La noche de Halloween guardaba un último giro de guion en San Francisco. Después de seis partidos sin que ninguno de los dos equipos lograra imponerse definitivamente, las Golden State Valkyries y las Atlanta Dream se jugaron el anillo en un séptimo encuentro que ya era histórico antes de empezar. El Chase Center, vestido de gala para la ocasión y con 18.064 espectadores en sus gradas, asistió a un desenlace a la altura de la serie: las locales vencieron por 68-63 y pusieron el broche de oro a una conquista que parecía impensable hace apenas dos temporadas: su primer anillo ya es una realidad.
Una noche de suspense
El primer anillo de las Golden State Valkyries tuvo que sudarse hasta el último segundo. Atlanta Dream no había viajado a San Francisco para ejercer de invitado en la fiesta y salió dispuesta a aguarla. Las visitantes llevaron la iniciativa durante buena parte de la primera mitad y se marcharon al descanso con seis puntos de ventaja. Jordin Canada, con 18 puntos, y Allisha Gray, con 16, lideraron la resistencia de un equipo que quería prolongar su sueño hasta el último momento. A las locales les tocaba reaccionar si no querían ver cómo se escapaba una oportunidad histórica ante su público.
La respuesta tuvo nombre y apellidos: Gabby Williams. La jugadora de Golden State, que apenas había sumado dos puntos antes del descanso, cambió por completo el rumbo del encuentro. Su tercer cuarto fue demoledor, con 15 puntos que devolvieron a las Valkyries a la pelea y encendieron el Chase Center. La estadounidense no levantó el pie del acelerador en el último periodo y terminó firmando una actuación memorable de 30 puntos, tres rebotes y dos asistencias. Su acierto exterior y su capacidad para asumir la responsabilidad en los momentos calientes terminaron inclinando una final que se resistía a encontrar dueñas.
Atlanta no bajó los brazos y llegó a igualar el marcador a 57 puntos a falta de 2:41. Sin embargo, Williams respondió con un triple de larguísima distancia que puso de nuevo por delante a las suyas y abrió el camino hacia el título. Kiah Stokes también apareció en el momento decisivo, mientras Veronica Burton se encargó de cerrar la noche desde la línea de tiros libres. Las Dream tuvieron una última oportunidad para forzar otro giro de guion, pero las Valkyries resistieron. El 68-63 ya era definitivo: el Chase Center tenía nuevas campeonas.

Siete capítulos inolvidables
Lo que comenzó como una batalla por el primer anillo de dos franquicias terminó convirtiéndose en una de las series más emocionantes que ha vivido la WNBA. Golden State Valkyries y Atlanta Dream necesitaron siete encuentros para resolver unas Finales que ya tenían un lugar reservado en la historia antes del último salto inicial. Nunca antes el campeonato había llegado a un séptimo partido, una muestra de la igualdad que presidió una eliminatoria en la que ninguno consiguió imponer su autoridad durante demasiado tiempo.
El camino hasta el desenlace tuvo de todo. Las Valkyries golpearon primero, pero Atlanta respondió llevándose los dos siguientes encuentros. Lejos de acusar el golpe, las de San Francisco recuperaron el pulso con dos victorias consecutivas, que las dejó a un solo triunfo de la gloria. Sin embargo, cuando parecía que el título estaba decidido, Atlanta se negó a despedirse y se llevo el sexto encuentro para devolver toda la presión a sus rivales.
El séptimo capítulo fue el broche a una serie que tuvo emoción, alternativas y una exigencia máxima en cada pista. Las Dream obligaron a las Valkyries a ganarse el campeonato hasta el último instante, pero las californianas terminaron imponiendo su ley ante su público. Más allá del resultado, ambas franquicias dejaron una eliminatoria para el recuerdo y un desenlace que ya forma parte de la historia de la competición.

El fenómeno Valkyries
El éxito de las Golden State Valkyries no se mide únicamente por lo que han conseguido sobre el parqué. En apenas dos temporadas, la franquicia ha pasado de ser un proyecto de expansión a convertirse en una referencia del deporte femenino mundial. Su crecimiento también se ha trasladado a los despachos: han superado los 100 millones de dólares de ingresos anuales, una cifra sin precedentes para un equipo profesional femenino, y su valoración ha alcanzado los 1.000 millones. Unas cifras que reflejan hasta dónde ha llegado un proyecto que apenas acaba de comenzar su camino.
Pero detrás de los números hay algo todavía más importante: la comunidad que han conseguido construir. Las Valkyries han llenado el Chase Center en todos sus partidos como locales durante sus dos primeras temporadas, con más de 794.000 espectadores acumulados desde su debut. Su afición ha convertido cada encuentro en una celebración que trasciende el baloncesto y ha dado identidad propia a una franquicia que ha sabido conectar con toda la Bahía de San Francisco. No se trata únicamente de acudir a ver un partido, sino de sentirse parte de algo que está creciendo.
Ahora, ese sentimiento tiene un motivo más para perdurar. El primer anillo ya está en sus vitrinas y las Valkyries han demostrado que no han llegado a la WNBA para ser una franquicia más. En solo dos años han levantado un campeonato, han roto barreras comerciales y han creado una identidad reconocible. Su historia acaba de empezar, pero ya tiene un lugar reservado entre los grandes proyectos del deporte femenino.

