La entrevista emitida en I ara què? reúne a dos de las figuras más destacadas del fútbol femenino actual, Mapi León y Kika Nazareth, en una conversación marcada por la naturalidad, el humor y las confesiones personales. Bajo la conducción desenfadada de Silvia Abril, el diálogo avanza entre bromas, recuerdos y reflexiones que permiten descubrir una faceta más íntima de ambas futbolistas.
Lejos del tono rígido de las entrevistas tradicionales, el programa crea un ambiente relajado en el que las jugadoras hablan con sinceridad sobre sus primeros pasos en el fútbol, las dificultades del deporte profesional, la presión de competir al máximo nivel y el papel que han adquirido como referentes para nuevas generaciones. Entre anécdotas y declaraciones espontáneas, la conversación también deja espacio para temas de mayor profundidad, como la desigualdad en el fútbol femenino, la importancia de los valores personales y el impacto social que tiene hoy el deporte practicado por mujeres.
La pasión temprana de Mapi
Para Mapi León, el fútbol no fue una afición pasajera, sino una pasión que apareció desde la infancia. La defensa del Barça recuerda una niñez marcada por el balón y por unas ganas constantes de jugar. “Me encantaba, llevaba la pelota todos los días al colegio”, explica, evocando cómo repetía insistentemente en casa: “La pelota, la pelota, la pelota”.
Detrás de esa energía también había inseguridades. La futbolista reconoce que, de pequeña, convivía con el miedo a equivocarse: “Desde chiquitita me ha dado mucho miedo no saber hacer las cosas”. Una confesión que contrasta con la personalidad firme que transmite hoy sobre el césped.
Su llegada a un equipo de fútbol se produjo casi por azar. Mapi recordó que todo comenzó mientras jugaba con su hermano en un supermercado, dando vueltas con el carro, cuando un hombre desconocido se fijó en ella y le propuso probar en un equipo. “Un hombre que no había visto en mi vida me dijo que jugaba bien y que quería que fuera a probar con su equipo”, explicó la futbolista. A partir de ahí empezó en el fútbol sala y más tarde dio el salto al fútbol de césped. “Probé, me gustó, y ahí fue todo”, resume Mapi sobre un momento que terminaría cambiando su vida.
Su historia refleja el camino de muchas futbolistas de su generación, que crecieron sin grandes estructuras deportivas ni referentes visibles, impulsadas únicamente por la pasión por jugar.
Sin embargo, la experiencia de Kika Nazareth fue diferente. La portuguesa pertenece a una generación que ya creció con más referentes y mayor visibilidad para el fútbol femenino, aunque comparte con Mapi la pasión temprana por el deporte y la admiración por quienes abrieron camino antes que ella.

