El circuito femenino de tenis se prepara para vivir una auténtica revolución. La Asociación Femenina de Tenis (WTA) ha desvelado su ambiciosa hoja de ruta para la temporada 2027, un calendario que no solo abarca 55 eventos en 26 países, sino que trae consigo una de las noticias más esperadas y reivindicadas en la historia del deporte: un paso definitivo hacia la paridad económica y la conciliación de las deportistas.
El aspecto más destacado y transformador de esta reestructuración afecta directamente al sueldo y al prestigio de las jugadoras. Por primera vez en la historia, todos los torneos combinados de categoría WTA 1000, el equivalente a los Masters 1000 del circuito masculino de la ATP, repartirán exactamente la misma cantidad en premios para mujeres que para hombres.
Citas históricas y de enorme peso en el calendario como el torneo de Roma, el de Canadá (Montreal y Toronto) y el de Cincinnati darán por fin este paso en 2027. De este modo, se sumarán a otros grandes escenarios como Indian Wells, Miami, el Mutua Madrid Open y Pekín, que ya habían asumido este compromiso igualitario junto a los cuatro Grand Slams.
Para asegurar que los promotores puedan sostener este esfuerzo, la WTA no ha dejado a los torneos solos. La organización ha anunciado la creación de un ‘Fondo de Inversión de Torneos’, un salvavidas financiero diseñado para inyectar capital en mercados estratégicos y garantizar que la igualdad en los cheques de los ganadores sea una realidad inamovible.
Valerie Camillo, presidenta de la WTA, no ocultaba la trascendencia de este anuncio al señalar que se trata de “un hito mayor para el tenis” que demuestra el compromiso de la organización por liderar la industria deportiva hacia la equidad.
Menos desgaste, más flexibilidad
Pero la igualdad no solo se mide en relación al salario o premios. Las tenistas llevan años alzando la voz contra un calendario extenuante que castiga tanto su físico como su salud mental. Atendiendo a esta demanda, la WTA implementará en 2027 una serie de cambios normativos impulsados por el Tour Architecture Council, un grupo de trabajo que ha estado presidido por la actual número tres del mundo, la estadounidense Jessica Pegula.
A partir de 2027, y en formato de prueba piloto, se reducirán las exigencias de participación. Las jugadoras del Top 50 ya no estarán obligadas a disputar seis torneos de categoría WTA 500 al año, bajando la cuota a cuatro. Esto deja el compromiso base en 14 torneos WTA más los cuatro Grand Slams. Además, el sistema de ranking será más comprensivo: las tenistas podrán descartar un mal resultado en un WTA 1000 y sustituirlo en su clasificación por un resultado brillante obtenido en un torneo menor (WTA 500 o 250).
“Como jugadoras, estamos en la carretera casi todo el año, así que tener más flexibilidad en nuestros calendarios marca una verdadera diferencia”, reflexiona Pegula. “Estos cambios nos dan más capacidad para construir nuestras temporadas en torno a nuestros propios objetivos, tanto competitivos como personales. Es un paso adelante muy impactante”.
Un circuito más global
Acompañando a estas medidas de calado, la WTA sigue expandiendo sus fronteras. El circuito asiático se fortalecerá con el nacimiento de un nuevo torneo de categoría 250 en Manila (Filipinas), buscando captar a una afición en constante crecimiento. Además, la temporada culminará con un gran cambio de sede para las codiciadas WTA Finals, el torneo de Maestras, que estrenará su nueva y flamante casa en Charlotte, Carolina del Norte.
Con este paquete de medidas integrales, la WTA da un paso decisivo hacia la visión fundacional que impulsaron hace más de 50 años Billie Jean King y las míticas Original 9. Un legado que hoy, más que nunca, garantiza que las mujeres tengan la misma oportunidad de competir, triunfar y ser valoradas en igualdad de condiciones que sus compañeros masculinos. El 2027 ya asoma en el horizonte, y lo hace trayendo consigo un tenis más justo.

