Casi nadie recuerda sus nombres, pero estuvieron allí antes que nadie. Mucho antes de que la ley reconociera su derecho a vestir un uniforme, antes incluso de que la palabra “igualdad” formara parte del vocabulario institucional. En los años cuarenta, cuando la Guardia Civil era un territorio exclusivamente masculino, ellas entraban y salían de los cuarteles sin armas, sin emblemas y sin posibilidad de ascenso. Se las llamaba matronas, y su trabajo, registrar y atender a mujeres detenidas, era tan necesario como invisible. Su presencia no figuraba en los documentos oficiales, pero su existencia anticipaba una pregunta que tardaría décadas en formularse: ¿qué lugar ocuparía la mujer en un cuerpo que nunca había sido pensado para ella?
La respuesta empezó a tomar forma en 1988. Ese año, un Real Decreto abrió por primera vez la puerta a que las mujeres pudieran presentarse a las pruebas de acceso. La norma garantizaba igualdad de derechos y oportunidades, pero sobre todo inauguraba un cambio cultural profundo. Ese mismo año, 2.917 mujeres aspiraron a entrar en la Academia de Baeza para convertirse en lo que, coloquialmente se conoce como “isidras” –que no tienen vinculación familiar con el Cuerpo-; 198 lo consiguieron. Aquella primera promoción mixta, la del 94, rompió una inercia de más de siglo y medio. Por primera vez, mujeres guardias civiles se formaban como elementos de seguridad, ocupando un espacio que hasta entonces había sido exclusivamente masculino.

Casi cuarenta años después, la fotografía es distinta. Una fotografía que el Ministerio del Interior acaba de reforzar con el II Plan de Igualdad de la Guardia Civil, un documento que habla abiertamente de una “transformación profunda” de la estructura de mando gracias al liderazgo femenino. Según fuentes del Instituto Armado, las mujeres representan ya el 11% de la plantilla de la Guardia Civil lo que significa un incremento del 60% en seis años, ya que en 2019 el porcentaje se situaba en el 7,3%. En 2024 alcanzó el 9,4%: De ese total, el 6,63 % son oficiales; 4,87% son suboficiales; 4,41% cabos y 11,87% guardias civiles. La cifra no es una meta, pero sí un indicador claro de un avance sostenido.
Cada año entran más mujeres y se consolidan más vocaciones además de que crecen los referentes: Cristina Moreno ascendió recientemente a coronel pasando a ser la segunda mujer en la historia del cuerpo en alcanzar este grado tras una trayectoria de 33 años de servicio. Lo hizo un mes después de que ascendiera a coronel María Dolores Gimeno Durán, “Lola” siendo esta la primera mujer en ascender al empleo de Coronel en la historia de la Guardia Civil.
Un plan para acelerar la transformación
El propio Plan subraya que el liderazgo femenino ya no es una excepción, sino una realidad normalizada que empieza a ocupar unidades estratégicas y espacios de decisión. Ese avance no ocurre en el vacío. Interior busca ordenar y acelerar una transformación que ya es visible sobre el terreno. El plan se articula en cuatro líneas de acción que dibuja el tipo de institución que la Guardia Civil quiere ser en las próximas décadas: un cuerpo donde el acceso, la promoción y el liderazgo femenino se desarrollen sin techos invisibles; donde la conciliación y la corresponsabilidad dejen de depender de la buena voluntad de cada unidad; donde exista una tolerancia cero real frente al acoso y la violencia contra las mujeres; y donde la igualdad forme parte del funcionamiento ordinario gracias a una transformación organizativa basada en datos, formación continua y estructuras de gobernanza más permeables.
El dato adquiere perspectiva cuando se compara con el resto de cuerpos de seguridad del Estado. En la Policía Nacional, las mujeres suponen el 18,2%; en las Fuerzas Armadas, el 13%. En conjunto, el 13,4% de quienes sirven en las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son mujeres. La Guardia Civil sigue siendo el Cuerpo con menor presencia femenina, pero también uno en el que la tendencia es inequívoca: la base femenina es más joven, la incorporación es constante y la presencia se expande a nuevas áreas. El II Plan de Igualdad confirma que el porcentaje de mujeres aspirantes en acceso libre ha pasado del 19,5% en 2019 al 35% actual, un salto que anticipa un cambio generacional sostenido.

Esa expansión tiene matices. El Plan incorpora precisamente un eje de “transformación organizativa” para integrar la igualdad en el funcionamiento ordinario y reforzar estructuras de gobernanza que permitan que esta diversificación siga creciendo. Aunque la Guardia Civil no publica un desglose oficial por especialidades, sí se observa una mayor presencia femenina en Seguridad Ciudadana, Policía Judicial, Violencia de Género, Información, análisis criminal y áreas técnicas. Son destinos donde el perfil profesional, la formación y la capacidad analítica pesan más que la exigencia física extrema. En cambio, unidades como Montaña, GEAS o GAR mantienen una presencia femenina baja, un patrón que también se repite en las Fuerzas Armadas, donde las mujeres se concentran en sanidad, logística, administración y cuerpos comunes.
Más jóvenes que los hombres
La edad media de las mujeres guardias civiles es más baja que la de los hombres algo natural por su incorporación paulatina de manera que, incluso sin cambios normativos, la presencia femenina crecerá de forma natural en los próximos años.
Los referentes también han cambiado. En 2019, la comandante Silvia Gil Cerdá y la capitán María José Garrido Antón fueron reconocidas entre las Top 100 Mujeres Líderes de España, un gesto simbólico que situó a la Guardia Civil en un espacio de visibilidad que antes no existía. Y en 2020, la coronel Gil se convirtió en la primera mujer en dirigir una Comandancia, un hito tardío pero significativo.
La historia de la mujer en la Guardia Civil no es lineal ni está exenta de desafíos. Pero es una historia de avance. De quienes entraron cuando nadie las esperaba. De quienes se presentaron a unas pruebas que nunca habían sido pensadas para ellas. De quienes hoy investigan delitos complejos, patrullan carreteras, trabajan en montaña, en fiscal, en información o en seguridad ciudadana. De quienes, con su presencia, han ampliado el significado mismo de la institución.
La dirección del camino es clara: más mujeres, más vocaciones, más referentes y una presencia que no deja de crecer.

