Por primera vez en muchos años, las futbolistas españolas podrán marcharse de vacaciones sin mirar atrás. Sin comunicados de protesta. Sin conflictos institucionales. Sin pensar en concentraciones u objetivos deportivos. El verano de 2026 supone algo más que el final de una temporada. Representa el cierre de un ciclo extraordinario, probablemente el más convulso, pero también el más transformador de la historia del fútbol femenino español. Y el más éxito, por supuesto. Con un Mundial, cinco Balones de Oro, varias Champions y un subcampeonato de la Eurocopa.
Se podría decir que, con la final europea en Suiza ante Inglaterra -derrota en los penaltis-, se cerró un círculo. Pero lo cierto es que la sensación de que ya sí que se ha pasado página llega ahora. Pues en ese momento se cambió a la seleccionadora en el cargo. Una Montse Tomé que, a pesar de haber sido segunda de Jorge Vilda durante la era de Luis Rubiales, lideró a la Selección en sus primeros Juegos Olímpicos y en la Eurocopa. Si en el torneo olímpico de Paris 2024 el resultado fue decepcionante, con un cuarto puesto y sin medalla para las campeonas del mundo, Suiza 2025 representó la continuidad de un equipo que quiere más. Aún así, el título se resistió y la Real Federación Española de Fútbol decidió un cambio de ciclo total en la Selección.

Sonia Bermúdez, leyenda como jugadora y una de las jóvenes entrenadoras españolas que venía pidiendo paso, tomó los mandos. Y su inicio en el cargo no ha ido nada mal: España revalidó el título de la Nations League y certificó su clasificación para el Mundial de 2027 en Brasil. Un último objetivo marcado por su gran golpe sobre la mesa ante Inglaterra, su rival en el grupo y el equipo que les dejó sin Eurocopa hace un año. Las inglesas, subcampeonas en la Copa del Mundo que alzó España, tendrán que pasar por el playoff para estar en la cita planetaria. Mientras tanto, las jugadoras española pudieron despedirse de esta temporada con una gran celebración.

La espina de la Champiosn y cinco Balones de Oro
Cabe recordar que, además de estos éxitos en la Selección, el Barça hizo historia con otro póker de títulos: Liga, Copa, Supercopa y Champions. Volvieron a ser campeonas las culés tras el chasco en Lisboa el año pasado -perdieron 1-0 ante el Arsenal en la final continental-. Y lo hicieron con las mejores jugadoras en sus filas. Porque desde el año 2021, el Balón de Oro ha estado dominado por españolas: dos trofeos para Alexia Putellas y tres para Aitana Bonmatí, quien luce como la mejor futbolista del mundo en la actualidad.

Tanto ellas dos como el resto de sus compañeras podrán irse de vacaciones sin remordimientos. Mirando a su alrededor con la calma de quien lo ha dado todo, tanto dentro como fuera del campo, estos últimos años. En la Selección, se pasó de cuestionar públicamente a la RFEF a conquistar el mundo, protagonizar una revolución social y deportiva y, finalmente, alcanzar una estabilidad que parecía imposible en 2022.
La Eurocopa de Inglaterra 2022 y ‘Las 15’
La historia reciente del fútbol femenino español no puede entenderse sin remontarse a aquella Eurocopa disputada en Inglaterra. España llegó al torneo como una de las grandes aspirantes, pese al durísimo golpe que supuso la lesión de Alexia Putellas apenas unos días antes del debut. La eliminación en cuartos de final ante Inglaterra dejó heridas deportivas, pero también abrió la puerta a un conflicto mucho más profundo.
Dos meses después estalló la crisis de ‘Las 15’. Quince futbolistas comunicaron a la Real Federación Española de Fútbol que no volverían a acudir a la selección mientras no se produjeran cambios estructurales en el funcionamiento del equipo. El foco se situó sobre el cuerpo técnico de Jorge Vilda, pero el malestar trascendía la figura del seleccionador. Las jugadoras denunciaban problemas relacionados con la preparación, la gestión del grupo y el nivel de profesionalización de la estructura federativa. La Federación respondió cerrando filas en torno a Vilda y el conflicto derivó en una fractura sin precedentes.
Durante meses, el fútbol femenino español vivió una guerra fría. Algunas de las mejores jugadoras del país permanecieron fuera de la selección mientras se acercaba el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. Desde fuera parecía imposible imaginar un desenlace feliz. España tenía talento para competir con cualquiera, pero estaba dividida. Y, sin embargo, la Copa del Mundo de 2023 fue otro grito al mundo de todo lo que las españolas querían demostrar.
Un Mundial con varios ‘peros’
Pocas veces una selección ha protagonizado una transformación tan radical en tan poco tiempo. Algunas futbolistas regresaron. Otras mantuvieron su postura, con la ausencia marcada en el Mundial de jugadoras como Mapi León o Patri Guijarro. No obstante, el equipo encontró un equilibrio competitivo que le permitió construir una de las mayores gestas de la historia del deporte español.
España conquistó el Mundial tras derrotar a Inglaterra en la final de Sídney. Olga Carmona marcó el gol que dio a la Selección su primera estrella y convirtió a aquella generación en eterna. Aitana Bonmatí confirmó que era la mejor futbolista del planeta. Irene Paredes lideró al grupo. Jugadoras como Salma Paralluelo o Cata Coll irrumpieron definitivamente en la élite. Y el fútbol femenino español alcanzó la cima mundial. Pero la gloria apenas duró unos minutos.
El beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso durante la ceremonia de entrega de medallas cambió para siempre el relato de aquel triunfo. Lo que debía ser una celebración histórica se convirtió en una crisis institucional de alcance mundial. Las imágenes recorrieron el planeta y desencadenaron una reacción sin precedentes dentro y fuera del deporte.

