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Una presidenta y casi ninguna directora: la paradoja femenina de Venecia 2026

Mientras Maggie Gyllenhaal se prepara para presidir un jurado marcado por voces progresistas en el Lido, el Festival de Venecia afronta una intensa polémica por una competición oficial en la que solo una película dirigida en solitario por una mujer aspira al León de Oro

Una presidenta y casi ninguna directora: la paradoja femenina de Venecia 2026.
Maggie Gyllenhaal, presidenta del jurado principal del Festival de Venecia y las únicas dos directoras candidatas: May el-Toukhy y Rachel Szor.
Montaje: kiloycuarto

La 83ª edición del Festival de Venecia abre hoy en la histórica isla del Lido entre glamour, esperadísimas premières y polémicas de calado. Del 2 al 12 de septiembre, la cita italiana vuelve a funcionar como una de las principales lanzaderas de la próxima temporada de premios. Mientras la adaptación de Ink dirigida por Danny Boyle inaugura el certamen y estrellas como Robert Pattinson se preparan para desfilar por la alfombra roja, una controversia incómoda se cierne sobre el festival.

En el centro de la edición de este año se encuentra una paradoja evidente. Presidido por Maggie Gyllenhaal —ganadora del premio al mejor guion en Venecia en 2021 por La hija oscura—, el jurado de la competición principal reúne algunas voces especialmente comprometidas con cuestiones políticas y sociales. Entre sus miembros se encuentran la tunecina Kaouther Ben Hania y la directora afgana Shahrbanoo Sadat, cuyas obras han abordado cuestiones de identidad, género y conflicto. Sin embargo, este jurado con una fuerte presencia femenina deberá evaluar una selección dirigida casi por completo por hombres

De las 21 películas que compiten este año por el León de Oro, el drama danés de May el-Toukhy, Kvinde Ukendt (Woman Unknown), es la única dirigida en solitario por una mujer. El único otro crédito femenino pertenece a Rachel Szor, que codirige Naza junto a Yuval Abraham. El desequilibrio supone el descenso más acusado de la representación femenina en la competición principal de Venecia en los últimos cinco años. En la edición anterior, seis de las 21 películas a concurso estaban dirigidas por mujeres. La regresión ha provocado críticas inmediatas y ha reabierto las acusaciones de sesgo institucional de género.

La respuesta de una parte de la comunidad cinematográfica europea ha sido rápida y organizada. Una coalición de organismos italianos y europeos publicó una contundente carta abierta en el diario La Repubblica para protestar contra la selección. Firmada por asociaciones como 11autori, ANAC, AIR3, Doc/it, la European Women’s Audiovisual Network (EWA) y Women in Film Television & Media Italia (WIFTM), la misiva calificaba el proceso de selección de «unidimensional» y «problemático».

Fotograma de 'Woman Unknown' de Maya
Fotograma de ‘Woman Unknown’ de May el-Toukhy.
Nordisk Film

La carta se detenía especialmente en la representación del cine italiano dentro de la programación principal. Mientras siete directores hombres representan al país anfitrión en las distintas secciones competitivas y no competitivas, no se ha seleccionado a ninguna directora italiana para la competición principal. Las únicas dos cineastas italianas presentes en la selección oficial aparecen en la sección Horizontes: Alina Marazzi con La chica de la Leica y Anna Foglietta con Una storia. Los firmantes denunciaban así una presencia femenina prácticamente inexistente en los espacios de mayor visibilidad del festival.

El director artístico del Festival de Venecia, Alberto Barbera, no tardó en defender el proceso de selección y rechazó las acusaciones de sesgo de género. En una entrevista presencial con Variety, Barbera insistió en que el comité había atendido exclusivamente a la calidad artística como criterio de selección. Afirmó que el festival esperaba poder incluir más películas dirigidas por mujeres, pero que este año se habían presentado menos. Según explicó, las películas de ficción dirigidas por mujeres representaron apenas el 24% de las inscripciones, frente al 30% del año anterior.

«Desafortunadamente, también las encontramos de menor calidad, por lo que no pudimos incluir más en la competición», defendió Barbera, quien añadió que la película de May el-Toukhy era «la única que encontramos con la calidad adecuada para competir internacionalmente». También reiteró su oposición a las cuotas de género: «Es humillante para las mujeres si se piensa que han sido elegidas porque son mujeres en lugar de porque hicieron una buena película».

La carta abierta publicada en La Repubblica cuestionaba precisamente esa defensa de una supuesta «calidad neutral» y el propio lenguaje empleado por la dirección artística. «La calidad no es una categoría divina, neutral u objetiva que flota por encima de la historia», escribían los cineastas. Los firmantes sostienen que aquello que se considera «calidad» está inevitablemente atravesado por las preferencias, la mirada editorial y los sesgos de quienes seleccionan las obras. El arte, recuerdan, no existe en un vacío ajeno a las relaciones de poder.

«Cuando, año tras año, el resultado es una representación tan desequilibrada, no podemos simplemente concluir que las mujeres directoras no son lo suficientemente buenas», continuaba la carta. «Debemos preguntarnos si las herramientas a través de las cuales vemos el cine todavía sirven para el presente». El acusado descenso resulta especialmente significativo si se tienen en cuenta los compromisos históricos asumidos por el propio festival: este año se cumplen ocho desde que Venecia firmó en 2018 el compromiso de paridad de género «50/50 by 2020».

VENICE (Italy), 01/09/2026.- Festival Director Alberto Barbera poses at Lido Beach ahead of the 83rd annual Venice International Film Festival, in Venice, Italy, 01 September 2026. The festival runs from 02 to 12 September 2026. (Cine, Cine, Italia, Venecia) EFE/EPA/FABIO FRUSTACI
Alberto Barbera, director del Festival de Venecia.
EFE/EPA/FABIO FRUSTACI

Los críticos sostienen que la dirección del festival no puede limitarse a señalar las estadísticas de participación. En lugar de reflejar pasivamente las desigualdades existentes dentro de la industria, una institución del peso de Venecia podría desempeñar un papel activo en la promoción y visibilidad de las cineastas para contribuir a reducir una brecha que sigue siendo estructural. Seis años después de la fecha fijada como objetivo, la presencia femenina en la competición principal ha retrocedido de forma notabl

La ironía de la defensa de Barbera basada exclusivamente en la calidad es que, cuando las directoras sí han sido seleccionadas para competir, su presencia ha resultado especialmente relevante. A comienzos de esta década, Venecia concedió su León de Oro a directoras durante tres años consecutivos: Chloé Zhao por Nomadland en 2020, Audrey Diwan por El acontecimiento en 2021 y Laura Poitras por La belleza y el dolor en 2022. Las tres películas alcanzaron posteriormente una importante repercusión internacional y tuvieron una presencia destacada durante la temporada de premios.

Mientras la comunidad cinematográfica internacional se reúne en el Lido para la noche inaugural, la alfombra roja volverá a concentrar buena parte de la atención, con títulos como Wild Horse Nine, de Martin McDonagh, ya señalados entre los aspirantes de la próxima temporada de los Oscar. Pero bajo el glamour permanece abierto un debate más profundo sobre quién consigue acceder a los espacios de mayor prestigio del cine internacional y bajo qué criterios.

Bajo la presidencia de Gyllenhaal, el jurado tendrá en sus manos la decisión sobre los máximos reconocimientos del festival. La verdadera incógnita, sin embargo, no es solo quién se llevará el León de Oro, sino qué dice una competición casi enteramente masculina sobre la manera en que una de las instituciones cinematográficas más influyentes del mundo sigue definiendo la excelencia.

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