El origen del himno de la Guardia Civil tiene nombre de mujer. Hace más de un siglo, entre 1915 y 1916, una religiosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Sor Asunción García Sierra, dio forma a unos versos que acabarían convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del Instituto Armado. Unos lo conocen como el “Instituto gloria a ti” y otros simplemente como el himno de la Guardia Civil.
Su vida estuvo ligada a la educación y la asistencia social, una labor que desarrolló en centros vinculados al entorno de la Benemérita. Allí se atendía y formaba a huérfanas de los guardias fallecidos, en un contexto donde la enseñanza no solo era académica, sino también moral y humana. En ese ambiente, marcado por la pérdida y la necesidad de construir futuro desde la ausencia, Sor Asunción escribió una letra concebida inicialmente como himno escolar. No era aún un símbolo institucional, sino una pieza educativa pensada para transmitir valores como el deber, la lealtad y el servicio.
La música fue compuesta posteriormente por el maestro Ildefonso Moreno Carrillo, dando forma a aquella letra que, con el paso del tiempo, fue ganando solemnidad. Años después, la obra sería revisada y adaptada hasta integrarse en la vida del Colegio de Guardias Jóvenes “Duque de Ahumada”, en Valdemoro, donde encontró su cauce definitivo cuando fue entonado por primera vez en diciembre de 1922, coincidiendo con la salida de una promoción de alumnos, los “polillas”, como se conoce de forma cariñosa a los hijos del Cuerpo. En el “corralillo” del patio se escuchó por primera vez el “Instituto, gloria a ti, por tu honor quiero vivir, Viva España, viva el Rey, viva el orden y la Ley, viva honrada la Guardia Civil”.

El apodo de “polillas” ha sobrevivido al paso del tiempo sin una única explicación documentada, sostenido más por la tradición oral. Uno de los relatos más vinculan este nombre con el de los jóvenes estudiantes que se acercaban en el recreo a revolotear en torno a las niñas que estaban en otro espacio.
Otras historias sitúan su origen en las noches de estudio, cuando los alumnos, tras el toque de silencio, seguían leyendo cerca de las pocas fuentes de luz disponibles. Aquella imagen de jóvenes agrupados en torno a lámparas o faroles habría dado lugar a la comparación con las polillas, atraídas inevitablemente por la luz. Otros lo atribuyen a la presencia de estos insectos en telas y uniformes, lo que habría terminado por asociar el término a los estudiantes.
En ese mismo universo de disciplina, internado y formación nació la composición que con el tiempo trascendería su origen escolar. De cántico educativo para aquellos “polillas” a himno del Cuerpo, la pieza fue creciendo al ritmo de las generaciones que la hicieron suya, hasta convertirse en parte inseparable de la identidad de la Guardia Civil.
