La crítica ★★★★☆

‘The drama’: una pareja de ensueño protagoniza esta comedia negra de la era post-woke

Robert Pattinson y Zendaya interpretan una idílica pareja a punto de casarse hasta que una revelación hace que los cimientos de su relación se tambaleen

'El drama': una pareja de ensueño protagoniza esta comedia negra de la era post-woke
'El drama': una pareja de ensueño protagoniza esta comedia negra de la era post-woke
Montae: kiloycuarto

Si alguien nos llega a decir a todos esos niños millennials y de la Generación Z, allá por 2010, que Edward Cullen y Rocky Blue acabarían interpretando a una pareja en una película con altas aspiraciones artísticas, le habríamos mandado a hacer puñetas. Sin embargo, tres lustros después, habiendo rehecho sus carreras y pasado a formar parte del panteón de estrellas de Hollywood más respetadas, consideramos que ya estaban tardando en compartir pantalla. ¿Sería exagerado compararlo —salvando las distancias— con el encuentro de Al Pacino y Robert De Niro en Heat? The drama es una sátira matrimonial sobre la incertidumbre de una relación aparentemente de ensueño: el amor incondicional y sincero a pesar de, o en cierto modo precisamente por, los defectos del otro. Este tipo de relaciones se enfrentan a la rutina, las pequeñas molestias de la convivencia y la imposibilidad de saber con certeza qué pasa por las cabezas ajenas.

Robert Pattinson interpreta a Charlie, un inseguro director de museo que amplifica su intelectualidad para impresionar a Emma, el personaje de Zendaya, fingiendo amar el libro que ella está leyendo (lo que ahora se llama “hombre performativo“). Su primer torpe encuentro en una cafetería acaba desembocando en una cita ya que, por suerte para él, Emma es sorda de un oído, lo que le permite volver a intentar su plan de ataque. Dos años después, la pareja comparte piso y se encuentra a una semana de su boda, con todos los preparativos que eso implica, como el discurso, el baile y el menú. Es en la cata de este último que la pareja se reúne con sus amigos, Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie), que serán dama de honor y padrino respectivamente. En medio de un dilema moral tras creer haber visto a la DJ de la boda fumando heroína en plena calle, los cuatro juegan a un juego en el que cada uno debe confesar lo peor que haya hecho en su vida. Escasos minutos después, todos habrán preferido no saberlo.

El drama - Cultura
Imagen promocional de la película de Robert Pattinson y Zendaya.
A24

La dirección y el guion están a cargo del noruego Kristoffer Borgli, un cineasta con interés en satirizar el narcisismo, la performatividad y el anhelo de atención, pero cuyo debut, Sick of Myself, resultaba algo torpe en el intento. Su segunda película, Dream Scenario, proponía una comedia surrealista en la que Nicolas Cage experimentaba el reverso del estrellato al aparecer en los sueños de millones de desconocidos. Aquí opta por un enfoque más cotidiano en lo que, de primeras, parece una ingeniosa comedia romántica al estilo del mejor Woody Allen —por quien Borgli ha expresado admiración—, pero que pronto deriva hacia algo más retorcido, más cercano al sello de A24, su distribuidora estadounidense. Hasta ese momento, la película se centra en el relato aspiracional de una pareja joven, atractiva y de éxito que prepara una boda de ensueño. El mayor punto de conflicto es un desacuerdo acerca del baile nupcial. Emma opina que tener un baile planeado es “postureo”, a lo que la coreógrafa le responde que una boda es “inherentemente postureo”.

A partir de la escena en la que se revela el oscuro episodio que lo cambia todo, los personajes empiezan a mostrar otras caras. Rachel, la dama de honor, es la primera en reaccionar, en un arranque de superioridad moral muy reconocible. A diferencia de Sick of Myself, las acciones y reacciones de los personajes aquí se sienten plenamente verosímiles, lo cual resulta bastante más inquietante. Nuestro pasado está sujeto a escrutinio: todo el mundo tiene derecho a opinar y la redención parece casi un mito. Lo interesante es que la película no se queda ahí, sino que, a medida que avanza, la pareja se ve envuelta en situaciones cada vez más enrevesadas que apuntan a una catarsis conforme se acerca la boda. Buena parte de estos enredos funcionan gracias al sólido reparto secundario: la coreógrafa, los DJs, la fotógrafa o Misha, una compañera de trabajo de Charlie, elevan la película a momentos realmente desternillantes, incluso con lo incómodo del material.

Ahí reside uno de sus mayores aciertos: en abordar un asunto delicado —y especialmente sensible en Estados Unidos— con respeto, sin renunciar al componente cómico. La película funciona como un espejo que devuelve una imagen poco favorecedora de ciertas dinámicas contemporáneas, especialmente en lo que respecta al alardeo moral. No es la primera en cuestionar la cultura de la cancelación: Tár ya lo hacía con notable precisión. Más recientemente, Caza de brujas de Luca Guadagnino ha transitado por terrenos similares. Como suele ocurrir, lo que empezó como tragedia acaba rozando la farsa. Y aquí Borgli apenas necesita exagerar: le basta con observar y reproducir.

Salvo en contados momentos efectistas (¿cuántas veces se puede recurrir al vómito para interrumpir un diálogo a conveniencia?), la película mantiene bien el pulso. Puede que, con el tiempo, este tipo de relatos sobre la era post-woke acaben saturándose, pero por ahora The drama encuentra un equilibrio eficaz entre sátira y retrato generacional. Y, hasta entonces, seguiremos riéndonos de ello, mientras otros se rasgan las vestiduras.

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