La última tecnología está a punto de aterrizar en las Fuerzas Armadas españolas.
La colaboración entre el Ejército del Aire y del Espacio y la Universidad Politécnica de Madrid llevó a probar a principios de año la aplicación de cascos neurológicos en la aviación militar. Concretamente, la experiencia se llevó a cabo en la Base Aérea de Torrejón.
Los pilotos del Ala 12 realizaron un ejercicio en el que usaron un casco con un sistema de registro de electroencefalografía (EEG) no invasivo. De este modo, se fue visualizando y registrando las señales neurofisiológicas de cada piloto.
Así, esta tecnología, que combina procesamientos de monitorización e indicadores con inteligencia artificial, permite obtener información en tiempo real sobre el estado cognitivo del piloto. Adicionalmente, también es posible seguir su conciencia en cada situación, y evaluar en vivo todas las respuestas fisiológicas en condiciones de alta demanda de la operativa real.
Aunque la maniobra se llevó a cabo en tierra, esta permitió adaptar por primera vez los exámenes a las condiciones reales de una cabina de un caza en movimiento. Por tanto, se ha demostrado que es viable la adquisición de señales neurofisiológicas en un entorno aeronáutico operativo.
Muy pronto, también serán posibles los vuelos de ensayo. Estos serían pioneros en el mundo en cuanto a la aplicación de la neurotecnología a la fuerza de defensa aérea. Y la exigencia de las pruebas también verá in crescendo su magnitud.
Las posibilidades tras los cascos neurológicos para el Ejército del Aire y del Espacio

El grupo tras los cascos neurológicos que ya evalúa el Ejército del Aire y del Espacio es el equipo investigador NeuroTechAI-UPM. Este formó parte del centro de ensayos del programa DIANA-OTAN, y también ha colaborado la empresa Indra.
Este equipo ha sido uno de los principales colaboradores de la fuerza aérea de nuestro país. Uno de los primeros proyectos fruto del acuerdo fue el uso de dispositivos en las cabinas de los cazas. Estos eran capaces de operar en las condiciones más extremas y funcionando en armonía con el equipamiento militar.
Todo este proyecto comenzó con el trabajo del NeuroTechAI, que hizo las primeras pruebas en sus laboratorios de investigación. Después, llegaron las simulaciones de los EF-18, y hace unos meses se completó la prueba en un F-18 real en Torrejón.
La ambición respecto a la neurotecnología y sus capacidades se han puesto en el foco en estos momentos. Esta innovación ha llegado directamente a la cabeza de los y las pilotos, y parece que ha llegado para quedarse y revolucionar la aviación militar.
Próximamente, las tecnologías de neuromonitorización permitirán seguir el estado de los pilotos en todo momento. No sólo de manera externa, sino los propios pilotos, recibiendo la información en las tablets que llegan consigo colgadas de sus trajes.
El Ejército del Aire y del Espacio indica que, en el futuro, esperan contar con “sistemas neuroadaptativos que faciliten una aviación más segura y eficiente”. Así, a través de sensores e IA, el futuro de la fuerza de combate aérea podría cambiar no sólo a nivel nacional, sino también en el internacional.
