejor estirpe de los Juan Nadie del citado Capra; Sheryl, la madre, que se merece otro monumento de género intentando cuadrar los lados de un poliedro imposible; Dwayne, el hermano adolescente y gótico que imita absurdamente a los monjes cartujos para alcanzar su sueño de ser piloto; Frank, el tío, profesor gay y experto en Proust, hasta aquí todo perfectamente occidental, pero que ha intentado suicidarse; el abuelo (merecidísimo Oscar para el gran Alan Arkin), nada, trapicheando con caballo en la residencia; y por último, Olive, la más cabal y la que traquea a toda su parada de los monstruos en una destartalada Volkswagen de Nuevo México a California para que la pequeña haga su coreografía en el concurso Miss Sunshine, esas cosas perversas en hoteles con moqueta que tanto gustan por América.

A partir de ahí se mezclan todos los tipos de comedia: la screwball comedy, el melodrama, el viaje iniciático —o final— y la road movie: todo junto en una epifanía grupal que termina, inevitablemente, en el set piece más descacharrante que yo recuerdo en el último cine.

La familia de 'Pequeña Miss Sunshine'
Greg Kinnear, Steve Carell, Paul Dano, Toni Collette y Abigail Breslin en ‘Pequeña Miss Sunshine’.
Fox Searchlight

Todo lo que leas sobre Pequeña Miss Sunshine, que ya va para veinte años, va a ser bueno. Que coge al sueño americano como a una milanesa y lo azota para hacer una enmienda a la totalidad de una sociedad conducida por el éxito de plástico. Y sí, en efecto, esa es la capa de complejidad que subyace en esta comedia de manera más clara. Pero lo que más me gusta de ella es cómo se explora el concepto de la tenacidad en Olive y en el resto de su familia. Siempre me han atraído las personas con perseverancia; la tenacidad es uno de los atributos del ser humano que más me emocionan, y no necesariamente tiene que estar ligada al talento. He escrito un par de cosas sobre Ed Wood, personaje y película, monumentos a la obstinación. Desde el punto de vista de la admiración, la opus magna de Tim Burton hace todavía más digno a quien mira, que se sabe más talentoso que el mirado, y, sin embargo, le construye un gigantesco panegírico en torno al poder de la convicción, del empeño, o como yo lo llamo, la opción fundamental. Y ahí ambas pelis se cosen, aunque no tengan nada que ver ni en narrativa ni en concepto, pero sí desde la perspectiva, en este caso de una mujer, otra niña similar a Riley, ahora llamada Olive y que quiere ganar el concurso de belleza infantil de Redondo Beach.

Lo que hace de Pequeña Miss Sunshine una obra maestra es que se esconde tras los visillos del cine de género para hablarnos de los temas universales: la familia, la redención, los ideales y el falso trampantojo de un país en muchas ocasiones construido bajo las máscaras.

Y ese final impagable, homenaje al abuelo, que es quien entre bambalinas coreografía el número estelar de Olive en el concurso, para sorpresa y perplejidad de todos, pero que, en un precioso ejercicio de lealtad, une a los descarriados en un mismo ritmo del “Super Freak” de Rick James: esta maravilla de talento, guion y emoción ha traspasado el cine y se ha convertido en icono popular y en el más maravilloso resumen que se puede hacer Pequeña Miss Sunshine a sí misma.

La luz de género se proyecta de nuevo en una niña, pero no para tratar de apuntalarla dentro de las convenciones. Aquí están la libertad, la disrupción, la libre elección y el camino que ha de tomar cada uno. Todos estamos heridos; no se salva nadie, pero la mejor manera de hacerlo, aunque suene un poco cursi, es hacerlo juntos, con sororidad y sin ella.

Bendito quilombo el de Pequeña Miss Sunshine, que lo que nos viene a decir es que una mujer, en este caso una niña no normativa —que algún normativo explique qué es eso— representa las opciones de vida y por qué no puede intentarlo, aun a sabiendas de que no va a llegar. Precisamente esa es la pregunta que barniza esta maravilla: ¿Qué c**o es llegar? ¿Qué c****es significa triunfar?

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