El Ministerio de Defensa ha dado un paso definitivo para resolver las prolongadas inversiones de la Armada Española. Se trata de un plan de recuperación de la defensa cercana, técnicamente conocida como Close-In Weapons System (CIWS). El Gobierno ha autorizado esta semana el acuerdo para la incorporación de nuevos armamentos para las Fuerzas Armadas, tratándose de tres suministros de defensa destinados a los buques, con un valor estimado de 29.666.400 euros y una duración de seis años desde su formalización.
Esta decisión administrativa supone el fin de una larga espera que la Marina española arrastraba desde la baja del veterano sistema nacional Meroka. Durante años, los buques de la Armada han ido evolucionando en materia de capacidad para hacer frente a la amenaza de misiles de muy baja cota o drones una vez que estos logran superar las barreras de defensa de largo y medio alcance. En el lenguaje militar, la defensa de punto se conoce como la barrera final que garantiza la supervivencia de la dotación y la integridad del buque ante un ataque inminente.
Futuro de las F-80
La urgencia de este contrato se debe a una situación operativa casi insostenible. Actualmente, los buques españoles están desplegados en escenarios de alta volatilidad, como la Misión Atalanta de lucha contra la piratería en el Océano Índico. En esta región, los asaltos a buques mercantes son frecuentes y se han agravado en el último año, coincidiendo también con el incremento de la inestabilidad en el Mar Rojo a raíz de los ataques de las milicias hutíes.
En este entorno, las amenazas, y más aún en estos tiempos, han evolucionado con mayor rapidez. Ya no se trata solo de interceptar pequeñas embarcaciones, sino de neutralizar drones y sistemas lanzacohetes que pueden ser disparados desde la costa o desde tierra.

En el caso de las fragatas españolas de la clase F-80, la solución de emergencia ha consistido en instalar sistemas antidrón de la empresa Indra, junto con estaciones de armas, como la Guardian 2.0 y la Sentinel 30. A pesar de que estos equipos refuerzan la potencia de fuego, contienen, por sí mismos, un sistema de defensa de punto plenamente integrado y automatizado.
Un nuevo sistema
Todo apunta a que este acuerdo establecido desde el Consejo de Ministros es el inicio para dotar a los buques de la Armada de un sistema de defensa de punto que, junto a los sensores de búsqueda, tiene la capacidad de fuego real. El contrato actual parece ser la continuación lógica de la compra realizada en octubre del año pasado a la empresa Europavia, cuando la Armada adquirió tres sistemas de búsqueda y seguimiento infrarrojos con sensores electroópticos, basados en el modelo Omnisight.
Se podría interpretar que este equipo es una solución de vanguardia que combina la capacidad de búsqueda y seguimiento (IRST) del sistema Vampir NG con el sensor electroóptico (EOD) Paseo XLR. Sin embargo, para que el sistema estuviera completo, hacía falta la “parte activa”: la estación de armas que ejecutara el disparo. El contrato de casi 30 millones de euros, recién aprobado, servirá para adquirir artillería de tiro rápido o misiles de corto alcance.
Desde el Ministerio de Defensa
La necesidad de inversión en el ámbito naval se enmarca en un escenario de crecimiento presupuestario sin precedentes. La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, confirmó esta semana que España consolidará en 2026 una inversión equivalente al 2% del PIB, cumpliendo con las obligaciones del acuerdo con la OTAN.

Según Valcarce, este aumento, que ya sitúa el presupuesto por encima de los 34.000 millones de euros, busca una “disuasión creíble“. La responsable de Defensa subrayó que la disponibilidad de capacidades militares contribuye a reducir el riesgo de conflicto: “Cuando los países cuentan con medios suficientes, disminuye la probabilidad de confrontación”.
Además, este plan busca potenciar la tan hablada autonomía estratégica de España. Una parte significativa de la inversión se destinará al plan industrial nacional, lo que permitirá que las empresas españolas lideren el desarrollo de tecnologías críticas. Asimismo, la Armada ya ha explorado soluciones propias como el prototipo de misil Saeta del consorcio SMS o el desarrollo de una torre Sentinel 25 RFG de Indra. Con la firma de este nuevo acuerdo por más de 29 millones, España no solo adquiere armamento, sino que también garantiza que sus buques operen con autonomía.