El ‘Se Acabó’ y los cambios en la RFEF
El denominado “Caso Rubiales” acabó convirtiéndose en mucho más que un escándalo federativo. Fue el detonante de un movimiento que cristalizó en el lema “#SeAcabó”, una consigna que trascendió el fútbol y se convirtió en símbolo de una reivindicación social más amplia. Las campeonas del mundo exigieron cambios profundos en la Federación, reclamaron entornos seguros y denunciaron dinámicas que llevaban años soportando. Y, de paso, sirvieron de inspiración para muchas mujeres en cualquier ámbito de la sociedad.
La presión fue creciendo hasta provocar la dimisión de Rubiales. También la destitución de Jorge Vilda, quien había respaldado al presidente. La estructura federativa inició una profunda transformación y la selección femenina pasó a convertirse en el epicentro de un debate nacional sobre igualdad. Paradójicamente, el conflicto que había comenzado con “Las 15” terminó encontrando su desenlace definitivo a través del “Caso Rubiales”. Lo que en 2022 parecía una disputa interna acabó desembocando en una revisión completa de las relaciones entre las futbolistas y el fútbol femenino y quienes tomaban las decisiones en este deporte en España.

Los años posteriores fueron de reconstrucción. Ni 2024 ni 2025 estuvieron marcados por grandes guerras internas. Fueron temporadas de transición, con la presencia durante un periodo del juicio por el ‘Caso Rubiales’. También adaptación a una nueva realidad. De consolidación deportiva e institucional. La Selección seguía siendo una potencia mundial, pero debía aprender a convivir con la etiqueta de favorita.
El mal sabor de boca de los Juegos Olímpicos de Paris 2024
En los Juegos Olímpicos, el equipo no logró responder a las enormes expectativas generadas tras el Mundial. La decepción fue evidente porque el talento disponible invitaba a soñar con mucho más. España comprobó que mantenerse en la élite es tan complicado como llegar a ella.
Después llegó una nueva Eurocopa. El torneo confirmó que la selección seguía perteneciendo al reducido grupo de equipos capaces de competir por cualquier título. Sin embargo, el desenlace volvió a dejar una sensación agridulce. El subcampeonato reforzó el prestigio internacional de España, pero también recordó la exigencia que acompaña a las grandes selecciones: cuando se ha sido campeona del mundo, cualquier resultado que no sea ganar parece insuficiente.
Y entonces apareció 2026. Por primera vez en mucho tiempo no hay una gran crisis que gestionar ni una cita internacional inmediata que preparar. No existe una guerra abierta con la Federación. No hay manifiestos colectivos. No hay una Selección rota en dos bloques. Tampoco un juicio mediático permanente alrededor del equipo.
Eso no significa que todos los problemas hayan desaparecido. El fútbol femenino español sigue enfrentándose a retos importantes relacionados con la profesionalización, la sostenibilidad económica de los clubes o el crecimiento de las competiciones. La paz, en ocasiones, es un concepto difícil de medir. No aparece en las estadísticas ni se celebra con medallas. Sin embargo, pocas veces había sido tan visible como ahora.
Después de la Eurocopa de 2022 y el conflicto de ‘Las 15’. Después del Mundial de 2023 y el terremoto del “Caso Rubiales”. Después de años de tensión, enfrentamientos, reivindicaciones y cambios estructurales, las futbolistas españolas llegan al verano de 2026 con algo que parecía inalcanzable hace apenas cuatro años. Normalidad. Y quizá ese sea el mayor triunfo de todos.

