A los seis años, cogió una raqueta por primera vez. Años después, es recordada por ser la tenista más importante de su natal Argentina. Gabriela Sabatini no solo construyó su legado a base de triunfos y éxitos deportivos, su calidad humana y compromiso social siempre destacaron entre el resto. Tras darse a conocer que estará en Madrid el próximo 8 de octubre para el primer Masters de Tenis Inclusivo, organizado por la Fundación Sanitas, es inevitable dar un repaso a una de las trayectorias más importantes de la historia de este deporte.
Sus inicios y el éxito temprano
“A los seis años agarré una raqueta por primera vez y me enamoré del tenis. Sentí una pasión enorme y no podía dejar de pegarle a la pelota“. Así relataba Gabriela en entrevista con UNICEF Argentina cómo comenzó su amor por el deporte al que dedicó cuerpo y alma durante 16 temporadas.
A sus ocho años, ya comenzaba a demostrar tintes de éxito, terminando en el puesto número 12 en la clasificación nacional. Posteriormente, consiguió alzarse con un Mundialito Infantil en Caracas a sus doce años para, tiempo después, consagrarse campeona Mundial Juvenil en Roland Garros Junior a los catorce años.
Finalmente, en 1985, tras haber cumplido los quince, Gabriela hizo su debut profesional en el máximo circuito marcando un récord muy destacado. Se convirtió en la tenista más joven hasta entonces en disputar una semifinal individual de Roland Garros. “Cuando todo el trabajo de tantos años se ve reflejado en un gran triunfo, es la satisfacción más grande, es el momento en el que una siente que todo valió la pena“, afirmaba en su entrevista con UNICEF.
Logros deportivos y cúspide de su carrera
Durante los años 90, Gabriela se convirtió en una de las tenistas más laureadas e icónicas de ese entonces. Ganó 27 títulos individuales como profesional y 12 en modalidad de dobles, sumando así la friolera de 39 títulos en total. De 1985 a 1990, la tenista argentina fue forjando su nombre partido a partido.
En el 87 volvió a ser semifinalista de un Roland Garros, y para el 88 ya comenzaba a sumar éxitos a su vitrina, ganando en Roma, Montreal y Boca Ratón. Esta última final le permitió elevar aún más su nombre dentro del tenis, pues consiguió ganarle a la que en ese momento era considerada la mejor tenista del mundo, la alemana Steffi Graf. Ese mismo año, las dos consiguieron ganar Wimbledon en el formato de dobles, formando una pareja absolutamente letal.
Con 20 años, Gabriela ya presumía 14 títulos a sus espaldas. Su ranking en la WTA no hacía más que subir, hasta el punto de alcanzar por primera vez el Nº3 en 1989. Aun así, todavía le faltaba ganar un Grand Slam, el cual se le había negado en el 88 tras perder contra Steffi Graf. Pero el destino la recompensó más pronto de lo esperado, pues el US Open de 1990 fue la culminación de todos sus años de esfuerzo y disciplina constante al alzarse con el título tras ganarle a Graf por 6-2 y 7-6, cumpliendo así su sueño de levantar “un grande”.
Representando a su país, también logró resultados importantes. No en vano, obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl y alcanzó unas semifinales en la Copa Billie Jean King del 86 junto a Mercedes Paz y Adriana Korn como capitana de ese grupo.
Pronto retiro y activismo social
Tras haber ganado 632 partidos, representar a su país en competiciones oficiales, levantar un Grand Slam ante la mejor tenista del mundo y haberse mantenido en el Top 5 de la WTA durante 312 semanas, Gabriela sorprendió al mundo del deporte al anunciar que se retiraba del tenis profesional a sus 26 años de edad.
Posteriormente, explicó en una charla con Agustín Creevy que sus razones para dejar el deporte a esa edad tan temprana se debían a un desgaste mental más que a algún problema físico. “No me dio más la cabeza. A los 26 años, físicamente estaba súper bien. Ya lo venía procesando. Creo que esto comenzó quizás en el 94, dos años antes digamos“. Gabriela finalmente se despidió del circuito el 24 de octubre de 1996 durante un homenaje realizado en el Madison Square Garden de Nueva York.
Tras su retiro, Gabriela siguió manteniéndose en forma y practicando otros deportes, pero priorizando mantenerse más alejada de las cámaras y la fama. Ahora es apasionada del ciclismo de ruta, lo que le valió para participar en el Tour de Francia de forma amateur.
Su compromiso con fundaciones que ayudan a la formación de niñas y niños en el deporte sigue vigente, siendo treinta años después de su retiro una inspiración para muchos jóvenes. En sus palabras en entrevista con UNICEF, destaca que para ella “es muy gratificante poder ayudar, y más haciéndolo para instituciones que hacen tanto por la educación, algo esencial para el desarrollo y crecimiento de cada persona“.

