Las Golden State Valkyries se han convertido en uno de los grandes fenómenos del deporte femenino estadounidense. En apenas dos temporadas, la franquicia de San Francisco ha pasado de ser un equipo de expansión a conquistar la WNBA y alcanzar una valoración de 1.000 millones de dólares. Un crecimiento que demuestra el potencial deportivo y económico de una apuesta que todavía está dando sus primeros pasos.
El pasado 31 de octubre, las Valkyries levantaron su primer título tras imponerse a Atlanta Dream (68-63) en el séptimo partido de las finales. Ante 18.064 espectadores en el Chase Center, Tiffany Hayes resumió el significado de aquel éxito con una frase: “Esto es lo que pasa cuando se invierte en deporte femenino“. No era solo una celebración por el campeonato, sino también una reivindicación de todo lo que puede conseguir un proyecto respaldado por una inversión ambiciosa.
Una identidad antes de competir
Las Valkyries comenzaron a jugar en 2025, pero su construcción empezó mucho antes de su debut. La organización entendió que necesitaba algo más que una plantilla competitiva: debía crear una marca reconocible y una comunidad alrededor del equipo.
Para ello apostó por una identidad visual propia, el violeta como color distintivo y una mascota llamada Violet, además de buscar una conexión con la cultura de San Francisco. La respuesta llegó antes incluso de disputar su primer encuentro: consiguieron 15.000 depósitos para abonos de temporada. Desde entonces, han agotado las entradas de todos sus partidos como locales. El Chase Center, rebautizado como ‘Ballhalla‘ durante sus encuentros, se ha convertido en uno de los símbolos de su éxito.

El valor del trabajo colectivo
En la pista, la clave estuvo en construir una plantilla profunda, con distintas jugadoras capaces de asumir protagonismo. Gabby Williams fue una de las grandes figuras del campeonato. La internacional francesa encontró en San Francisco la confianza para desempeñar un papel principal y terminó siendo elegida MVP de las finales.
También destacó Janelle Salaün, reconocida como Mejor Sexta Jugadora de la WNBA después de promediar 12,7 puntos por encuentro. Su aportación desde el banquillo reflejó la importancia de una plantilla en la que las rotaciones y el rendimiento colectivo tuvieron un peso fundamental.
Lorena Torres, la presencia española
En la estructura que sostiene al equipo también hay talento español. La ibicenca Lorena Torres es directora de rendimiento y del departamento médico de las Valkyries. Su llegada supuso un reto: tuvo que desarrollar desde cero un departamento encargado de coordinar la preparación física, la prevención de lesiones y la recuperación de las jugadoras.
Su trabajo incluye el seguimiento de las cargas, la gestión de los minutos y la planificación de los entrenamientos y los descansos. Torres llegó al proyecto con experiencia en organizaciones como el FC Barcelona, los San Antonio Spurs y los Philadelphia 76ers, además de su trabajo con la selección española.
Un negocio millonario
El crecimiento de las Valkyries también se refleja en sus cifras. Según Sportico, la franquicia superó los 100 millones de dólares de ingresos anuales en 2026. Por su parte, CNBC estimó su valoración en 1.000 millones, una cifra que la sitúa entre los proyectos más valiosos del deporte femenino.
La inversión inicial por la plaza de expansión fue de 50 millones de dólares en 2023. En apenas tres años, el equipo ha construido una importante cartera de patrocinadores y ha convertido la venta de entradas y merchandising en parte de su crecimiento comercial. Un recorrido que evidencia que el interés por el deporte femenino puede traducirse también en un negocio de primer nivel.

Mujeres al frente del proyecto
Otro de los rasgos distintivos de la franquicia está en su dirección. Jess Smith ocupa la presidencia, Ohemaa Nyanin es la directora general y Natalie Nakase dirige al equipo desde el banquillo. Tres mujeres en puestos de máxima responsabilidad que han participado en la construcción de un proyecto que ya ha alcanzado la cima de la WNBA.
El equipo ha demostrado que el éxito no llega únicamente con grandes estrellas, sino también con planificación, inversión, liderazgo y una apuesta decidida por crear una comunidad. Su campeonato es la prueba deportiva de ese modelo y sus cifras la confirmación de que el potencial del deporte femenino va mucho más allá de la pista.