El sacrificio de la élite
Detrás de los títulos y el reconocimiento, la rutina de Mapi está marcada por la disciplina y el esfuerzo constante. La jugadora del FC Barcelona resume así su día a día: “Entreno cada mañana una hora y media… trabajo de lunes a domingo”. Una realidad que refleja el nivel de exigencia física y mental que implica competir en la élite.
Ese compromiso absoluto también tiene consecuencias fuera del campo. “La vida social se ve bastente reducida”, reconoce la defensa azulgrana, consciente de que el fútbol termina condicionando gran parte de la vida personal.
Mapi recuerda además una etapa no tan lejana en la que el fútbol femenino todavía no permitía vivir exclusivamente del deporte. “Trabajaba en un colegio porque no podía dedicarme solo al fútbol”, explica, evidenciando las dificultades que atravesaron muchas jugadoras antes de la profesionalización del sector.
Pese a los sacrificios y las renuncias, la futbolista asegura que la pasión sigue intacta. “Es maravilloso, absolutamente maravilloso”, afirma, dejando claro que el amor por el juego continúa siendo su principal motor.
La revolución del fútbol femenino
Durante la entrevista, León reflexiona sobre uno de los grandes debates del deporte actual: la desigualdad entre el fútbol masculino y femenino. La central deja claro que la discusión no debe centrarse únicamente en los salarios. “No hemos dicho queremos cobrar lo mismo, sino que se valore el esfuerzo y que haya inversión”, explica.
Más allá del aspecto económico, la futbolista insiste en la necesidad de seguir construyendo estructuras profesionales sólidas. “Necesitas profesionalizar el deporte, hacer una inversión”, afirma, en referencia a mejores recursos, estabilidad y visibilidad para las jugadoras.
Mapi también pone en valor el enorme cambio vivido en los últimos años. “Las nuevas generaciones quizá no saben lo que era antes”, comenta, recordando una etapa en la que el fútbol femenino contaba con muchas menos oportunidades y reconocimiento.
Sus palabras reflejan cómo el crecimiento actual del fútbol femenino es consecuencia del trabajo y la lucha de muchas futbolistas que impulsaron cambios dentro y fuera del campo.
La presión de jugar en el Barça
Formar parte del Barça implica mucho más que competir al máximo nivel. “La responsabilidad que conlleva el escudo del Barça es enorme”, afirma Mapi. La defensa explica que el club exige una idea de juego muy concreta, incluso en posiciones defensivas. “Yo, que soy central, muchas veces veo que se despeja el balón… aquí no, aquí tienes que jugar”, comenta.
Ese estilo tan definido provoca que no todas las futbolistas encajen fácilmente. “No es porque no sean buenas, sino porque el estilo es muy concreto”, añade.
Kika Nazareth, que llegó al vestuario azulgrana admirando a muchas de sus compañeras, reconoce el impacto que le produjo compartir equipo con ellas. “Yo crecí mirándolas, eran referentes para mí”, explica. Incluso admite que al principio le costó asumir esa nueva realidad: “Al principio era como… estoy aquí con ellas”.

Un vestuario convertido en familia
Más allá del talento individual, ambas futbolistas destacan la importancia del grupo dentro del vestuario. Para Mapi, la conexión emocional entre compañeras resulta fundamental: “Cuando el equipo se lleva bien, lo sientes como tu familia”.
Esa unión se refleja también dentro del campo. “Si pasa algo, tú vas a defender a tu compañera como si fuera tu familia”, asegura.
Kika comparte esa visión y destaca el ambiente que encontró al llegar al Barça, especialmente por la convivencia entre jugadoras veteranas y jóvenes.
Referentes para nuevas generaciones
Tanto Mapi como Kika son conscientes del impacto social que tiene hoy el fútbol femenino. Mapi destaca especialmente un cambio que considera muy significativo: “Lo más bonito es cuando los niños te dicen que eres su jugadora favorita”.
Kika Nazareth representa precisamente esa nueva generación de futbolistas que ya ha crecido viendo mujeres triunfar en la élite. Su presencia en el Barça y su popularidad reflejan cómo el fútbol femenino ha conseguido ganar espacio dentro y fuera del deporte.
Valores por encima de fútbol
Uno de los momentos más profundos de la entrevista llega cuando León reflexiona sobre las decisiones personales y la importancia de mantenerse fiel a ciertos valores. “Representar a mi país es una de las cosas más maravillosas que hay”, asegura. Sin embargo, también admite que existen situaciones que van más allá del deporte: “A veces tienes que pensar en otras cosas más importantes que el fútbol”.
La futbolista reconoce además el desgaste emocional que generan algunas decisiones públicas. “Te pueden afectar los palos que te dan”, comenta, aunque deja clara su postura: “Quiero que me respeten y que valoren mi trabajo”.
Kika muestra admiración por esa firmeza. “No sé si yo tendría la capacidad de hacer eso”, admite la portuguesa, dejando ver el respeto que siente hacia jugadoras que han asumido posiciones importantes dentro y fuera del campo.

Mucho más que deporte
La entrevista deja claro que el fútbol femenino ya no puede entenderse únicamente desde la competición. Entre títulos, presión, reivindicaciones y cambios sociales, tanto Mapi León como Kika Nazareth representan una generación de futbolistas que ha transformado el deporte.
Quizá por eso una de las frases que mejor resume toda la conversación sea la de la propia Mapi: “El fútbol no es solo fútbol, es todo”.
